Creer en el día del juicio y en el más allá

Aunque todos sabemos que vamos a morir (mañana o dentro de 60 años), la mayoría de nosotros atraviesa lo que conocemos como crisis de la mediana edad. Empezamos a darnos cuenta de que la vida va llegando a su fin y que este mundo no es nuestra residencia eterna. Un refrán árabe dice: “Lo que vaya a suceder en el futuro, está sin embargo muy cerca”. Mientras esté en el camino, sucederá. Para aquellos de nosotros que aún somos muy jóvenes, dentro de 10 o 20 años seguro que sufriremos nuestra propia crisis de mediana edad. La cuenta atrás empezó el día en que nacimos. Así que… ¿cómo es de importante para nosotros creer en el Más Allá? Sin la creencia en el Más Allá, esta vida se transforma en un infierno o sería como vivir una mentira.

A medida que nos hacemos mayores, tendemos a buscar la soledad en el aislamiento. Nos damos cuenta de que nadie es un amigo verdadero. No porque sean perjudiciales sino porque mueren y nos abandonan, y nosotros también les abandonamos. No podemos aferrarnos a ellos aunque queramos. No pueden satisfacer nuestras necesidades. Si estoy muriendo, incluso si mi padre quisiera salvarme, simplemente no podría. Aquellos a los que una vez estuvimos unidos y amamos han fallecido. No me refiero solamente a otras personas: mi infancia se ha ido; todo a lo que estábamos unidos se ha ido incluidos nuestros juguetes, dinero, carreras, prestigio, etc. El dolor de la separación se encuentra en cada momento de nuestras vidas puesto que constantemente lo estamos experimentando. No es solo el momento de la separación mortal de este mundo, pero en lo que se refiere al ayer, acabo de sufrir ahora mismo una separación.

Reconocer y valorar esta separación continúa e inevitable es importante. Es notable cómo tendemos a olvidar la realidad de la vida ignorando la inevitabilidad de la separación. El ayer se ha ido y no hay forma de recuperarlo. Sin embargo, constantemente se nos dice de forma popular que no pensemos en el ayer con el fin de evitar el sufrimiento, y pensar en un brillante futuro y hacer planes felices, etc. Siempre tenemos un nuevo plan: disfrutar la vida, estudiar una carrera, caminar por la vida, disfrutar la jubilación, etc. ¿Y entonces qué? ¡La muerte por supuesto! Y aún así no queremos hablar de ella. A cada momento estamos siendo separados del momento anterior lo que debería recordarnos que somos seres temporales en esta vida. Estamos experimentando la muerte a cada instante.

Sobre la pérdida de nuestros seres queridos, no lloramos solo porque se han marchado. Sí, es duro admitir que se han ido. La verdadera pena sin embargo se debe al recuerdo de que yo moriré igualmente. Es una realidad del alma que no quiere experimentar la muerte, si entendemos la muerte como el final de la vida. El sentimiento insoportable cuando alguien fallece sirve para hacernos entender que no estamos creados para una vida limitada. Mi rechazo a la vida no eterna es una prueba de que hay una existencia eterna. Todo lo que sabemos, lo aprendemos de nuestra experiencia. Incluso nuestra imaginación está basada en las cosas que vivimos. Nada de lo que vemos es eterno. Así que…¿dónde hemos aprendido algo llamado eternidad? ¿De dónde hemos obtenido el sentimiento de añoranza de la eternidad? ¿Quién nos enseñó este sentimiento?

Cuando pensamos en la eternidad, asociamos todas las cosas bellas de este mundo con ella. Uno de los Atributos Divinos de Dios es el Eternamente Hermoso (Al – Jameel). Todo en este universo proviene de una fuente que es el Eternamente Hermoso. Esta añoranza por la eternidad es una evidencia del Más Allá. De ahí que cuando leemos una Escritura que habla del Más Allá lo relacionamos inmediatamente. Confirma nuestros sentimientos. Por eso el Corán dice: “Os hemos dado pruebas en vosotros mismos”. Esta es una de las pruebas sobre Dios y el Más Allá que Dios ha colocado en nuestros seres para confirmar la verdad. No podemos ver aquí el Más Allá, pero racionalmente podemos deducirlo y sentirlo con las otras facultades que poseemos.

Aquél que nos creó es el Más Sabio y el Más Misericordioso. Este mundo fue creado para mostrarnos los Atributos del Creador. Como tal, no vemos ni una sola acción de la creación que no tenga sabiduría y piedad. Si somos invitados a una casa, y el anfitrión nos ha preparado una deliciosa comida, un lugar confortable y todo lo que necesitamos para disfrutar, ¿llegaríamos a la conclusión de que el anfitrión es una mala persona? Tenemos todos los indicios en el universo de que El es Sabio, Piadoso, conoce nuestras necesidades y deseos, y nos los proporciona. Cuando vamos haciéndonos mayores, la carga de la vida se hace más y más pesada. Sentimos nuestra debilidad y pobreza más que nunca. Así que el Creador nos está diciendo que nos está preparando un mundo libre de estos problemas.

Debemos preguntarnos ¿Quién nos ha traído aquí? Quienquiera que nos trajo aquí lo ha dispuesto todo para nosotros. Estamos seguros porque lo experimentamos. Tan pronto como nacemos, el pecho de la madre está lleno de nutritiva leche para nosotros. No tenemos poder para pedirlo, reclamarlo, pues ya está listo. Estamos bañados por la compasión de nuestros padres. Si nos ignoran (usando su libre albedrío y ocultando su espejo para no reflejar los Atributos de Dios como el de Todo Misericordioso), otras personas nos verán y no podrán evitar mostrar compasión por nosotros. Necesitamos más compasión cuando somos más débiles como un bebé o una persona anciana. En cierta forma, Dios nos muestra que es el Único que nos ha dado el mejor trato como bebés, y El es el Único que nos arrancará de este mundo. Nos convierte en bebés (necesitados de ayuda) de nuevo cuando nos hacemos mayores, y entonces nos lleva de vuelta a la compasión. ¿Por qué estamos felices cuando nos trae aquí, y nos rebelamos cuando nos recoge?

Quien crea la vida crea la muerte. La vida y la muerte son ambas importantes. La vida y la muerte están creadas con un propósito. Debido a nuestro gaflah (negligencia, olvido), a no darnos cuenta de la realidad de nuestra vida aquí, no pensamos que Aquél que nos trajo a este mundo nos haga morir. Erróneamente vemos la muerte como la falta de algo (la vida). Como si tuviera gafas (vida), las pierdo y no las poseo. Sin embargo, la vida se nos dio cuando no había nada; ahora es tomada para ser reemplazada por gafas de sol (o por otra clase mejor de gafas). Podríamos argumentar que El no tiene que llevárselas (protestar como un niño: quiero mis gafas). Esta es nuestra percepción equivocada. Cuando alguien nos da dinero, enseguida estamos felices y exclamamos: “Justo a tiempo!! Este regalo me ha sido otorgado cuando más lo necesitaba”. Las acciones de Dios, mientras yo tenía las gafas, eran compasivas y sabias. Desde el nacimiento, hemos estado constantemente colmados de bendiciones. Y aún así pensamos que la vida es una de nuestras posesiones y vivimos como si no nos hubiera sido concedida. No tenemos en cuenta al Dador. De hecho, ni siquiera podemos decir “Vivo”. Estoy hecho vida, se me ha dado esta vida. ¿Podemos reclamar alguna de nuestras facultades? Ni siquiera hemos tenido cuidado de cómo y cuándo se nos han dado. Así que cuando El nos quita las gafas, no podemos decir que Dios nos está castigando. Es un error de percepción y una falta de respeto a Aquel que nos ha dado el regalo y lo sustituye por uno mejor! Dios aún es Misericordioso y Sabio y ya lo era cuando nos bendijo con nuestra vida. No vemos nada en la creación que no tenga sentido o carezca de sabiduría. En Ayatul Kursi (Corán 2:255) se menciona que Dios no duerme ni por un segundo. ¿Hemos visto que el Universo no funcione de forma adecuada ni siquiera por un segundo? ¿Algún descuido en la creación? Por tanto estamos equivocados al interpretar la “creación de la muerte” como algo negativo.

A través de la adoración y la fe, hacemos que nuestras vidas cobren sentido y nos preparamos para enfrentarnos a la muerte. Creer significa darse cuenta de que quienquiera que me trajo aquí es sabio y misericordioso. La muerte no es aniquilación. Poner algo en mi cuerpo es una acción activa, y con un propósito, como es la muerte. La muerte es una creación deliberada. Necesitamos entrenar nuestro conocimiento para darnos cuenta de que la muerte es una creación. Cuando nace un bebé, todo el mundo felicita a la familia. Sin embargo, esto no sucede cuando alguien fallece, porque como dijimos anteriormente, Dios nos ha creado para que no nos guste la muerte igualmente con un propósito. Nuestro desagrado por la muerte y la inexistencia provoca en nosotros la esperanza de la eternidad.

Existe un orden y diseño muy consciente en este mundo que nos hace darnos cuenta de por qué estamos aquí. Todo es un portavoz de mensajes. Nos trae un mensaje del Transcendente. La creencia y la adoración nos enseñan los Atributos de Dios y nos hace felices respecto al mundo que está por llegar.

Podemos hablar de muchos signos o evidencias para la existencia del Más Allá. La primera son los mensajeros. En la historia de la humanidad siempre ha habido mensajeros. A todos se les ha dado noticias del Más Allá; que seremos llevados allí según las promesas del Creador. El primer profeta fue Adán (la paz sea con él). Es hermoso que el primer hombre fuera un profeta. ¡Todos nosotros somos descendientes de un profeta! La primera promesa de eternidad podemos encontrarla en las Escrituras y en los mensajes de los Profetas. La segunda promesa de eternidad se encuentra en nuestro interior: nuestro deseo por la eternidad. Incluso así, los que se dedican a hacer el mal no quieren creer en el Más Allá porque no quieren rendir cuentas de sus acciones. El testimonio de la resurrección sucede constantemente en este mundo. El ayer se ha ido, el hoy es algo nuevo. El último minuto se ha ido y este minuto es creado. Los árboles perecen en otoño, pero renacen en primavera.

Percibir la muerte como un problema es nuestro error. Si alguien nos rodea con su brazo como símbolo de amistad y si lo vemos como si nos estuviera haciendo llevar su brazo sobre nuestro hombro, esto sería nuestra errónea interpretación y nuestra pérdida. En lugar de apreciar Su amistad, elegimos estar enfadados o tristes. El origen del problema está en nuestra actitud de arrogancia e ignorancia. Debemos reconocer nuestra realidad de haber sido creados por el Único que es absolutamente misericordioso.

Por ejemplo, pedir perdón, de algún modo, aliviar nuestra arrogancia, es fuente de felicidad. Nos relaja, por eso es por lo que salam significa paz y sumisión: están estrechamente relacionados. Nuestras expectativas puede que no siempre coincidan con los planes de Dios, así que puede que nuestros deseos no se hagan realidad, porque Dios no designó nuestros deseos como ingeniero del universo (y gracias a Dios por eso!!). Después de la confirmación (tasdiq) de que es el Todo Sabio, el Todo Misericordioso, sometemos nuestra mente y deseos a la voluntad de Dios. Pedir perdón es en sí mismo creencia y nos produce paz interior, y solo alguien que se somete a Dios está bendecido con la humildad para implorar perdón.

La esperanza del Paraíso (p.ej. la piedad de Dios) contiene el paraíso en sí: este sentimiento nos trae una paz interior instantánea (p.ej. Paraíso). Si creemos sinceramente que Dios es compasivo, pedimos perdón y le pedimos el Paraíso. El Paraíso es la semilla de la fe. Los no creyentes, los que no creen en Dios, esperan morir y dejar de existir. Esto es vivir un infierno, aquí y ahora. Así pues, todo el mundo construye y comienza a vivir su paraíso y su infierno en esta vida. Creer en el Creador compasivo y sabio es vivir el Paraíso, tener fe en el caos y la vida sin sentido es un estado infernal de mente y corazón.

— Dr. Eren Tatari (Author of: Sumision a Dios)

Traducido por Yolanda Sanchez Martinez (yosamar@hotmail.com)

 

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