Iniciativa humana vs Dependencia de Dios

El orden en el universo es importante: el orden es el maestro que nos enseña cómo pedir al Autor de este orden, al que llamaremos Creador (Dios), que cree las cosas que queremos de Él. El Creador del orden es Aquel que nos da la habilidad de percibir el orden. La iniciativa humana no es nada más que seguir, obedecer y acatar las reglas del orden del universo. Después de nuestra iniciativa esperamos que se cree el resultado.

Tomar la iniciativa obedeciendo el orden en el universo es, de hecho, una forma de comunicarse con Dios. Obedecer el orden en el universo es pedir algo al Creador de ese Orden, de forma que Él lo cree para nosotros. Esta consciencia, con la que Le pedimos en cada iniciativa, hace posible que nos comuniquemos con el Ser Absoluto, Eterno, que es el Creador (Dios). Cuando queremos adquirir algo, si la iniciativa humana se hace siendo conscientes de que estamos pidiendo al Creador que cree lo que queremos, entonces, esta iniciativa se convierte en una forma de “adorar a Dios”.

El Corán afirma: “… en su favor se encuentra lo bueno que haya ganado y contra ella se halla lo malo que se merezca” (Corán 2:286) explicando que cualquier iniciativa que emprendamos es para beneficio nuestro. Eso quiere decir que todo lo que merecemos es el resultado de nuestras iniciativas. Por tanto, podemos concluir que nuestra responsabilidad reside solo en las iniciativas que tomamos, no en la creación de resultados.

Ahora, debemos dejar claro que “depender de Dios” quiere decir depender de Dios para crear, no para tomar iniciativas. Este conocimiento nos lleva a tomar una actitud bastante diferente hacia el resultado de nuestras iniciativas:

  • Contentamiento (felicidad, satisfacción): estaremos agradecidos por los resultados de nuestras iniciativas porque se nos han dado; no podemos crearlas.
  • Modestia: seremos humildes sobre nuestros “logros” porque sabemos que en realidad no son nuestros. No nos jactaremos de nuestros éxitos.
  • Económica (prudente, sensible, frugal, no derrochador): no seremos extravagantes, ni derrocharemos las bondades de Dios; son regalos que se nos han confiado.
  • Altruismo: estaremos listos para compartirlos con la gente que no ha conseguido esos regalos, porque somos conscientes de que estas propiedades, de hecho, pertenecen a la gente que las necesita, no solo a nosotros. Un árbol colmado de frutos se los da a los que necesitan sus frutos. El árbol no tiene libre voluntad de elegir a quién dar su fruto, pero los seres humanos sí la tienen. Por eso necesitamos entrenarnos. No declarar la titularidad de los regalos que Dios nos ha encomendado, sino reconocer nuestra administración de los mismos. No somos más que custodios, administradores y cuidadores.
  • Honestidad: incluso si los bienes que se nos asignan para su gestión no son necesitados por otras personas, las usaremos igualmente en le medida que las necesitemos puesto que son propiedad de Dios. Eso quiere decir que cuidaremos del futuro de este planeta cuidando no derrochando sus recursos, sino manteniendo un equilibrio como se supone que debe ser. No contribuiremos a la contaminación ni a la destrucción de la tierra verde de Dios. La próxima generación no sufrirá debido a nuestro narcisismo, egotismo y egoísmo.

 

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

 

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

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