Diálogo interreligioso a través de las Escrituras

Cuando participamos en un intenso diálogo interreligioso, los miembros de las diferentes creencias leen las Escrituras juntos. No se trata de una persona leyendo hacia los demás, sino del grupo leyendo juntos. Compartimos las Escrituras y esperamos que las Escrituras nos hablen desde una perspectiva cristiana, musulmana y judía. La hipótesis subyacente es que todas las Escrituras son sagradas y que Dios nos habla a través de ellas. Entre los participantes, se comparte la noción de lo sagrado.

El núcleo del diálogo interreligioso es aprender sobre otras tradiciones creyentes. Para aprender tenemos que escuchar. Escuchar no significa esperar a que el otro termine de modo que podamos actuar y comentar nuestra perspectiva. Significa que deberíamos estar abiertos a la transformación. De ese modo, cuando nos acercamos a nuestras Escrituras durante el diálogo interreligioso, las leemos con nuevos ojos. Aprendemos nuevas formas de mirar a nuestras Escrituras.

El diálogo interreligioso implica hospitalidad. Hospitalidad no es solo compartir un espacio físico. La hospitalidad puede verse también al compartir un texto sagrado para nosotros. Invitar a otra persona a compartir nuestra fe conlleva una amista espiritual y ayuda a apreciar al prójimo. La hospitalidad no es solo reunirse; también implica generosidad y la compasión que mueve a los corazones.

Los seguidores de cada credo discrepan más “en sus propios hogares” que con los otros fieles. Esto es válido para todas las comunidades creyentes. Darnos cuenta de esto aumenta nuestra habilidad para mostrar empatía con otras personas.

El diálogo interreligioso, el mero hecho de reunirse con otras personas en un diálogo significativo y fiel, es una oportunidad para nuestro desarrollo espiritual. Ninguno de nosotros hemos visto nunca nuestro rostro. Solo somos capaces de ver la cara de los demás y el reflejo de la nuestra. Si no eres capaz de ver tu rostro, entonces necesitas un espejo. Cuando interactuamos con el prójimo, proyectamos nuestro “yo” y por tanto somos capaces de ver nuestro “yo” desde el punto de vista de los otros. Como tal, nuestro espejo son las demás personas.

La actividad interreligiosa se refiere a un proceso de autopurificación. A medida que interactuamos con otros, somos capaces de identificar nuestras debilidades y errores que necesitan ser modificados. Con el fin de conocer al Divino, primero debemos conocernos a nosotros mismos interactuando con otros. Mediante este método de autoevaluación los resultados son sustanciales.

Cuando el entendimiento entre religiones se realiza con el corazón abierto, todos los otros corazones se estimulan; se llenan de amor, compasión, humildad y de la maravilla de Dios.

 

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

 

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *