Signos en la Creación

“Y no hemos creado los cielos y la Tierra y lo que entre ambos hay para jugar. No los creamos sino con la verdad, sin embargo la mayoría de ellos no sabe” (Corán 44:38-39)

Estas dos aleyas reflejan muchos otros sentimientos en el Corán. Es contradictorio aspirar a ser más religioso mientras ignoramos el mundo visible en que vivimos: la creación. Las cosas creadas no representan la verdad en su totalidad ni de forma precisa, pero son manifestaciones de los atributos del Creador. Las creaciones deben haber sido creadas, por lo que no pueden ser parte del Creador, pero sí pueden mostrar Sus Atributos. Cuando pensamos en un cuadro, no vemos más que un trozo de tela y pintura. El arte se manifiesta en ello. El arte no es el artista, pero señala las cualidades del mismo. Debemos hacer una distinción clara entre arte y artista.

La verdad nunca cambia; siempre que el arte esté ahí, las manifestaciones de los atributos del artista también lo estarán. La Verdad es innata en la creación, sin la cual no habría creación. La mayoría de la gente pregunta por qué, pero también tenemos que preguntar cómo existen las cosas. Cuando salimos ¿sentimos asombro? Este mundo es como una sala de exposiciones, donde se muestran las millones de obras de arte que Dios crea. El universo está creado para que nos demos cuenta del Creador. Así que, el objetivo y resultado de los avances científicos deben aumentar nuestra admiración por Dios.

De igual modo, cuando reflexionamos sobre nuestra existencia, llegamos a entender más las creaciones de Dios. Decimos que somos seres humanos, pero ¿qué quiere decir eso realmente? Necesitamos experimentar la Verdad. Por eso estamos aquí. Por eso comemos, respiramos, vivimos, trabajamos, caminamos y dormimos. El mundo en sí es masjid (un lugar de adoración). Todos buscamos el significado de la vida, y nos volvemos hacia la religión cuando no estamos satisfechos con el mundo transitorio. La Verdad está a nuestro alrededor – se muestra tanto a través del mundo visible del que formamos parte, como a través de nuestra búsqueda intuitiva del significado.

El Islam no hace rituales, sino que más bien, toda nuestra vida es un ritual. Nuestra vida es completa y no puede dividirse en compartimentos entre lo religioso y lo mundano. Practicamos nuestra religión en este mundo, sin cerrar nuestros ojos e imaginando cualquier cosa de otro mundo. Esta es la religión del Creador. Este mundo ha sido creado solo para que nos demos cuenta de esto. Tanto si nos damos cuenta como si no, todo el mundo ha nacido en el Islam, y perecerá en él. El Corán no nos pide que abandonemos este mundo con el fin de ser más espirituales. Podemos adorar a Dios en cualquier momento, en cualquier lugar. Podemos dar gracias a Dios no solo en la mezquita, sino también en la calle o el mercado. La religión de Dios es de este mundo y no algo imaginario. Los rituales no dividen nuestra vida; al contrario, son el resumen de nuestra vida diaria. Cuando rezamos, es makruh (de desagrado) cerrar los ojos porque el Islam se basa en la vida real y no existe en la imaginación.

26 de las 114 suras del Corán tienen el título de cosas de este mundo1. Hay 337 aleyas que se refieren a alguna forma de creación como signo de Dios. Algunas aleyas del Corán establecen la relación entre la revelación oral (las Escrituras) y la revelación por acción (creación)2. Cuando se estudian estas aleyas, es importante prestar atención a su contenido y al método del Corán.

¿Qué sentido tiene mirar al sol y la luna (objetos de la creación), y llegar a la conclusión, “no me gusta lo que se acaba”, como hizo el Profeta Abraham? Necesitamos examinar el Corán y el universo de forma simultánea, incluso si no es una tradición común hacerlo hoy en día entre los musulmanes. Históricamente, los eruditos islámicos no se centraban en la creación, y los científicos musulmanes que estudiaron la creación no se centraron en el Corán. Para comprender el mundo de Dios y su finalidad, debemos estudiar tanto el Corán como la creación de manera conjunta. No estudiamos la creación por su naturaleza. Estudiamos biología, por ejemplo, para investigar sobre los detalles de la creación. El último objetivo de su observación, contemplación y análisis en buscar lo que hay más allá de la creación, o los significados tras nuestras observaciones. El sol no satisfizo al Profeta Abraham porque establece y pierde su influencia. Así que, exclamó que no le gustaba lo que se establecía o perecía. Algunos eruditos concluyeron que la actitud de Abraham y su conclusión eran racionales, pero el Corán retrata que es una actitud emocional. Nuestra relación con la creación debe ser humana, del modo en que las facultades humanas de racionalidad y emotividad determinen la relación del hombre con el mundo.

Sin duda, en la creación de los cielos y de la Tierra, en la alternancia de la noche y el día (con sus periodos de alargamiento y acortamiento) en la embarcación que navega en el mar siendo de utilidad a la gente, en el agua que Dios hace caer desde el Cielo con la que revive la tierra después de haber estado muerta, en cómo ha diseminado en ella toda clase de criaturas vivas y en Su disposición de los vientos, y las nubes sometidas entre el Cielo y la Tierra; en verdad que se dan signos (que demuestran que El es el Dios Único que merece ser venerado y el Único Refugio y Auxilio) para la gente que razona y entiende” (Corán 2:164)

Hay muchas aleyas en el Corán que llaman nuestra atención sobre el modo en que las cosas son creadas. Por ejemplo, en esta aleya en particular, se nos aconseja prestar una atención extra a la relación entre los cielos y la Tierra. Mientras estudiamos la revelación de la creación, debemos observar el modo en que las cosas llegan a existir. Esto es cierto si se trata de las olas del mar o de las ondas de la radio, usando las leyes de la creación que Dios nos preparó para dicho fin.

La aleya menciona los cielos, la tierra y las embarcaciones. Las nubes y las olas para que el barco flote son creadas para nuestro beneficio. Dios entonces nos ordena centrar la atención en todas estas cosas para conocerLe. Fácilmente podemos concluir que la creación es un milagro y que no podemos haber llegado a existir de forma accidental, pero no es suficiente por sí sola. Decir que el universo tiene un Creador es necesario, pero para vivir en este mundo como un abd (siervo de Dios) debemos estar en contacto con la creación, tomando signos de la creación para vivir en presencia de Dios. La creación no está ahí solo para que nosotros lleguemos a la conclusión de que hay un Creador. En nuestro contacto diario con la creación debemos constantemente reafirmar y renovar nuestras creencias.

Cada uno de nosotros necesita llegar a la conclusión: necesito tener en consideración mi relación con el Creador en cualquier contacto con Su creación. Nuestros sentidos del gusto, vista y tacto son mensajes de nuestro Creador hacia nosotros. Todo es un signo para nosotros para asegurar nuestro estatus como abd. Es tradición en el Cristianismo y el Judaísmo mirar la creación y concluir que hay un Creador. En el Corán vemos que la fe en Dios no es una afirmación estándar. No es como si confirmáramos y clamáramos nuestra fe en Dios una sola vez y obtuviéramos una etiqueta de musulmán sin ninguna otra obligación. Nuestra relación con la creación es continua, por lo que requiere una continua reconfirmación de nuestra fe.

Cuando los musulmanes olvidan el principio de que el Islam es un modo de vida, entonces el Islam empieza a ser visto como una lista que incluye lo que se debe hacer y lo que no, y que abarca tu vida. Por el contrario, el Islam envuelve y guía nuestra vida, pero este es el segundo aspecto del Islam llamado muamalat. La mayoría de las aleyas en el Corán nos enseñan que debemos vivir con nuestra fe en Dios constantemente renovada a través de la creación. Cada estación es una nueva manifestación de Dios. La fe no es una confirmación de un solo momento. Tenemos que vivir nuestra fe. No es difícil ser musulmán, pero sí lo es permanecer musulmán. Requiere una confirmación continua para ser un creyente. Debemos interpretar cada hecho al que nos enfrentamos según nuestras creencias y las pruebas que vemos en la creación. No podemos solo decir: “creo en la existencia del Creador”. Esto es únicamente un comienzo. Hay un Creador, pero ¿quién es ese Creador? Tenemos que ser conscientes de los atributos de ese Creador. Esto no significa que tengamos que memorizar los 99 Atributos de Dios; en su lugar, tenemos que vivirlos.

Cada acontecimiento manifiesta los Atributos de Dios. Hemos de confirmar que la ceración es hermosa, creada con sabiduría, en perfecto orden y equilibrio. Una flor es creada como resultado de la Sabiduría Absoluta; está preparada con compasión para nosotros. Comemos un postre y pensamos, “ha sido preparado para mí de forma deliberada; me están cuidando. Tengo un Señor que sustenta mi existencia, cuida de mis necesidades y me trata bien”. Esta consciencia debe vivirse continuamente. Esta es la particularidad del Islam entre todas las tradiciones. Tenemos que apoyar nuestra fe en la existencia de Dios creyendo en la Unicidad de Dios. Decir “creo en un Dios” está bien, pero no es suficiente.

Decir simplemente “creo en un Dios” es diferente a ver las manifestaciones de la unicidad de Dios en cada hecho, ser testigos de la sabiduría del Creador y vivirla. Solo el Creador puede dar vida a las criaturas que nos encontramos. Es diferente a decir que hay un Dios en alguna parte del cielo. Ver, atestiguar y experimentar la unicidad de Dios y entender que esto solo puede existir por el Absoluto, es un conocimiento más completo y profundo. Esta confirmación necesita entrenamiento, que ha sido perdido durante siglos en las tradiciones islámicas.

Si cometemos un error en la práctica de nuestro salat (oraciones rituales), otros están dispuestos a corregirnos y recordárnoslo. Pero no se nos recuerda tanto sobre nuestra fe. La gente no quiere juzgar la fe de otra persona, así que no interfieren y no hablan sobre la fe tanto como la practican. Si cometemos un error externo, todo el mundo interferirá. Sin embargo, si somos débiles en la confirmación diaria de la unicidad de Dios, no hay mucha gente que esté lista para recordárnoslo. Mucha gente prefiere no ser un asesor de la fe.

El lado creyente de la religión está descuidado. Para remediar este problema, algunos grupos islámicos hacer una interpretación literal y dicen: “Hay que recordar a Dios. Hay que decir ya Hayy (El es el único que da la vida a todo) todos juntos 100 veces”. Aunque esto puede ser bueno para la gente, tenemos que vivir con ya Hayy. Tenemos que ver las manifestaciones de ya Hayy y confirmarlo en nuestra consciencia interior. El es el Único que da vida a todo (El Dador de Vida=ya Hayy). En lugar de matar a la mosca que se posa en nuestra mano, deberíamos contemplar como el Hayy da vida a esta mosca. Es bello vivir siendo conscientes de las manifestaciones de nuestra fe. Deberíamos mirar la creación como una fuente sagrada de información y concebir la revelación y las escrituras como un medio para interpretarla. También tendríamos que tomar la creación como prueba para afirmar la verdad del Corán. De otro modo, sería extremadamente difícil saber que el Corán es la Palabra del Creador. Deben ir de la mano.

Si queremos interpretar el Corán, tenemos que usar pruebas de la creación. Si queremos entender e interpretar la creación hemos de tomar el Corán como libro de guía y determinar si hay o no correlación entre ellos. Entonces podremos afirmar que la creación y el Corán proceden de una única fuente.

Muchas aleyas del Corán mencionan la fuente de la creación. Por ejemplo, una de las suras más cortas del Corán que recitamos en casi todas las oraciones es la sura Ikhlas que comienza así: “Dí: El es Dios, el Unico. Dios es el Señor Autosuficiente…”. La Unicidad de Dios también se enfatiza con el atributo Samad (el que no necesita la ayuda de nadie). Hemos de estudiar cómo Samad se manifiesta en la creación de manera muy cuidadosa, más que permitir que su significado literal nos satisfaga. Tenemos que ver la unicidad de Dios en la creación. No necesita ayuda de nada de lo que es usado en la creación como método de causa y efecto. Por ejemplo, si imagino un hombre muy piadoso, puedo pensar en un hombre que mira al cielo, cierra sus ojos y abre sus manos en oración. Sin embargo, el Corán afirma no mirar hacia arriba; Dios está en cualquier lugar al que mires. El samadiyah de Dios debe ser observado, atestiguado y experimentado, como se manifiesta en sí en la creación:

Los siete cielos y la Tierra y todo lo que se halla en ellos Le glorifican. No hay nada que no Le glorifique con Su alabanza (proclamando que El es el Único Dios sin igual ni copartícipe y que toda la alabanza y la gratitud Le pertenecen exclusivamente a Él), pero no podéis comprender Su glorificación” (Corán 17:44)

La aleya no especifica solo a los humanos como seres conscientes que glorifican a Dios. Afirma que los cielos y la Tierra y lo que contienen, todo glorifica a Dios y son por tanto conscientes. Activamente glorifican a Dios, aunque no como la consciencia humana. Incluso la piedra y la molécula de aire son conscientes. Su glorificación consciente de Dios queda demostrada en esta aleya. Como si Dios dijera: “¿no véis que Me glorifican?”. Una piedra no es un objeto inanimado, inconsciente, sino un ente consciente, creado a propósito para glorificar a Dios.

Cuando leemos esta revelación aprendemos que debemos prestar atención a nuestra relación con el mundo de Dios. Cuando Dios dice que un trozo de madera Le glorifica, no debemos mirar el asunto desde la perspectiva de la madera. Tenemos que observarlo desde nuestro ángulo, porque el Corán se dirige a nosotros. Si queremos anunciar la Grandeza y Totalidad de Dios, hemos de darnos cuenta de que todo glorifica a Dios. Si queremos ver cuán perfecto y absoluto es nuestro Creador, y cómo no necesita ayuda para crear una cosa, podemos mirar un trozo de madera o una piedra. Nos ayudarán a entender que nuestro Creador es Absoluto. Normalmente intentamos comprender cómo estos seres inanimados glorifican a Dios, más que intentar ver el mensaje que Dios nos transmite con esta aleya. Cuando comemos una porción de pastel, el pastel también Le glorifica, pero escuchar cómo el pastel glorifica a Dios ¡no es la cuestión! La aleya no menciona a Dios por el nombre; dice El. Quiere decir que quienquiera que creara estas cosas está siendo glorificado por las cosas que creó. Esta aleya indica que las cosas en sí nos proporcionan la prueba. Si estudiamos un átomo o una molécula, encontraremos que su Creador es Absoluto. Estas partículas glorifican a Dios con su disposición y nos enseñan cómo han sido perfectamente creadas. El Corán no muestra cómo hay que aproximarse a la creación, en lugar de cómo son las cosas. Estudia la creación y entenderás quién puede darle vida. Estudia un átomo y entenderás que requiere una sabiduría absoluta y conocimiento para llegar a existir. Así es como los cielos, la Tierra y todo lo que hay en ellos glorifica a Dios como si fueran conscientes. Desde nuestro punto de vista, y con el fin de que conozcamos a Dios, esto es a lo que Dios dirige nuestra atención.

Si observamos la creación desde el punto de vista de los ángeles, entendemos que las órdenes que reciben son para la existencia, “sé y es”. Todo existe bajo forma de amr (orden). Esta es la creación Absoluta. Su Voluntad es suficiente para que algo exista. Por el contrario, nosotros estamos limitados, por lo que necesitamos una conexión física para unir las piezas y crear algo “nuevo”. Cada cosa atestigua que el Creador es Absoluto; y de este modo llegan a existir, glorifican a Dios.

Uno lee el Corán como libro guía que puede ser comprobado para los hechos mediante nuestra observación del mundo material (creación). Si alguien nos guía en la ciudad, el guía dice lo que hay a derecha e izquierda. Nos giramos hacia ese lado y lo vemos, confirmando lo que el guía dice. Lo vemos con nuestros propios ojos. No repetimos lo que el guía dice, creemos en lo que dice porque somos capaces de dar fe de ello nosotros mismos. Del mismo modo, necesitamos confirmar lo que dice la revelación siendo testigos de la creación.

Por ejemplo cuando leemos la aleya “…no hay nada que no Le glorifique con Su alabanza…” (Corán 17:44) estamos reflexionando sobre ello y atestiguándolo en la creación. Esta aleya quiere decir que no podemos decir que algo no tiene valor, porque todo lo creado glorifica y adora a Dios como si fuera consciente. Pero ¿cómo puede una gota de agua decir que mi Creador es Absoluto? Sean cuales sean las cualidades que los objetos tengan, proclaman que no les pertenecen. Si digo que lo sé todo, me estoy atribuyendo conocimiento. Pero el elogio significa que todas las cualidades que muestra no son de sí, sino manifestaciones del Creador. Cuando miramos un cuadro, cada partícula de pintura está sobre el lienzo de forma que todo el cuadro demuestra la belleza del arte. Todas las partículas alaban al artista proclamando que el arte no nos pertenece (óleo y lienzo) y que no podemos hacerlo.

El mero hecho de que la pintura no pueda hacer al arte sugiere un Hacedor. Es lo que concluimos al mirar la pintura. La pintura no posee el arte. Manifestando el arte, dice cuán talentoso es el artista. El elogio se debe al Creador.

Así cada criatura dice que mi Creador no tiene carencia alguna. Proclaman: “soy tan perfecto que puedes llegar a la conclusión de que mi Creador no tiene imperfecciones ni faltas. Toda la perfección que hay en mí no me pertenece”. Cuando observo una flor me doy cuenta y afirmo que la fuente de belleza no es la flor en sí. Esta realización es alhamdulillah (gracias a Dios). Y este es el agradecimiento de la flor a su Creador. Veo el caso, confirmo el hecho y digo alhamdulillah. Esta es la verdadera fe viviente. No podemos vivir en la dualidad, así como no podemos separar el pastel y al pastelero (su autor material) del Creador (su creador final a quien damos gracias diciendo alhamdulillah). No podemos separar la fe de la vida activa.

La aleya anterior continúa con “…pero no podéis comprender Su glorificación…” (Corán 17:44). Podemos potencialmente entender, pero debido a nuestra negligente actitud hacia la creación, y puesto que no vemos la relación entre nuestra fe y nuestra vida, no lo entendemos al completo.

Algunas traducciones dicen “no puedo entender”, pero esto niega tu habilidad de entendimiento. La traducción correcta de esta aleya sería que fallas al entender lo que se supone que debes entender. Esta aleya no niega la habilidad de entender, si no Dios no nos la daría. No podríamos entenderlo de todos modos. En su lugar, concluimos que como humanos, podemos comprender algún sentido de la consciencia de los objetos creados pero no todo necesariamente.

Si queremos conocer a Dios, debemos estudiar la creación como primer paso para entender cómo los seres creados glorifican y alaban a su Creador. No solo debemos observar los objetos materiales animados e inanimados, sino que debemos aceptar que nosotros, como humanos, también somos seres creados. Podemos aprender de numerosas piezas de la creación que glorifican al Creador. Debemos glorificar a Dios por habernos creado tan bellamente, por otorgarnos todas las facultades que poseemos y por darnos la oportunidad de disfrutarlas. Si una flor florece y glorifica a Dios con sus colores, olor y composición, nosotros del mismo modo podemos glorificar al mismo Creador de forma interna siendo conscientes y recordando o de forma externa pronunciando palabras de gratitud o de oración. Si queremos estudiar la creación, por ejemplo, como musulmán, necesitamos ver la relación entre creación y Creador. Tenemos que estudiar la Unicidad de Dios y Samadiyah de Dios para contemplar la creación en su totalidad.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

1 2. Bakara; 4 Nisa; 6 Anam; 16 Nahl; 24 Noor; 27 Naml; 29 Ankabut; 43 Zuhruf; 44 Dukhan; 51 Zariyat; 53 Najm; 54 Qamar; 57 Hadid; 68 Qalam; 76 Al-Insan; 85 Buruj; 89 Fajr; 90 Balad; 91 Shams; 92 Layl; 93 Duha; 94 Tin; 95 Alaq; 103 Asr; 105 Fil; 114 An-Nas

2 He aquí algunos ejemplos de aleyas que se refieren a la creación. Corán 6:74-79; 2:164; 17:44; 50:6-11; 88:17-20; 80:24-32; 3:189-191; 38:27; 21:16; 44:38-39; 31:10-11; 35:40; 27:60-64; 12:105-106

 

 

 

 

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