¿Quién es Dios?

¿Por qué Dios creó el universo?

Ante todo, deberíamos señalar que como seres humanos percibimos todo desde una perspectiva humana y formulamos nuestras opiniones en consecuencia.

Los seres humanos actúan por necesidad o deseo: hay cosas que hacemos porque tenemos una cierta necesidad o porque nos vemos obligados. A través de la auto-infatuación, absurdamente comparamos a Dios con nosotros mismos y suponemos que El actúa del modo en que nosotros lo hacemos. Por lo tanto, haciéndonos las preguntas anteriores, es de máxima importancia recordar que Dios es independiente de toda necesidad, y está más allá de nuestra concepción.

¿Quién está afligido por la creación del universo? ¿Quién no desea el beneficio de recoger los frutos en tiempo de cosecha? ¿Quién no busca la felicidad usando las provisiones del mundo del mejor modo posible? Hay muy pocos que manifiesten su pesar por estar en este mundo. Algunos se enfrentan a situaciones angustiosas, acaban con sus vidas, pero son una minoría. La inmensa mayoría están agradecidos más que apenados por estar vivos en este mundo y por ser humanos.

¿Quién se queja de haber sido cuidado en brazos de sus padres y de haber sido alimentados por ese amor en la infancia? ¿Quién se queja de ser joven, cuando se siente en los huesos la euforia de la vida? Y ¿quién se queja, como adulto, de tener familia, hijos y llevar con ellos una vida en armonía? ¿Cómo empezaríamos a medir la felicidad de los creyentes, quienes, a la vez que cultivan las semillas para este mundo, se aseguran también el éxito en el siguiente? Los creyentes están descubriendo las llaves de las puertas de la felicidad máxima, por lo que están contentos y no tienen razón alguna para afligirse. Conscientemente experimentamos todos estos tipos de felicidad, y damos gracias de corazón al Creador que nos creó.

El universo ha sido adornado con todo tipo de arte, animado e inanimado, a cualquier escala; es como una exposición sin fin de obras de arte, diseñadas para atraer a todo el mundo y hacernos reflexionar. La Belleza del paisaje constituye una realidad, definida y presente, para nuestras mentes y nuestros sentidos. Su extraordinaria diversidad y su magnífica ornamentación así como la enorme abundancia y el flujo de los hechos están más allá de la concepción humana. La realidad apoya la existencia de un agente que da vida al mundo.

Mediante la realidad de Sus obras y actos llegamos a conocer al Hacedor y por consiguiente Su Nombre o Nombres. A través de estos Nombres, manifestados en objetos y seres, intentamos saber Sus Atributos. Anhelamos conocerle en Sí mismo; El es exaltado, por medio de oraciones abiertas a nuestros corazones. Este desarrollo de nuestro ser está inspirado por cosas, acontecimientos y la amplia esfera de la administración del hombre en el universo.

Ahora vamos a intentar explicar el propósito del Creador con una simple analogía. Pensemos en un experto artesano o artista. Digamos que este artista es un escultor extraordinario quien, con unos pocos golpes de martillo y cincel, puede producir sujetos que parecen reales procedentes de la piedra más dura y la expresión de los sentimientos más delicados. O un trabajador muy habilidoso con la madera que puede poner su alma en el nogal o la haya, o traer (entendido como expresión) a la vida una pieza de ébano. O un excelente pintor, cuyos brochazos pueden dar lugar a la más exquisita combinación de colores que impacte al observador con su belleza. Y a estas clases de habilidades, podríamos añadir muchas más. Es imposible conocer al artesano como artista si no muestra sus capacidades. Podemos llegar a conocerle y deducir estas capacidades gracias a sus obras de arte o al proceso por el cual las produce. Cada potencial desea revelar la realidad oculta en él, para demostrar lo que sabe plasmándose en una forma externa o un cuerpo exterior. Las semillas se esfuerzan por germinar, los espermatozoides luchan por unirse al óvulo, y las burbujas que flotan en el aire hacen un esfuerzo por llegar al suelo en forma de gotas de agua. Todos soportan el esfuerzo necesario por el deseo de mostrar el potencial que hay en ellos. La urgencia por mostrarlo, y por tanto ser vistos y conocidos por otro, es de hecho una expresión de debilidad o defecto, pues todos los seres y sus deseos son la sombra de la esencia original. Sin embargo, el hábil Creador está libre de esos defectos y de esa debilidad. Nunca debemos olvidar que ni una manifestación de la esencia, simple o compleja, es similar a la esencia en sí.

La maestría del universo nos informa de los miles de Nombres de Dios. Cada uno de los Nombres, manifiesto en las diversas artes de la creación, ilumina nuestro camino y nos guía para conocer los Atributos de ese Ser, el Creador. Estimulan y despiertan nuestros corazones a los signos y mensajes que el Creador oculto presenta a nuestros sentidos.

El Creador quiere presentarse ante nosotros a fondo sin dejar nada sin aclarar. Quiere mostrar Su Esplendor mediante la variedad y la belleza de la Creación. Quiere mostrar Su Voluntad y Poder con un orden magnífico y la armonía del universo; y quiere enseñar Su Piedad, Compasión y Gracia mediante los regalos que nos hace, incluyendo los secretos deseos de los corazones y mentes. Y posee muchos más Nombres y Atributos a través de los cuales quiere que Le conozcamos.

Coloca objetos en este mundo para manifestar Su Poder y Voluntad. Pasando todas las cosas por el prisma del intelecto y comprensión de los seres conscientes, El provoca maravilla, admiración y aprecio en los dominios celestiales y terrenales.

Así como el artista habilidoso manifiesta sus talentos con sus obras de arte, en el sentido más elevado, también lo hace el Señor de este universo únicamente para manifestar el Poder y la Omnipotencia de Su Creatividad.

¿Por qué me creó Dios? ¿Qué significa para El?

Con el fin de responder a estas preguntas, primero necesitamos asegurarnos que entendemos que estamos hablando desde una perspectiva humana inherente y necesaria. Es decir, debemos comprender que somos nosotros, los seres humanos, quienes formulamos estas preguntas, y de nuevo seremos nosotros, humanos, los que intentaremos dar respuestas razonables y satisfactorias dentro de nuestras posibilidades. En otras palabras, no podemos leer la mente de Dios y encontrar la respuesta adecuada.

Este es un principio general al que deberíamos aferrarnos cuando tratamos temas de religión. Nuestra fe debería basarse en la realidad que observamos en este mundo. De hecho, la palabra “fe” es un término desacertado en inglés como traducción de la palabra árabe “iman”, que originalmente se refiere a la certeza derivada de una conclusión demostrable.

Así que cuando un mumin o creyente dice “atestiguo que Dios existe”, basa esa conclusión en su observación del mundo en el que vive. Esencialmente dice: “he mirado intensamente alrededor y he estudiado las cosas y encontrado que el hacedor de esta existencia no está en ella; así que debe haber un Ser trascendental, Todopoderoso. De otro modo, la existencia que he estudiado y parece ser una parte de ella no puede explicarse ni ser tenida en cuenta”. Esto es lo que tawhid significa en pocas palabras.

Volviendo a la cuestión entre manos, debemos apreciar que le daremos respuesta en la medida de nuestras posibilidades desde un punto de vista humano. Esto no quiere decir que vaya a estar errónea, sino más bien que estará limitada y será relativa y dependerá de nuestra habilidad para razonar tal y como hemos usado antes – recopilando e interpretando la información del mundo en que vivimos. La respuesta está abierta a sugerencias y reinterpretaciones a medida que las necesidades aumentan. Académicamente hablando, siempre se estará construyendo a medida que nuevos argumentos se vayan aportando. Algunas versiones mejores de las respuestas que vamos a ofrecer aquí están destinadas a aparecer en el futuro si otros seres humanos inteligentes continúan pensando sobre el tema.

Por consiguiente, una posible respuesta podría ser formulada así: he mirado alrededor y he intentado ver si yo, como ser creado, puedo ser de alguna utilidad al Todopoderoso Creador. He aquí un modelo de conducta entre la gente, que puede usarse como vara medidora con la que juzgar la realidad de nuestra pregunta original. Por ejemplo, los granjeros en algunas partes del mundo eligen tener tantos hijos como sea posible para que ayuden a cuidar de sus ganados y campos y garantizar así sus sustentos. ¿Es mi creación, de algún modo, similar a esto? Es decir, ¿estoy de alguna forma trabajando para este Creador Todopoderoso? ¿Estoy haciendo algo por El? ¿Algo que El no pueda hacer? La respuesta es un rotundo no, no porque alguien más lo diga, sino porque lo sé yo. Puedo decir con certeza que no he encontrado en mí ni en mis acciones nada que pueda ser de utilidad práctica al Creador.

No solamente no Le estoy haciendo ningún favor, sino que dependo totalmente de El, desde mi existencia hasta mis necesidades o deseos interminables. Si este fuera el caso, como he llegado a concluir con pruebas contundentes, entonces ¿cuál es la razón por la que El está haciendo esto por mí?

Una razón que se me ocurre es que hace todo esto por amor y compasión. Debe ser, según la conclusión a la que he llegado con mi razonamiento humano de la prueba anterior, muy piadoso hacia mí. No espera que Le devuelva nada a cambio, sino que El me recompensa con mi existencia y todo lo que me ha dado. ¿Quién haría algo así en este mundo por otra persona? Seguramente nadie.

Así funciona el proceso de razonamiento en las cuestiones que me afectan con el Creador trascendental. Mira las pruebas y saca tus propias conclusiones. Desde luego, la guía divina que se nos ha enviado a través de los profetas es una necesidad indispensable para afrontar estas dudas existenciales.

¿Por qué no podemos ver a Dios?

Algunas personas preguntan o tienen dudas sobre por qué no podemos ver a Dios directamente. ¿Por qué tiene que ser un misterio? Incluso aunque no te lo hubieras preguntado de este modo, es un rompecabezas innato para muchos de nosotros. De hecho cuando uno se hace la pregunta por un momento, la respuesta llega por sí sola rápidamente. ¿Te has preguntado alguna vez cómo nuestra visión directa está limitada de modo que no podemos ver los rayos X ni las radiaciones UV? Pero sabemos que existen debido a sus consecuencias (una quemadura o una radiografía de brazo). Además de ver a Dios, no podemos ver muchas de las cosas a nuestro alrededor. Por ello, nuestra vista limitada no podría ser nunca una forma apropiada de buscar al Creador Ilimitado.

Comparándonos a Dios, podríamos obtener analogías muy efectivas. Por ejemplo, hay billones de bacterias en el cuerpo humano. ¿Pueden estas bacterias imaginar o comprender de forma perceptible el cuerpo humano en el que habitan? Imagina que las sacamos del cuerpo y usando herramientas artificiales como los microscopios o telescopios les enseñamos el cuerpo humano. Solo a través de un esfuerzo inimaginable la bacteria podría ser consciente del cuerpo humano. Y esta débil sensibilización apenas podría llamarse entendimiento o comprensión.

En un nivel muy diferente, la sensibilización de los seres humanos está igualmente limitada. Puede que podamos ver a distancia de millones de años luz con ayuda de telescopios y otros instrumentos. Pero todo lo que vemos es insignificante comparado con las dimensiones del universo entero. De hecho, debido a la diferencia de escala, lo que los seres humanos ven es tan insignificante como lo que ve una bacteria.

Es más nuestra vista está condicionada por nuestro entendimiento. Necesitamos tener una idea general de lo que vemos para distinguirlo y reconocerlo. Si no tenemos una idea de lo que es un árbol, no seremos capaces de darle todo su sentido al objeto ante nuestros ojos. Si nuestra vista está limitada de este modo para los objetos de la creación, entonces podemos determinar lo absurdo que es preguntar por qué no podemos ver directamente al Creador.

Somos seres creados con capacidades finitas. Solo el Creador, Dios, es Infinito. A causa de Su Piedad, la creación está disponible para nosotros como el medio en que existimos y perecemos, nos esforzamos por el entendimiento y la virtud, y buscamos nuestra salvación. ¿Cómo podemos empezar a concebir a Dios si no podemos concebir el vasto universo que El ha creado?

Sin embargo esto no implica que Dios nos sea del todo inconcebible. De hecho, nos implora que Le conozcamos. Después de todo, por eso le dio a la raza humana una inteligencia superior. Y el universo sirve a este propósito. Todo a nuestro alrededor juega un papel esencial además de proveer y servir a la humanidad. La naturaleza es una revelación divina que refleja y manifiesta al Creador. En otras palabras, el rasgo más importante del cosmos es su teofanía (reflexión o ser de Dios). Dios también lo ha diseñado para ser “un libro de signos” para la humanidad. Los humanos deben reconocer la majestad de Dios y comprender Sus Divinos Nombres al contemplar la naturaleza. Así que si observamos la naturaleza de forma apropiada, se transforma en un libro revelado de signos y milagros individuales. En la aleya siguiente, Dios nos inculca este principio metiéndonos prisa para que abramos nuestros ojos y corazones y veamos: “¿Es que no ven sobre ellos el cielo, cómo lo hemos edificado y embellecido, sin que haya en él ninguna grieta?” (Corán 50:6). 

¿Cómo podemos describir a Dios?

El Creador no puede ser del mismo tipo de criatura que ha creado (por ejemplo el pintor y la pintura). Por eso Dios es diferente a Su creación. Aún así debemos preguntarnos por qué no podemos ver directamente a Dios. La visión directa es muy limitada y nunca podrá ser el camino adecuado para buscar al Ilimitado. Por ejemplo, hay innumerables bacterias en el cuerpo humano, de hecho muchísimas en un espacio tan pequeño como el hueco de un diente. Estas criaturas casi no son conscientes del diente en que habitan. Para ser conscientes de ello, tendrían que de algún modo situarse en el exterior del diente, y entonces, mediante aparatos artificiales como telescopios o microscopios, podrán obtener una pequeña noción de las dimensiones del diente, y quizás entonces, del cuerpo al que el diente está unido. Solo a través de un esfuerzo semejante, imposible de imaginar, podría la bacteria ser consciente del cuerpo humano que es el gran medio de sustento de su vida. Y esta consciencia casi inimaginable es en sí una distancia que no se puede medir lejos de cualquier cosa remotamente parecida a lo que llamaríamos entendimiento. En una escala diferente, la consciencia de los seres humanos está igualmente limitada. Podría ser que con ayuda de telescopios y otros instrumentos pudiéramos ver a millones de años luz. Pero todo lo que vemos es insignificante comparado con las dimensiones de todo un diminuto fragmento. Lo que los humanos ven, aunque a escala diferente, es tan insignificante como la consciencia de la bacteria sobre el pañuelo en que vive y perece, cuando es comparado con las dimensiones del cuerpo donde ese pañuelo es un pequeño fragmento. Si consideramos el asunto de cerca, pronto nos damos cuenta que nuestra vista (nuestro oído o cualquier percepción) está condicionada a nuestro entendimiento. Debemos tener algunas ideas generales de lo que vemos con el fin de reconocerlo y distinguirlo. Si no tuviéramos una idea, por muy vaga que fuera, de lo que, por ejemplo, es un árbol, seríamos literalmente incapaces de dar forma a ese objeto ante nuestros ojos.

Si nuestra vista está tan limitada, y si necesitamos cierto conocimiento general para dar sentido a lo que vemos, qué impropio, qué absurdo, es preguntar por qué no podemos ver directamente al Creador de todo. Somos seres creados, es decir, finitos, limitados en nuestras posibilidades y capacidades. Solo el Creador, Dios, es Infinito. Por Su Piedad, la Creación está disponible para nosotros como el medio en que habitamos y perecemos, buscamos el entendimiento, la virtud y la salvación. El Profeta Muhammad dijo: “De igual modo, comparado con el Trono, el Asiento de Honor es tan pequeño como un anillo en el desierto”. De esta comparación se deduce algún conocimiento sobre cómo es de limitada nuestra capacidad para comprender al Infinito. ¿Cómo podemos concebir la realidad del Asiento de Honor y del Trono desde el que el Todopoderoso en Su Infinita Majestad nos envía Su Voluntad y Su Mandato y sustenta a Su Creación, y mucho menos concebir a Dios en Sí?

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

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