¿SANCIONA EL CORÁN LA GUERRA?

En la jurisprudencia islámica, ningún clérigo ordenado por decreto divino dirige los asuntos religiosos. Solo hay eruditos, sabios que asumen el estudio extensivo de las ciencias islámicas. Ningún puesto oficial decide quién es elegible de ser considerado erudito cualificado para dar su opinión sobre asuntos religiosos. Aunque se anima a los creyentes a consultar a otros, en especial a los eruditos, cada uno es responsable individualmente de sus creencias y actos.

Al igual que la ley en Estados Unidos, la jurisprudencia islámica se basa en los precedentes. Cada resolución o reforma se basaba en las decisiones e interpretaciones de juristas y eruditos anteriores. Pero muchos movimientos que surgieron en el último siglo no estaban de acuerdo con esta práctica, e inventaron nuevas interpretaciones y sentencias que eran contrarias a siglos de jurisprudencia y teología islámicas. Es más, refutaban todas las demás interpretaciones. La más controvertida entre todos estos puntos de vista cuestionables se refiere al significado de jihad. El método más conocido para discernir el significado de esta palabra tan debatida es volver al texto original que es la fuente de toda la jurisprudencia y teología islámicas.

¿Qué es jihad según el Corán? ¿Qué dice el Corán sobre la guerra? De acuerdo con el consenso de los cronógrafos clásicos y contemporáneos, la siguiente aleya indica que no hay “guerra santa” sino que hay “guerra justa” o “guerra injusta” en el Islam. Las aleyas también aclaran que jihad no significa guerra ni lucha, sino más bien “esforzarse duro por una buena causa”.

Algunos principios Coránicos

La ciencia de la hermenéutica requiere que la interpretación de cualquier texto tenga en cuenta al escritor, la intención del escritor, el destinatario, y el contexto. Este es el método para entender el mensaje del Corán. Una sola aleya fuera de contexto, e interpretarla sin tener en consideración el texto al completo, inevitablemente distorsionaría el sentido de la aleya. Los siguientes son algunos principios generales del Corán que deberían servir de base para la interpretación de aleyas individuales.

“No hay coacción en la religión” (Corán 2:256)

“Si tu Señor lo quisiera, todos aquellos que se hallan sobre la Tierra sin duda habrían creído. ¿Obligarías tú, entonces, a la gente hasta que sean creyentes?” (Corán 10:99)

“Y di: la verdad de tu Señor (ha venido en este Corán). Entonces, todo aquel que quiera creer, que crea; y todo aquel que quiera, que no crea…” (Corán 18:29)

“La bondad y la maldad nunca pueden ser iguales. Rechaza el mal de la mejor manera. A continuación contempla: aquel entre el cual y tú había enemistad se ha convertido en un amigo íntimo” (Corán 41:34)

“… y repelen el mal con el bien. Tales son aquellos para quien se da la última morada” (Corán 13:22)

“… la reconciliación pacífica es mejor…” (Corán 4:128)

“quien mate a un alma (a no ser que sea por asesinato o por causar desorden y corrupción en la Tierra) será como si hubiese matado a toda la humanidad. Si salva una vida, será como si hubiese salvado a toda la humanidad” (Corán 5:32)

“No matéis a ningún alma que Dios ha prohibido excepto por una causa justa. Si alguien ha sido matado injusta e intencionadamente, hemos concedido a su heredero la autoridad de reclamar el talión o perdonar. Pero que no exceda los límites legítimos al matar. Sin duda, ha sido auxiliado” (Corán 17:33)

“Guerra justa” en el Corán

He aquí algunas aleyas que abordan la lucha (qital) en el campo de batalla. Todas estas aleyas deberían ser leídas y entendidas solo cuando existe una Guerra Justa en curso.

“Combatid en la causa de Dios contra los que combatan contra vosotros, pero no excedáis los límites, pues cierto es que Dios no ama a los que exceden los límites” (Corán 2:190)

Esta aleya hace permisible la guerra solo como autodefensa e incluso así, la agresión no está permitida durante la lucha.

“A los creyentes contra los cuales se hace la guerra se les ha dado permiso para que luchen en respuesta por haber sido tratados injustamente. Sin duda, Dios tiene poder absoluto para ayudarles a la victoria” (Corán 22:39)

Otra vez, la lucha se declara permisible contra una guerra librada injustamente.

“Dios no os prohíbe, por lo que se refiere a aquellos que no os hacen la guerra por motivo de vuestra religión, ni os expulsan de vuestros hogares, que seáis amables con ellos, y actuéis con ellos con equidad. Dios sin duda ama lo escrupulosamente equitativo” (Corán 60:8)

Se pide a los creyentes que sean amables con cualquiera que no luche contra ellos, sin importar su creencia.

“Dios tan solo os prohíbe, por lo que se refiere a aquellos que os declaran la guerra por motivo de vuestra religión, y os expulsan de vuestros hogares o apoyan a otros para que os expulsen, que los adoptéis como amigos y protectores. Todos aquellos que los adopten como amigos o protectores, esos son los malhechores” (Corán 60:9)

Como se enumera claramente en la aleya, la lucha solo se permite cuando a) una guerra se libra contra los creyentes a causa de su fe; b) los creyentes son expulsados de su tierra; y c) se ayuda a los que conducen a los creyentes fuera de sus territorios

“Combate por la causa de Dios ya que solo eres responsable de ti mismo. Tal vez Dios reprima la fuerza de los que se niegan a creer. Sin duda, Dios es Más Fuerte en poder y Más Fuerte en represión y castigo” (Corán 4:84)

Animar a los creyentes a superar todo miedo a la muerte es válido durante una guerra que ya está en curso para disuadir al opresor, no como incitación a la guerra

“Cuando os dirijan un saludo, devolvedlo con uno mejor o el mismo. No cabe duda, Dios lleva las cuentas de todas las cosas” (Corán 4:86)

El objetivo de la guerra debe ser prevenir la opresión, no ser vencedores. Cuando se ofrece la paz, se debe aceptar sin reservas.

“A excepción de quienes busquen refugio entre una gente con la que tengáis un tratado o vengan a vosotros con el corazón encogido por tener que combatir contra vosotros a la vez que contra su propia gente. Si Dios hubiera querido, les habría otorgado poder sobre vosotros y os habrían combatido. Si se retiran, no os combaten y os ofrecen la paz, entonces, Dios permite que vayáis contra ellos” (Corán 4:90)

La lucha solo se permite cuando una guerra se declara contra los creyentes. De otra manera, no se concede el permiso de declarar una guerra unilateralmente.

“…. Si no se apartan de vosotros, ni os ofrecen la paz, ni contienen sus manos, atrapadles y castigadles dondequiera que les encontréis. Es contra tales personas sobre las que os hemos dado plena autorización” (Corán 4:91)

Durante una guerra que ya está en curso, si los agresores no dejar de atacar a los creyentes y no les ofrecen la paz, entonces los creyentes tienen permiso para atrapar a los que insisten en atacarles

“Si te encuentras con ellos en la guerra, trátales de manera que sirvan de escarmiento a los que vengan detrás para que así recapaciten y sean considerados” (Corán 8:57)

El objetivo no es resultar vencedor en la guerra, sino prevenir que la guerra continúe

“Preparad contra ellos todas las fuerzas y caballos destinados para que así podáis desanimar a los enemigos de Dios y a vuestros enemigos así como a otros aparte de ellos, los cuales no conocéis. Dios los conoce. Lo que gastéis en la causa de Dios, se os pagará con creces y no sufriréis ninguna injusticia” (Corán 8:60)

El propósito de estos preparativos es evitar potenciales guerras futuras

“Y si se inclinan por la paz, inclínate tú también y encomiéndate a Dios. En verdad, El es Quien todo lo Oye y Omnisapiente” (Corán 8:61)

“Y si buscan engañarte en verdad que Dios es suficiente para ti. El es Aquel Quien te fortaleció con su auxilio y con los creyentes” (Corán 8:62)

Según el conocidísimo cronógrafo del Corán Fahruddin Razi (1149-1209), esto significa que incluso si te ofrecen la paz para engañarte, esta paz debe ser aceptada, porque todo el juicio a sus intenciones debe basarse solo en la evidencia externa. En otras palabras, la mera sospecha no puede ser una excusa para rechazar una oferta de paz.

“Castigadles dondequiera que los encontréis y expulsadlos de donde os hayan expulsado. El desorden es peor que matar. No luchéis contra ellos en las cercanías de la Mezquita Sagrada a menos que luchen contra vosotros allí, pero si luchan contra vosotros, castigadlos, esa es la recompensa de los incrédulos” (Corán 2:191)

El prerrequisito para el permiso de acabar con los opresores es su persistencia en la lucha contra los creyentes y no inclinarse hacia la paz. Fahruddin Razi afirma que el mandato en esta aleya es válido solo en el contexto de la hostilidad ya en curso, no cuando no existe hostilidad física entre creyentes y no creyentes. Un comentarista más reciente, Said Nursi (1877-1960) interpreta dichas aleyas que dan permiso para “conducirles lejos de donde te han llevado como abrumando la idea de la negación de Dios o materialización en el ámbito donde se originó aportando las pruebas para la existencia de su Creador del propio asunto en sí”

“Entonces si desisten, sin duda, Dios es Indulgente, Compasivo” (Corán 2:192)

“Seguid luchando contra ellos hasta que no haya más desorden y la religión sea para Dios. Sin embargo, si desisten, no hay entonces hostilidad excepto contra los malhechores” (Corán 2:193)

La lucha se permite hasta que Dios pueda ser adorado sin temor a la persecución y nadie esté obligado a someterse ante otro ser humano. Si la persecución se detiene entonces toda hostilidad debe cesar.

“Aquellos que han sido expulsados de sus hogares contra todo derecho, por ninguna otra razón más que decir Nuestro Señor es Dios. Si no fuese porque Dios repele alguna gente por medio de otras, los monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas, donde Dios es regularmente venerado y Su Nombre es en gran medida mencionado, habrían sido demolidos. Sin duda alguna Dios ayuda a todo aquel que ayuda en su causa” (Corán 22:40)

La lucha contra la opresión no queda confinada solo a la defensa de las mezquitas, sino a la de todos los lugares donde se alaba el nombre de Dios – monasterios, iglesias, sinagogas.

“Y si alguno de aquellos que atribuyen copartícipes a Dios busca asilo por tu parte, concédele asilo, para que así pueda oír la Palabra de Dios y luego hazle llegar hasta un lugar donde esté seguro. Eso es porque son gente que no conocen” (Corán 9:6)

Esta aleya enfatiza la garantía de protección de mushrikun – no solo la Gente del Libro- cuando buscan protección en los creyentes. Pueden ser aceptados como “vecinos” de la comunidad creyente. Si quisieran abandonar la comunidad de los creyentes, es responsabilidad de los creyentes el llevarles a un lugar donde puedan sentirse a salvo.

Conclusión

El análisis contextual de las aleyas citadas anteriormente deduce que la mayor prioridad en cualquier circunstancia es lograr la paz permanente. Los creyentes son encomiados a aceptar la paz, incluso cuando ello puede dañar sus intereses, y deben aceptar toda oferta de paz. No se permite librar una guerra contra la gente de forma unilateral. La lucha no es algo deseable y debe evitarse siempre que sea posible. El permiso para luchar se da solo en el caso de la autodefensa. Cuando un creyente ha sido atacado y lucha por defenderse, su objetivo debe ser detener la opresión, no lograr el triunfo. La lucha se permite solo contra la gente que:

  1. Libra una guerra contra la comunidad creyente a causa de su fe
  2. Expulsa a la comunidad creyente de su territorio
  3. Han ayudado a otros a expulsar a la comunidad creyente de su territorio
  4. Amenazan la seguridad de la comunidad creyente. Este juicio sobre la “amenaza” debe basarse en pruebas exteriores solamente, no es sospechas, que es algo subjetivo

 

La lucha se permite en el Corán solo para defender la verdad y a sus seguidores (incluyendo la defensa de monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas donde el nombre de Dios es exaltado). Los creyentes solo pueden comprometerse en una guerra contra los opresores que claramente se definen como una fuerza militar. La fuerza militar no debe mezclarse con la población civil. Un método de lucha prohibido es el uso de armas de destrucción masiva, que de forma indiscriminada matan a civiles además de al objetivo pretendido. Incluso entonces, la lucha solo puede ser declarada por un líder (califa) elegido entre la comunidad creyente, no por reyes ni gobernantes ni autoridades autoproclamados. Los individuos no pueden declarar la guerra ni tomarse la justicia por su mano. Esto es vigilantismo, lo que está prohibido en la ley islámica. Solo el Estado tiene autoridad en tales competencias.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

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