El significado de Eid Al-Fitr y Eid Al-Adha

Hay dos festividades importantes en el Islam: Eid al-Fitr, la festividad en que se rompe el ayuno al final de Ramadán, y después Eid al-Adha (también llamada Fiesta del Sacrificio o Fiesta del Cordero) que es la conmemoración del Profeta Abraham. Eid al-Adha se celebra unos dos meses después del final de Ramadán. El orden de estas festividades es importante: primero el ayuno, luego la festividad del Sacrificio.

Vamos a recordar primero que el ayuno es uno de los pilares del Islam (someterse a la voluntad de Dios). A menudo hemos escuchado que ayunar proporciona plenitud espiritual y que el mes de Ramadán es un mes de bendiciones. Pero ¿qué sucede cuando ayunamos? ¿Qué hace tan especial al ayuno? La gente a menudo dice que cuando ayunas, recuerdas al hambriento y compartes lo que Dios te ha dado con los necesitados. Pero si no entendemos el significado de ayunar, tendemos a pensar en comida todo el día y podemos volvernos más egocéntricos y olvidarnos del necesitado.

Cuando los musulmanes (los que se esfuerzan por someterse a la voluntad de Dios) ayunan, se dan cuenta de lo débiles que son y de lo frágil que es el cuerpo humano. Nos damos cuenta de que dependemos de muchas cosas que hemos dado por sentadas, como el agua o el aire. Es una situación que nos hace preguntarnos quiénes somos realmente.

Solemos decir que somos seres creados, pero apenas somos conscientes de lo que eso quiere decir. Ser creado implica estar necesitado; estamos en continua creación, aún así no somos autosuficientes. Nuestras necesidades son innumerables, pero debido a que usualmente no tenemos consciencia de nuestra necesidad de las cosas como el aire, las damos por sentadas. Ya que soy creado, estoy necesitado. Cada persona y cada cosa comparten estas cualidades. Todo pertenece solo al Creador. Este es el comienzo del proceso de tawhid, que es un proceso constante de unión con Dios y de darnos cuenta de que todo absolutamente Le pertenece solo a Él.

Tawhid no es solo creer en un dios como opuesto a dos o tres; es darse cuenta de que todos los atributos loables de perfección pertenecen solo al Hacedor y no a las cosas en sí. El Corán enseña tawhid de esta manera: “Dios, no hay más deidad salvo El. Suyos son los Nombres más Bellos” (Corán 20:8)

Si reflexionamos sobre el significado del ayuno, nos ayuda a experimentar el tawhid. Cuando ayunamos apreciamos el valor de la comida y observamos que es un regalo preciado y nos llenamos de gratitud por ello. Nos anima a reflexionar sobre los incontables regalos de compasión que se nos han dado, como la salud y la vista. Todo se convierte en valioso cuando ayunamos; todo es una bendición y vemos cuán maravillosa piedad son el agua y el aire. Todo se transforma en un símbolo de la piedad y generosidad de Dios y de otros atributos de perfección. La comida es una señal de amor, una señal del favor divino. Es un signo que vuelve nuestra atención de la comida hacia el transmisor de este favor. También entendemos que el hambre no se nos ha dado solo para llenar nuestros estómagos y obtener un placer temporal del hecho de comer, sino para hacer de ese placer un signo, un medio para reconocer al dador de este placer y estarle agradecido solo a Él.

Cuando percibimos la comida como un favor divino, el placer que nos da es muchísimo mayor que el placer obtenido de la materia perecedera. Deja una satisfacción duradera: el placer de estar en presencia del interminable cuidado y amor de Dios. Este placer es la esencia de la adoración; es la semilla de los placeres del paraíso. Por eso cada vez que rompemos el ayuno, sentimos las buenas nuevas del placer duradero y lo disfrutamos.

Hay una celebración cada anochecer durante el mes del ayuno. Al final del mes, toda la comunidad celebra la festividad de romper el ayuno. En el Islam, la festividad se centra en la adoración más que en la comida. La fiesta se celebra con oraciones en grupo y glorificaciones a Dios durante tres días. La gente se visita unos a otros y se hacen regalos para expresar su gratitud a Dios y reflejar Sus Atributos como el Otorgador y el Compasivo en sus propias vidas. La festividad es disfrutar siendo el invitado de honor del Creador Misericordioso, un estado del que nos damos cuenta mucho mejor cuando ayunamos con la intención de lograr tawhid. Es más, cuanto más nos damos cuenta de lo necesitados que estamos, más nos cubriremos de bendiciones (ni’ma), y todo nuestro ser se llenará de gratitud hacia el Creador compasivo. Aquellos que se rinden a esta realidad dicen: Alabado sea Dios, Señor de todos los mundos, Quien es el Señor de todos los regalos, el Señor de todas las cosas. Alabar al Creador Misericordioso es la esencia de la adoración.

El ayuno nos recuerda nuestras necesidades. Y nuestras necesidades son el medio de probar todas las cosas y de sentir empatía hacia el necesitado (y todo lo que se necesita). A través de nuestras necesidades nos comunicamos con el resto del mundo en nombre de Dios. Vemos que no somos ajenos a otras personas ni a otros seres. Entonces el espíritu se regocija ante estas buenas noticias si el estómago ruge. Dios dice en el Corán: “Para ellos hay buenas nuevas de felicidad en la vida de este mundo y en el Más Allá” (Corán 10:64). Entonces podemos compartir todo con todo el mundo porque no nos sentimos ansiosos a la hora de satisfacer nuestras necesidades ya que el Creador Misericordioso ha cuidado de ellas. Es el fin del egoísmo. Quedamos liberados del mundo ilusorio del ego. Dar y compartir con otros ya no suponen un sacrificio porque de todos modos nada nos pertenece. Se nos da todo continuamente y lo compartimos con otros, recordamos y afirmamos esta realidad de caridad. Por eso es por lo que compartir es fuente de alegría y una ayuda para comprobar nuestra posición como invitados de honor del Señor de este mundo.

Si ayunamos con este conocimiento, recordamos al verdadero poseedor de bondades y cosas hermosas. La comida no es mero sustento, sino un regalo de Dios para ser comido y usado en Su nombre. Entonces nos gusta la comida en nombre de su Creador que la hizo buena y nos la ofreció como regalo de amor y amistad.

Si amamos las cosas por lo que son, si imaginamos que las cualidades que las hacen adorables son inherentes a ellas, las estamos convirtiendo en ídolos. El amor es adoración. Y el amor hacia los ídolos es lo contrario a tawhid. El Corán enseña que asociar copartícipes a Dios es asociarle cualidades manifiestas en objetos y en nosotros mismos a las cosas en sí más que al Hacedor.

Las cosas no son hermosas, ¡las han hecho hermosas! Amamos la belleza, pero la belleza pertenece solo al Creador. Las cosas deberían ser amadas en nombre de su Hacedor, y eso es lo que bismillah (en el nombre de Dios) se supone que debe recordarnos. En otras palabras, someternos a la realidad cósmica de tawhid, debemos romper nuestros ídolos y acabar con nuestra ilusión de que las cosas son buenas o adorables independientemente de su Creador.

Esto es lo que simboliza el sacrificio del cordero en Eid al-Adha. Esta fiesta del sacrificio es la más importante en el calendario musulmán. Tiene lugar unos dos meses después de la festividad de romper el ayuno y concluye con Hajj, la Peregrinación a Meca. Dura cuatro días y conmemora la rendición de Abraham a la voluntad de Dios. La festividad representa la fidelidad de Abraham con el sacrificio de un animal. Las familias donan una fracción de la carne a los pobres y a los vecinos. En el Islam, Abraham es conocido como el padre de tawhid; el Corán dice que es el modelo de taslim (sumisión a la voluntad de Dios):

“Abraham fue un líder ejemplar, sinceramente obediente a Dios como un hombre de pura fe, libre de cualquier mancha de incredulidad o hipocresía, y no era de los que atribuían copartícipes a Dios. Siempre agradecido por Sus favores, El le eligió y le guió hacia el camino recto. En el mundo le concedimos el bien y, sin duda, será de los justos en el Más Allá” (Corán 16:120-121)

“Nosotros le escogimos como puro y distinguido en esta vida y en el Más Allá; Cuando el Señor le dijo “Sométete del todo (a tu Señor)”, respondió “Me he sometido totalmente al Señor de los Mundos” (Corán 2:130-131)

Abraham destruyó todos los ídolos que su gente adoraba. Sabía que nada merecía la pena ser adorado excepto Dios. Finalmente, tuvo que destruir todos los ídolos en su corazón para que todo su amor fuera solo en aras de Dios. Pero ¿cómo pudo hacerlo? No lo hizo renunciado al mundo físicamente como pensó en un principio. El Corán dice que Dios aceptó su intención, pero Dios también le enseñó que la renuncia es solo metafórica. El mundo no es un obstáculo para el amor y veneración a Dios; todo es de hecho un signo (ayah) que nos hace conocer a Dios. El problema no es con el mundo, sino con nuestra visión del mundo y con nuestra relación con él. Del mismo modo, el problema no era con el hijo de Abraham, sino con la naturaleza de su amor por este niño.

Dios le enseñó a Abraham que la solución no era matar a su hijo sino amarle en el nombre del Creador. Abraham se sometió a la voluntad de Dios porque sabía que Dios le había hecho amar a su hijo, y confió en la infinita misericordia y sabiduría de Dios. Dios le enseñó que con el fin de confirmar la realidad de tawhid en su vida, no necesitaba abandonar el mundo y renunciar a su hijo, sino más bien que tenía que amar a su hijo en nombre de Dios. No tuvo que renunciar al mundo físicamente. ¿Para qué fue entonces creado el mundo? ¿Y cómo vamos a conocer a Dios sin el mundo físico? No imaginándoLe. Solo siendo testigos de las obras de misericordia de Dios y siendo Sus amigos. En el Islam, el ascetismo solo es metafórico; el mundo no es un obstáculo a nuestra relación con Dios. Al contrario, todas las cosas en el mundo son una forma de discurso, explicando los Divinos Atributos de Dios y haciendo que Le conozcamos.

Esta revelación también es ocasión de una gran festividad, donde oraciones y adoración son el centro. En la víspera de esta gran fiesta, es tradición recitar la sura Ikhlas (la declaración de tawhid) mil veces para recordar la esencia de la historia de Abraham y su hijo. Los musulmanes deben repetir las palabras Allahu Akbar (Dios es el Más Grande), durante unos días después de sus oraciones diarias. En este sentido, ayunar de la idolatría es regocijarse y celebrar la amistad y el amor de Dios. De esto trata tawhid. No olvidemos que tawhid es también el propósito principal de las enseñanzas del Corán. Tawhid es la esencia del Islam y la esencia de la adoración; es la esencia del ayuno y la esencia de la festividad.

 

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

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