Nuestro valor se basa en nuestro origen

Dudo de que la megalomanía de la humanidad haya sido tan extrema en cualquier período de la historia como lo es hoy en día. Estamos casi cegados por lo que hemos logrado, innovado y descubierto. La ciencia y la tecnología parecen haber sustituido a Dios para mucha gente. Estamos bajo el engaño de que nuestra avanzada civilización es capaz de superar cualquier desafío al que nos enfrentemos. Solo cuando buscamos ayuda de forma desesperada nos damos cuenta de que necesitamos algo más, algo más allá de nuestras limitaciones, alguien cuyo Poder y Compasión sean mucho más grandiosos que el cuidado viciado y el poder restringido de los seres humanos. Solo cuando nuestro amado prójimo sufre de una enfermedad terminal recordamos que todos estamos sujetos a la muerte. El fin del que no se puede escapar no está tan lejos como queremos creer. Y en este punto es donde la fe entra en juego.

La virtud de la fe es un fenómeno de reflexión que explica los valores del hombre. Lo que nos diferencia de las plantas o los animales no son nuestras innovaciones tecnológicas, sino la fuerza de voluntad, las emociones y la inteligencia que se nos ha dado. Con estas herramientas, podemos juzgar y decidir por nosotros mismos. Podemos admitir la existencia de Dios, o somos igualmente libres de negarla. Esto, y no nuestros desarrollos científicos, es lo que hace a la humanidad única en la creación.

Quiero compartir contigo una de las analogías más asombrosas que he conocido: piensa en una obra de arte. Digamos un cuadro de Rembrandt “Aristóteles contemplando el busto de Homero”, que el Museo Metropolitano de Arte compró por cuatro millones de dólares. El valor de los materiales usados en este cuadro y el valor del producto acabado son completamente diferentes. La mayor parte del tiempo, sucede que un cuadro que vale miles de dólares está hecho de materiales como pintura que valen cinco dólares. Incluso una obra de arte antigua que vale millones de dólares está a menudo compuesta de materiales que no valen ni cinco dólares.

De igual modo, el hombre es una antigua obra de arte del Creador. El hombre es el milagro más sutil y elegante del poder de Dios. Es una obra que creó para manifestar todos Sus atributos bajo la forma de un espécimen en miniatura del universo.

Cuando la luz de la fe entra en el ser humano, todas las inscripciones significativas para las que tiene potencial quedan de manifiesto. El valor del hombre están en consonancia con cuánto puede ser un espejo para el Eternamente Implorado. A este respecto, el hombre insignificante se convierte en el dirigido de Dios y un huésped del Sustentador merecedor del Paraíso a más nivel que las demás criaturas.

Sin embargo, si la no creencia entra en el hombre, entonces todas las razones para su creación se sumergen en la oscuridad. Si olvida al Hacedor, será incapaz de comprender los aspectos espirituales. Lo que queda del hombre son esos rasgos materiales que el ojo puede ver fácilmente. La importancia del hombre se reduce meramente a su estado físico. El objetivo de su ser físico es pasar una vida breve y parcial como el más impotente, necesitado y agraviado de los animales antes de que el cuerpo decaiga y parta. La no creencia destruye la naturaleza humana y la transforma de un diamante a carbón.

A través de la luz de la fe, el hombre se eleva a lo más alto y adquiere un valor que merece el Paraíso. A través de la oscuridad de la no creencia, desciendo a lo más bajo hasta una posición preparada para el Infierno. La fe lleva al hombre al Creador. El hombre adquiere su verdadero valor debido a su relación con Dios; la no creencia hace decrecer su valor a su naturaleza física. Y puesto que el cuerpo físico solo tiene una vida animal temporal y transitoria, su valor virtualmente es cero.

Somos las obras de arte de Dios y nuestro valor real no es la carne material con la que hemos sido hechos. Todos los animales están hechos de sangre y carne, así que lo que nos distingue de otras criaturas es nuestro valor espiritual. ¿Hasta qué punto podemos ser espejos de los Atributos de Dios? ¿Hasta qué punto podemos mantener vivas las expectativas de Dios sobre el ser humano y llevar a cabo las razones por las que fuimos creados? La realización de la creación al completo es ser encontrados como seres humanos. Y este gol se consigue solo cuando la persona ha despertado la parte de sí misma que representa a Dios (dejando que los Atributos Divinos se manifiesten a través suya)

 

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

 

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