Soberanía de Dios y leyes naturales

“Y de Dios es la soberanía (la propiedad y el dominio absoluto) de los Cielos y de la Tierra, y Dios posee pleno poder sobre todas las cosas. Es cierto que en la creación de los Cielos y la Tierra y en la alternancia de la noche y el día (con sus períodos de alargamiento y acortamiento) se dan signos (que manifiestan la verdad) para la gente de discernimiento. Conmemoran y mencionan a Dios (con sus lenguas y corazones) de pie, sentados y recostados (durante la oración o no) y reflexionan sobre la creación de los Cielos y de la Tierra (al haber entendido el propósito de su creación y el significado contenido en ello, concluyen y dicen): “Señor nuestro, no has creado esto (el Universo) sin sentido ni propósito. ¡Gloria a Ti (ya que Te hallas por encima de realizar nada carente de sentido y propósito) y sálvanos del (hecho de profesar concepciones erróneas sobre Tus actos y de actuar contra el propósito de Tu creación y, por lo tanto, merecen) castigo del Fuego” (Corán 3:189-191)

Cuando leemos una aleya del Corán que dice la soberanía (mulk) de todo pertenece a Dios, ¿cuál debería ser nuestra postura? ¿Se supone que hemos de creer en ello porque lo dice el Corán, o somos responsables de confirmarlo por nosotros mismos? La palabra iman (fe) en árabe viene de la raíz e-m-n, que significa certeza. Para que la creencia sea verdadera, debe estar confirmada, no sólo imitada. Primero, tenemos que mirar a los cielos y la tierra y ver si realmente la soberanía pertenece a Dios. Entonces necesitamos mirarnos a nosotros mismos y ver si realmente estamos atribuyendo la soberanía solo a Dios. Por ejemplo, Dios dice que todo Le pertenece; es de Su propiedad. ¿Vemos en serio nuestro cuerpo, nuestra inteligencia, el calor y las flores como una propiedad de Dios? Afirmar que el universo tiene un Creador es solo el comienzo. Incluso así, ¿realmente vemos que todo, sin excepción, es propiedad de Dios?

En el Corán Dios habla para enseñarnos. Somos los estudiantes. Si Dios dice “soy el soberano de todo”, debemos mirar la creación para afirmarlo. Si no vemos que Él es el Soberano de todas las cosas, quiere decir que o la frase es errónea o no hemos sido educados adecuadamente en este aspecto. El acto de repetir lo que se dice en el Corán es un acto de imitación más que un acto de fe. Es erróneo equiparar la fe con la imitación. Con el fin de aclarar esta confusión, es mejor entender el Corán como un libro de guía para la fe: nos lleva a creer a través de la acción o expresión de la fe.

Aducimos que el Corán es nuestro libro o el libro de los musulmanes. Esto es un error muy serio. El Corán es el libro de Dios: kalamullah (La Palabra de Dios). Todo el mundo es igual ante el Corán, sin importar la identidad religiosa o cualquier otro estatus. Si elegimos la actitud equivocada y nos apropiamos del Corán, empezamos a reclamar que lo sabemos, y empezamos a predicar nuestro conocimiento limitado y falible a otros. En su lugar, debemos intentar de la mejor forma posible entender lo que Dios pretende en cada aleya y en la totalidad del Corán, de forma que podamos transformarnos por el paradigma del Corán.

¿Qué significa Soberano? Si soy el dueño de una casa, y soy la única autoridad, mi palabra es ley en la casa. Puedo decir que no te quiero en mi casa o que no quiero que uses una habitación en concreto. En el Corán Dios dice que la soberanía Le pertenece solo a Él. Así que debemos ver la creación de tal modo que le demos a Dios toda la soberanía y a nada más, y nos definamos en consecuencia. Por ejemplo, todas las cosas son empleados de Dios. ¿Puede alguien más poner alguna norma sobre Su creación? ¿Podemos hacer algo sin obedecer las normas de Dios en la creación? La gente falsamente reclama que inventan algo y a veces las leyes toman el nombre de la persona que descubrió una ley ya existente de Dios. Si alguien dice haber descubierto la soberanía de Dios en un aspecto particular, está afirmando la soberanía de Dios. Pero si se ve como que la persona inventa algo, es una afirmación incorrecta.

La postura de la humanidad en lo referente a las leyes de Dios puede explicarse como sigue: llegamos a un país y encontramos que ya existen leyes, y las obedecemos. De igual forma, los científicos descubren las ya existentes leyes de la creación, la soberanía del Único que ha creado este universo. Son Sus leyes y venimos aquí para obedecer Su soberanía. ¿Podemos hacer algo en contra de Sus leyes? De cierto modo, sin intentamos desobedecer Sus leyes, sentimos un fuerte despertar. Si pretendemos agarrar un cable con nuestras manos desnudas, podemos ser testigos del poder de las leyes de Dios.

¿Y qué hay entonces de nuestro libre albedrío? Con él elegimos qué normas obedecer, pero ¿podemos elegir desobedecerlas? La libre voluntad es en sí una ley de Dios. Se nos ha dado como modo de obedecer conscientemente la soberanía de Dios. En otras palabras, no podemos elegir no tener libre albedrío. Tenemos que ser libres porque hemos sido creados de este modo.

Las siguientes aleyas ponen en contexto el concepto del libre albedrío parcial del ser humano. “Dios tiene poder para cualquier cosa”. En un aspecto, esta frase explica lo que significa la soberanía de Dios. El universo, tal y como es, es resultado de la voluntad de Dios. Nadie puede interferir; nadie puede distorsionarlo ni cambiarlo. Dios desea algo y tiene poder para hacerlo.

En la creación de los cielos y la tierra (creación física), y en alternancia de la noche y el día (creación en el tiempo), hay signos (mensajes) para los hombres de discernimiento”. Esta aleya nos dice que cuando miramos a la creación, debemos apreciar que todo en la creación es un signo de Dios.

“Los que recuerdan a Dios de pie, sentados y recostados….”. Esta frase indica que estemos como estemos, hagamos lo que hagamos, podemos recordar a Dios porque debemos nuestra existencia solo a Él. Nuestras vidas han sido y están siendo sustentadas por Él. Todo el sustento que recibimos nos recuerda las cualidades de nuestro Creador.

A cada momento de nuestro encuentro con estas gracias recordamos (zikr) Sus Atributos de Perfección manifiestos en ellos.

“Y reflexionan sobre la creación del cielo y la tierra…”. Si observamos una bandada de pájaros, pensamos en cómo han llegado a existir y en cómo vuelan. Dios nos ordena reflexionar sobre la creación. Sin embargo, observar un pájaro y afirmar que tiene dos ojos y dos alas no es reflexionar. La reflexión requiere contemplación de las cualidades, arte, y sabiduría con que el Creador del pájaro lo creó. Mirar cosas es insignificante a menos que se reflexione sobre su creación de este modo. Así que ¿hemos de preguntar por qué los pájaros tienen dos ojos y dos alas?

La mayor parte del tiempo que leemos el Corán, sin embargo no captamos el sentido. Leer el Corán es un acto sagrado en sí, pero fue enviado para educarnos y guiarnos. No podemos ser educados a menos que entendamos y contemplemos su verdadero significado. Por ejemplo, cuando miramos un árbol, adoramos al Creador del árbol. Deberíamos examinar Su arte, admirarLe, glorificarLe y atestiguar cómo fue creado con poder mayor, arte sin límite y perfecta sabiduría. Cuando declaramos que aceptamos el mensaje y nos hacemos musulmanes, este es solo el principio. Quiere decir que nos acabamos de matricular en la escuela; ahora viene la educación que continúa hasta nuestro fallecimiento.

De igual modo la frase “Nuestro Señor, no has creado esto en vano…” es particularmente importante para nuestra observación de la creación y por moldear nuestra visión a través de la fe en Dios y aplicando nuestra fe en nuestra vida diaria. El uso de “esto” en la frase es extremadamente importante. Quiere decir que cualquier cosa en su creación es un signo del Creador y refleja Sus Atributos. Cada cosa o hecho en el que podamos pensar está creado con sabiduría como signo del Creador. Recibimos una llamada de teléfono o una mosca se posa sobre nuestra mano. Esto no sucede en balde, sin sentido ni propósito.

De algún modo, Dios nos enseña a rezar. Cuando nos enfrentamos a algo, tenemos que saber y decir “Oh mi Señor, no has creado esto en vano”. Con el fin de rezar en este sentido, necesitamos entender cómo y por qué nada es creado en balde. Creer en Dios requiere certeza y asimilación de la fe en nuestros sentidos y pensamientos. No solo los animales, plantas y estrellas sino también eventos sociales. Todo lo que nos sucede, incluso un amigo que nos dice algo que nos alegra o entristece, está creado por Dios con un fin específico. Darse cuenta de la importancia de este acto requiere que conozcamos el propósito y sabiduría tras la creación del universo. No será fácil al principio ver todo como un regalo de Dios, pero sometiéndonos a la educación de la Revelación, aprendemos la realidad y estamos moldeados por la realidad día tras día. Al darnos cuenta de que todo proviene de Dios a propósito, somos conscientes de la presencia de Dios a cada instante. Más que imaginar a Dios arriba en el Cielo controlando todo, Dios nos instruye en el Corán para pensar en la creación de las cosas (fikr) como signo del Creador para recordarLe (zikr). Por ejemplo, coge una cereza. Toda su forma, color de su piel y su semilla han sido diseñadas por el Creador. Todas sus fases de crecimiento y deterioro son creadas por Él. Cuando reflexionamos de este modo sobre la cereza, estamos en presencia de Dios. No imaginamos la esencia, forma de Dios; no decimos “creo en Dios” observando las manifestaciones de Sus Atributos en la creación como signo de Su ser.

Contemplamos Su creación para entender que el Único que da forma y vida a esta cereza es el Único que da forma y vida a todos los seres vivos. En árabe esto se dice marifatullah (conocimiento de Dios). Cuanto más reflexionemos sobre Su creación más cerca estaremos de Él. Usamos la cereza como espejo, como carta, cuadro del Artista, y hacemos la afilada distinción entre Creador y Su creación.

Del mismo modo, cuando observamos lo que la filosofía positivista y materialista llama “leyes naturales”, observamos la soberanía de Dios. Se nos ha enseñado una y otra vez, como si estas leyes naturales existieran de forma independiente. Sin embargo, la realidad de la creación es diferente. No hay ley de gravedad, pero está la ley kayyumiyah (sostener cosas, no dejar que caigan en la no existencia, mantener las cosas derechas). Así que El es Aquel que sostiene la existencia de todo. Crea todo y es el Musawwir (el Dador). Cualquier cosa que Él crea, le da forma y lo sostiene. Constantemente observamos estas cualidades. Hay entonces dos modos de analizar o interpretar estas cualidades. O bien ocurren por sí solas, o bien están hechas con estas cualidades por el Creador.

Hay cualidades comúnmente compartidas por todas las criaturas, sin excepción: leyes de orden, de creación, de sustento, de voluntad y conocimiento, de medida, de decoración y embellecimiento. En la creación de cada cosa vemos estos principios manifestados sin posibilidad de cambio. Solo podemos hablar de “las leyes de los Atributos de Dios”, no de “leyes de la naturaleza”, pues estas cualidades no pueden ocurrir accidentalmente o “naturalmente”. Cuando Dios crea, lo hace con todas estas cualidades. De manera constante observamos las manifestaciones de las cualidades del Hacedor en el universo. Nunca cambian porque Dios mismo no cambia. Es Absoluto. La aleya afirma: “nunca encontrarás ningún cambio en la manera de crear de Dios”. Dios da existencia a las cosas y las hace cambiar en el curso de la creación.

La gente puede tener diferentes formas de percepción de las “leyes”. Por una parte, la ciencia positivista falsamente clama que hay leyes naturales trabajando por sí mismas. Por otra parte, un creyente podría decir que estas leyes han sido creadas por Dios, lo cual no es del todo erróneo pero está incompleto. El Corán explica que no hay leyes creadas, sino solo el modo de constante creación de Dios (sunnatullah) como se explicó antes.

Consecuentemente, después de una contemplación guiada y profunda llegamos a la conclusión de que todo en la creación es un signo que apunta a la existencia de Dios, su absolutismo, y el conocimiento absoluto de Dios. Puede que no conozcamos la esencia o naturaleza de ninguno de Sus Atributos que están más allá de nuestra capacidad y por tanto son responsabilidad nuestra. Solo somos responsables de creer en la existencia y absolutismo de un Dios, y de la incomprensión de Su Esencia Absoluta. Reflexionando sobre Su creación, declaramos “Gloria a Ti”, afirmando que todo ha sido hecho por Él de manera perfecta.

 

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

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