Compasión Libre de Prejuicios

Nuestro ego está programado para hacernos sentir y pensar como si existiéramos independientes de un origen, por ejemplo como si fuéramos nuestro propio Señor. Inevitablemente, esta visión arrogante y egocéntrica nos hace mirar a los demás por encima del hombro y juzgarles a diestro y siniestro…No podemos deshacernos de esta vanidad diciéndonos “debo ser humilde porque ser humilde es bueno”. El cambio exterior solo puede llegar a través de una transformación interior. Reconocer nuestra realidad – siervos (abd) dependientes al 100% del Creador para crear, alimentarnos y adornarnos – nos hace externa e internamente humildes. Tener una perspectiva egocéntrica frente a una perspectiva centrada en Dios determina cómo miramos a los demás e interactuamos con ellos. Cuando vemos un defecto o error en alguien, ¿Cómo respondemos? ¿Nos apiadamos de ellos desde nuestros supuestos sublimes estados de ser? ¿Les juzgamos junto al resto de infractores? ¿O simplemente reconocemos que tienen fallos igual que nosotros? Ellos también cometen errores constantemente como nosotros… ¿y sale de nuestros labios un sentimiento de compasión rezando a Dios para que les ayude también igual que a nosotros? ¿Cuál es la respuesta correcta cuando vemos que alguien se equivoca?

Podemos contestar estas preguntas examinando esta analogía. Cuando ves a una persona que tose de forma severa, ¿qué haces para ayudarle?

  1. ¿Te enfadas con esa persona porque está tosiendo?
  2. ¿Cubres su boca con tu mano?
  3. ¿Le pides que no tosa?
  4. ¿Le das algún medicamento para que deje de toser?
  5. ¿Crees que toser es bueno porque es un síntoma que nos deja ver que algo va mal en el cuerpo?
  6. ¿Llevas a esa persona al médico para que le diagnostiquen la causa de este síntoma?

Deberíamos alegrarnos de que el síntoma esté ahí y actuemos inmediatamente llevando a esa persona a un especialista. Cuando te enteras de que una persona tiene bronquitis, ¿qué haces?

  1. ¿Acabas con la vida de la persona?
  2. ¿Te enfadas con esa persona?
  3. ¿Le abres el pecho, le quitas los pulmones y los tiras?
  4. ¿Le dices a esa persona que hay una medicina para esa enfermedad y le das esperanza?
  5. ¿Empiezas el tratamiento dándole toda la medicina de una vez?
  6. ¿Le das la medicina tal y como está prescrita por el especialista?

La respuesta debería ser obvia: decirle a la persona que no se preocupe y que solo tiene que seguir las instrucciones. Ahora vamos a aplicarlo a otro contexto. Crees que el mensaje del Corán es cierto. Ves a una persona beber alcohol. ¿Qué haces para ayudar a esta persona?

  1. ¿Te enfadas con esa persona porque está bebiendo alcohol?
  2. ¿Le quitas el vaso de vino?
  3. ¿Le dices que no beba?
  4. ¿Empiezas a recitar aleyas importantes del Corán donde se prohíbe beber alcohol?
  5. ¿Crees que es una señal de que esta persona no está convencida de que debería seguir el mensaje del Corán?
  6. ¿Hablas con esta persona para averiguar si conoce el mensaje del Corán?

Deberíamos alegrarnos de ver el problema ahí y actuar inmediatamente: llevarle a un especialista. Cuando te enteras de que una persona no conoce el mensaje del Corán ¿qué haces?

  1. ¿Acabas con la vida de esa persona?
  2. ¿Te enfadas con esa persona?
  3. ¿Declaras que esa persona es un no creyente y le pides que abandone la comunidad musulmana?
  4. ¿Le dices a esa persona que hay una buena razón por la que debería seguir el Corán y empiezas una relación de amistad con esa persona?
  5. ¿Le dices “somos musulmanes, el Corán es nuestro Libro Sagrado, debemos poner en práctica nuestros deberes religiosos; si no caeremos en el Fuego del Infierno en el Más Allá”?
  6. ¿Le das la oportunidad de aprender para qué es la existencia, lo que significa ser un ser humano en la Tierra y quién es realmente Dios? ¿Ayudamos a esa persona a saber por qué Dios envía Profetas, lo que es la religión en realidad, lo que nos ofrece el mensaje del Corán y por qué no deberíamos beber alcohol?

La respuesta está clara: dile a la persona que no se preocupe; las respuestas a todas estas preguntas nos han sido concedidas. Pero el problema permanece ahí – ¿tenemos la respuesta a estas preguntas o solo decimos: “En nuestra religión, beber alcohol está prohibido; obedece a Dios y a Sus Profetas, y entonces estarás a salvo”? Esto son reclamos sin prueba alguna. Si no conocemos las respuestas a estas preguntas entonces primero debemos educarnos a nosotros mismos con las enseñanzas del Corán y del Profeta, y solo entonces podremos ayudar a los demás. Si intentamos a ciegas realizar un cambio religioso en esta persona, seguramente acabaremos con ella. Sin embargo, podemos llevar a esta persona a un especialista (alguien que tenga una sabiduría considerable del paradigma del Corán) y asegurarnos de que el especialista tiene las respuestas.

Debemos estudiar el Corán como fuente de las respuestas a las dudas existenciales. Una vez que hemos empezado a prestar atención a este aspecto del Corán, nos daremos cuenta que de la mayoría de sus aleyas tratan de los derechos fundamentales de la fe.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

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