El significado y finalidad de Dunya (Mundo)

Practicar el Islam es someterse a la realidad. Es darse cuenta que nada en este universo es una deidad. En otras palabras, nada tiene un origen o poder en sí mismo; es un recipiente, y el origen de todo es Él quien es el Creador Consciente y Sustentador de esta creación, Dios.

Muchos de nosotros tenemos tendencia a ser perezosos en lo referente a asuntos terrenales tras habernos implicado más en los asuntos religiosos. Este problema está relacionado con el significado de esta vida y en cómo se relaciona con el Más Allá. Muchos de nosotros vivimos una dicotomía entre religión y vida, y esta es la fuente de muchos de nuestros problemas.

Cuando decimos “dunya” (mundo) en un discurso religioso, tendemos a entender un solo significado: el dunya (mundo) que ha sido condenado por Dios y su Profeta. Dunya (El mundo) está sucio (es algo de lo que debemos deshacernos y es impuro). Cuando nos centramos más cuidadosamente en el tema, vemos que hay dos definiciones de “dunya (mundo) en el Corán y nuestra percepción de “dunya” (mundo) es crucial a la hora de vivir esta vida.

La primera definición es el “dunya”(mundo) condenado como se menciona en la siguiente aleya: “¡Oh seres humanos! Apartaos de la desobediencia a vuestro Señor en veneración a Él para merecer Su protección, y temed un Día cuando ningún padre podrá hacer nada por su hijo, ni ningún hijo podrá hacer nada por padre, en absoluto. La promesa (del Juicio Final) de Dios es con toda certeza verdad. Entonces, no dejéis que la vida presente y mundana os engañe, ni dejéis que cualquier embaucador (incluido especialmente Satanás) os engañe (en vuestras concepciones) sobre Dios” (Corán 31:33)

La segunda definición es “dunya(mundo) como granja del akhirah (Más Allá) como lo describió el Profeta Mahoma: “el mundo es la granja del Más Allá”. Dios también dice en el Corán: “Quien obre un mal será correspondido por ello y no encontrará para él, aparte de Dios, guardián ni ayudante. Y quien haga actos rectos, sea varón o hembra, y sea creyente, esos entrarán en el Paraíso y no se les hará siquiera la muesca de un hueso de dátil de injusticia” (Corán 4:123-124)

Esta definición de “dunya (mundo) también conlleva que es un lugar de educación y aprendizaje sobre Dios. Si pensamos en “dunya (mundo) de la forma en que la segunda definición lo sugiere, entonces no tiene que ser condenado, sino al contrario, es la gracia de Dios sobre nosotros con el fin de conocerLe y estar con Él para siempre. Sin “dunya (mundo) no podemos lograr estas dos importantes metas, o en otras palabras, no podemos saber el propósito para el que hemos sido creados. Dios dice en el Corán: “No he creado a los genios y a los seres humanos sino para que (Me conozcan) y Me veneren (exclusivamente)” (Corán 51:56). Darse cuenta de ubudiyyah (servidumbre/adoración) llega solo cuando comprendemos lo que significa y lo vivimos en este mundo. Cuanto más entendamos nuestra ubudiyyah más entenderemos de quién somos siervos (abd), o quién es nuestro Señor, lo que nos lleva al conocimiento de Dios. Esto significa que este mundo es importante, de hecho, vital. Sin el mundo no hay akhirah, no hay ma’rifa (conocimiento de Dios). Vivir en el mundo no es estar condenado a él o escapar de él. Al contrario, solo a través de esta vida somos capaces de ver nuestra humanidad, de convertirnos en verdaderos seres humanos, vicegerentes de Dios en este mundo, humanos conscientes del significado del mundo y que trabajamos para que este significado sea más visible.

Ahora tenemos que ver cómo afecta esto a nuestra vida práctica. Dios ha puesto en orden esta vida. Ha establecido el orden. En este orden tenemos que trabajar para vivir, nos casamos y tenemos hijos, somos hombres o mujeres, y tenemos ciertas necesidades. Este es el orden de Dios y lo deseó de este modo. Ya que estamos aquí para aprender, todo lo que hacemos en nuestra vida debería estar relacionado con nuestra educación. Este es nuestro programa de estudios y el escritor de dicho programa es Dios. Nos asigna profesores: los Profetas y un libro para que lo usemos como guía, el Corán. Todos y cada uno de los hechos a los que nos enfrentamos en este mundo forman parte del currículo, y este mundo es nuestra granja, nuestro laboratorio, donde recibimos esta educación tan importante.

Llegamos a saber que sólo somos siervos, nada más. No hay modo de que podamos llegar a esta conclusión sin estar en este mundo. En cada acción, comprendemos que no poseemos nada, pero se nos da confianza de parte del Creador. Entendemos que nos han sido concedidas muchas potencialidades para usar en este mundo.

Así que lo importante no es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. Si nuestro trabajo es enseñar el Corán, este acto en sí no es importante. Lo importante es cómo lo hacemos y con qué actitud realizamos este trabajo. ¿Somos conscientes de que se nos han dado unas potencialidades y que mientras hacemos nuestro trabajo estamos viendo y utilizando las capacidades otorgadas por Dios? ¿Somos conscientes de que ninguna de estas habilidades son nuestras, sino que todas provienen de Dios? Él nos enseña a través de la enseñanza; Él es un maestro. Dios es el Misericordioso que guía a los seres humanos y es el Omnisapiente. Si no somos conscientes de esto mientras enseñamos el Corán, entonces no ganamos nada con ello.

Por el contrario, digamos que nuestro trabajo es limpiar calles, y alhamdulillah (gracias a Dios), no hay ninguna deshonra en ello. Si la persona que se encarga de este trabajo es consciente de cómo lo realiza, entonces ha sido educado en la escuela de Dios. Si nota las manifestaciones del Atributo de Dios Al-Quddus (el Puro) mientras hace su trabajo, y agradece a su Señor por permitirle realizarlo, entonces esta persona se siente feliz, satisfecha y avanza en la “escuela”. Ahora está siguiendo las huellas de los Profetas que fueron enviados para enseñarnos que todo viene de Dios y vuelve a Dios, y que no debemos olvidar a Dios en ningún instante. El mismo paradigma debería aplicarse cuando lavamos los platos o limpiamos la casa. Se vuelve una acción más agradable si se hace como es debido.

Si nos damos cuenta de cómo Dios nos educa en esta vida, entonces todas las dicotomías desaparecen, y nos convertimos en duros trabajadores en cualquier aspecto de la vida, pero con una apertura de mente diferente. Es entonces cuando empezamos a vivir nuestra ubudiyyah en cada momento, con felicidad y satisfacción. Damos las gracias a Dios por crear un mundo tan maravilloso y por ser de los que Le alaban. La alabanza es quedar internamente satisfechos con lo que Dios nos ha dado. Como nos enseñó el Profeta, una de las puertas al Paraíso es la puerta de los que están constantemente en un estado de satisfacción con su Señor. Su Señor establece esta escena del mundo para que podamos aprender el significado de la vida y descubrir quiénes somos y quién es nuestro Creador con el fin de prepararnos para la vida eterna.

Echemos un vistazo a la vida de los Profetas y de los compañeros y veamos que no había ninguna dicotomía entre la vida y la religión. Para ellos, la vida era su educación religiosa, y se aferraban fuertemente a ella con la apertura de mente del iman (fe) en lugar de abandonarla y volverse perezosos.

El Profeta Mahoma era un pastor, un mercader, una persona que limpiaría su casa, prepararía sus comidas y doblaría sus ropas. Permanecía activo todo el día, ayudando en todo sin malgastar ni un momento.

Los Profetas Zacarías, Juan y Jesús eran carpinteros, que trabajaban y se ganaban la vida. Los Profetas David y Salomón eran reyes, que vivían plenamente en el mundo, y daban cuenta de este modo de la educación de Dios. Como dice el Profeta Salomón en el Corán: “Este es por medio de la gracia pura de mi Señor Quien puede ponerme a prueba ya sea si agradezco o actúo con ingratitud” (Corán 27:40). ¡De esto se trata la vida! ¿Seremos de los agradecidos o de los que olvidan quién es el dador de bondades?

Cuando leemos las historias de los compañeros, vemos que parecían apegados al mundo, pero en su segundo y tercer significado. Eran muy activos, viviendo sus vidas dándole a cada segundo su valor, sabiendo que vale la pena vivir cada segundo de esta vida, porque fue dada por nuestro Señor con un objetivo. Así que, queridos hermanos y hermanas, esta vida no tiene ninguna dicotomía. Dios es el Señor de los Cielos y de la Tierra y de lo que hay entre ellos. Si tenemos la impresión de que hay dicotomías, significa que tenemos que trabajar más duro, aprender más, sentarnos y reflexionar sobre nuestras vidas. ¿Quiénes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿De dónde venimos y a dónde vamos? Solo cuando nos demos cuenta de nuestra realidad, de que solo somos siervos de Dios, la vida comenzará a cobrar sentido logrando mayor satisfacción y serenidad y diremos en alto: “Gloria a Dios por todas las cosas; Dios es el más grande; está exento de cualquier imperfección” (Alhamdulillah; Allahu Akbar; Subhanallah)

La vida es bella. Dios la hizo de este modo. Este no es un lugar para permanecer, sino un lugar para aprender y quedar satisfechos con nuestro Señor. Si tenemos problemas en nuestras vidas, si las cosas no cobran sentido, si sentimos la vida como un gran peso, entonces necesitamos la orientación de nuestro Creador. Buscar orientación, pedirla y trabajar por ella. Hay muchos círculos de estudio en los masjid y otros lugares. Preocúpate de aprender y no dejes que tu vida pase en balde, porque se nos preguntará en el Día del Juicio Final lo que hemos hecho con la confianza que Dios ha depositado en nosotros.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

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