Los ángeles están en todas partes

“…Sé y es…” (Corán 2:117; 3:47; 6:73; 16:40; 19:35; 36:82; 40:68)

Todo en la creación solo puede tener lugar por la Voluntad y el Poder Absolutos; de otro modo, no podemos explicar su existencia.

Cuando usamos nuestro intelecto para comprender de qué trata el mundo, necesitamos observarlo e intentar llegar de ese modo a una conclusión. Vemos que las cosas existen sin interferencia física. Como si fluyeran en la existencia… Si no hay interferencia física en el proceso de existir, la Causa real de la existencia debe tener una conexión no física con lo que El está creando. Esto significa que Su relación con los seres físicos está en la naturaleza de una “orden/mandamiento”. ¿Cómo puedo entender este mandamiento? Solo hay una manera: El lo desea, y este deseo es suficiente para que las cosas existan. Esto implica que El es de una naturaleza que no se parece a nada en este universo porque veo que nada en este universo puede desear y lo que eso/él/ella desea llega a existir como resultado de este deseo. Por tanto, puedo concluir que Su deseo no está en la naturaleza de este universo; esto quiere decir que está más allá de los límites de este universo; por tanto es trascendental (trasciende este universo). Mi capacidad solo me permite describirlo con la palabra “absoluto”. No sé lo que es absoluto. Lo que sé es: no es de la naturaleza de este mundo; no puede describirse con ningún término con el que suela describir el universo. Puedes ponerlo en el idioma de la revelación: “La ilaha: no hay más dios” o “wa lam yakun lahu kufuwan ahad: y no tiene igual”. Esto implica que nada puede describirse con la palabra “absoluto” en este mundo porque nada es absoluto.

Los Profetas, y eruditos que interpretan el Corán, enseñan que Él ordena a los ángeles portar Su mensaje para crear cosas. Aún así, necesitamos llegar a esta conclusión nosotros mismos tras una cuidadosa observación y análisis de lo que atestiguamos en este universo. Puesto que la Causa de la existencia debe ser la Voluntad Absoluta, entonces ¿cómo puedo ver estas cosas limitadas, aunque provengan de una fuente Absoluta? Para mí, solo hay una manera de explicar su existencia. Lo que veo está limitado pero la Fuente debe ser un Deseo Infinito, que es capaz de hacer existir las cosas (que no existían).

Como resultado de mi observación, puedo concluir que las cosas deben ser transferidas desde el Deseo Absoluto hacia los objetos observables y limitados físicamente. Necesito entender este proceso en términos de transferentes. No sé lo que son. Pero estoy segura de que hay algo como un espejo que me refleja la luz del sol y de este modo puedo ver la luz del sol. Cuando escucho la revelación, que me dice que este universo existe por un Deseo Absoluto Consciente denominado Dios, denomina a los transferentes como ángeles que portan el mandamiento de Dios, que no es otra cosa que Su Deseo. Puesto que esta noticia cobra sentido para mí, comienzo a llamarles, como confirmación de la revelación, “Sí, estos transferentes son ángeles”.

Por tanto, observo el universo, veo que existe por el Deseo de una Causa Infinita. Este Deseo Absoluto me es transferido por algo que la revelación denomina ángeles. Uno puede preguntar aquí: ¿estamos imitando la revelación en lugar de confirmar su verdad? La respuesta a esta pregunta es: ¡No! ¿Por qué? Porque, debido a la observación y al análisis, llegué a la conclusión de que debe haber un tipo de transferente del Deseo del Causante Absoluto No Observable a este objeto limitado y observable, que me permite observarlo. Entre las muchas explicaciones de la existencia, solo la explicación de los profetas, que proclaman haber recibido el mensaje del Creador y que dicen que la fuente de existencia es un Creador Absoluto que crea estos objetos con Su Deseo Absoluto, tiene sentido para mí. Puesto que describen a estos transferentes como ángeles, digo ¿Por qué no llamarles ángeles? Son un tipo de criatura creada por Voluntad del Creador, denominado Dios, que hace posible que observe estos objetos creados y se comuniquen. Concluyo que estos objetos me son transferidos por un tipo de criatura que, por una parte, representa el Deseo del Eterno Creador en mi perspectiva; por otra parte, en lo que concierne a su existencia, están creados para recibir la Voluntad (mandamiento) del Creador y transferirlo a una forma limitada y observable. No es Dios quien necesita crear ángeles; soy yo quien necesito a los ángeles con el fin de observar y comunicar con los objetos. Dios no se puede observar, pero Sus criaturas sí. Me comunico con Sus criaturas a través de los ángeles. Llego a la conclusión de que los ángeles están transfiriéndome el Deseo de Dios. Esa es mi conclusión, por ejemplo la conclusión del ser humano observador. Así es como está establecido el universo.

Si digo “ordena a los ángeles que lleven Su mensaje”, aunque la afirmación sea cierta, metodológicamente es erróneo hablar de este modo. Tenemos que razonar para entender la naturaleza del universo y entonces decir “Recibo el mensaje de la creación a través de los ángeles que reciben el mensaje (el Deseo Absoluto) del Creador con el fin de hacerme entender que su origen de existencia es absoluto”.

En resumen, seguimos los siguientes pasos de observación y análisis para confirmar el mensaje:

  • Entiendo que hay mensajes significativos en los seres creados
  • Entiendo que estos mensajes me dicen que provienen de una Causa Absoluta de Existencia, el Creador
  • También entiendo que estos mensajes están siendo reflejados bajo una forma que puedo comprender gracias a un tipo de seres conscientes que deben haberlos recibido (los mensajes) del Causante de la Existencia.
  • Estos seres se denominan ángeles en la revelación. No veo razón para no llamarles así. Estoy convencido de que debe haber transferentes de todas formas; transfiriendo las cualidades Absolutas en manifestaciones limitadas.

 

Recordemos que si no hubiera objetos brillantes, no seríamos capaces de ver la luz del sol. La luz solar se vuelve observable solo tras reflejarse en objetos brillantes. Por eso el cielo es oscuro. No hay transferentes de la luz solar ahí. Solo hay un ejemplo para entender el tema de la existencia desde nuestra perspectiva. Hay sabiduría en la creación de la luz del sol y en el hecho de que se transfiera de esta manera. Podemos beneficiarnos de esta sabiduría y utilizarla como un ejemplo para comprender a los ángeles. De hecho, los ángeles dan forma a todo en la tierra dándole así forma a los mandamientos de Dios.

Todo en la tierra solo puede entenderlo, refiriendo su existencia a un Deseo Absoluto de un Ser Consciente, cuya voluntad está siendo transferida a este mundo por una especie de criatura cuya función es como un reflector que refleja el Deseo Absoluto (mandamiento) dentro de su limitada (y por tanto creada) capacidad. Así que, cuando veo un hermoso pájaro, veo al pájaro limitado, creado pero en su existencia veo las cualidades absolutas de su Creador, Dador de Forma, Decorador, Diseñador, Sabiduría del Creador, Conocimiento representado (reflejado) por criaturas transferentes, denominadas ángeles por la revelación.

Así que, una vez más las etapas del razonamiento son las siguientes:

  • Veo el pájaro creado, limitado
  • Veo que los Atributos Infinitos (Cualidades) se reflejan en este pájaro finito
  • Desde mi perspectiva, estas Cualidades Infinitas se me presentan por una criatura, que recibe la orden de “Sé y es” desde la Fuente Absoluta y las refleja bajo la forma de un pájaro que yo puedo observar; como un espejo que refleja la luz sin límite (de acuerdo a mi capacidad la luz no tiene límites). La revelación explica que estas criaturas son seres conscientes que anuncian la gloria del Creador con orgullo (reflejando Sus Cualidades Absolutas) y hace que las conozca.
  • Solo después de estas etapas puedo decir “Sí, todo es acto del Creador Absoluto, todo glorifica su Absolutismo de las Cualidades del Creador”. Por tanto puedo unirme a este “glorificar a Dios con adoración” junto con los ángeles. Esto es lo que se quiere decir con algunas aleyas de la revelación: los ángeles glorifican a Dios y los creyentes se unen a ellos. “No cabe duda de que Dios y Sus ángeles bendicen al Profeta. O vosotros que creéis, invocad las bendiciones de Dios sobre él, y rogad a Dios para que le conceda Su paz, saludándole con el mejor saludo” (Corán 33:56). Hacer “salawat sobre su mensaje” significa aprobar el mensaje que nos ha sido entregado. Ahora puedo confirmar que el universo demuestra esta aleya coránica.

 

¿Decir que los ángeles están en todas partes sería igual que decir que Dios está en todas partes? Sí, los ángeles están en todas partes reflejando las Cualidades Absolutas de Dios, pero Dios como tal no está en todas partes. Los reflejos de Sus Cualidades están en todas partes. Y la totalidad de esos reflejos puedo entenderla gracias a los ángeles que portan la orden (Voluntad) del Creador, que determina cómo un pájaro se aparecerá ante mí en la condición de este mundo creado y limitado. Será limitado y transitorio, pero al mismo tiempo reflejará la infinitud del Creador.

Uno podría formular la siguiente pregunta. ¿Por qué Dios ordenaría a los ángeles realizar una función cuando de todos modos Él puede estar en todas partes? La confusión tiene su origen en la estructura de la frase, que refleja la equivocada aproximación de razonamiento. No deberíamos pensar en ningún tema desde el punto de vista de Dios; no podemos pensar desde la perspectiva de Dios, pero a veces creemos que podemos. Sea lo que sea que pensemos, solo estaremos imaginando un “Dios” e intentando pensar desde Su posición. Esa imaginación no tiene realidad. Sin embargo, podemos aprender sobre Dios siguiendo las fases citadas más arriba y llegando a una conclusión. Cuando digo “La fuente de la existencia de este pájaro debe ser alguien Absoluto con Cualidades Absolutas, a lo que la revelación llama “Dios” y yo acepto este mensaje: atestiguo que no hay más dios que Dios”. Eso es. Sin pasar por las fases anteriores no puedo llegar a la conclusión de que no hay otra fuente además de Dios o que hay seres llamados ángeles que reflejan la orden Divina “Sé y es”.

La forma en que Dios da existencia al mundo es dejarnos a nosotros, seres humanos conscientes, llegar a la conclusión (no hay más dios que Dios). Somos nosotros los que necesitamos a los ángeles para comprender al Absoluto; el Absoluto no necesita a los ángeles para crear un mundo limitado. ¿Creo que Dios necesita agua para crear a las plantas? No. Así es como la planta es creada; y es mi trabajo observar la relación agua-planta y llegar a la conclusión de que el agua no puede ser el creador de la planta.

El orden en que las cosas comienzan a existir no debería hacernos pensar que el Creador necesita el orden para crear esos seres. Es más, nosotros, después de reflexionar sobre los seres, concluimos que el Creador ha hecho posible que yo entienda y concluya que estas cosas solo pueden existir por un Deseo Consciente de un Creador, creando las cosas dentro de un orden. En este orden de la creación, vemos que los ángeles también son creados para exaltar la gloria de Dios con alabanza, tal y como dice la revelación. Y puedo confirmar que hay orden en la creación de las cosas porque así es como puedo observar las Cualidades Absolutas en un ser limitado. ¿Cómo sería posible que yo concluyera esto, si no hay espejos que reflejen las Cualidades Absolutas en su capacidad limitada?

Sin aceptar la existencia de los ángeles, ¿cómo llegaría yo a la conclusión de que el universo es producto de un Ser Absoluto, Dios? Hacer una generalización de que este universo enorme, perfecto y sorprendente no puede existir como resultado de algunas secuencias de accidentes no tiene sentido, así que debe haber un Creador. Esta conclusión es correcta como resultado de un razonamiento puro. No es empírica. Uno no puede llevar esta fe en Dios a su vida. Uno no puede vivir en presencia de Dios con esta conclusión racional pura. En realidad este es el resultado del razonamiento solamente, no de todo el ser humano. Nosotros, seres humanos, estamos dotados de facultades para vivir en presencia de Dios mientras estemos en este mundo. ¿Cómo? Dándonos cuenta de que los ángeles están exaltando las Cualidades Absolutas del Creador recibiendo Sus órdenes y transmitiéndolas a otros seres en este mundo; y como si estuvieran invitando al ser humano consciente a unirse a sus veneraciones al Creador con alabanza. Por eso la revelación me dice que los ángeles continuamente alaban a Dios y se postran ante El, para que me una a su glorificación a Dios. Diciendo esto, mi Creador me sugiere que me dé cuenta de esto y me una a la alabanza. Solo de este modo puedo vivir en presencia de Dios. De otro modo, puedo confirmar la existencia de Dios solo como resultado de una actividad lógica, pero esto no me haría sentir que mi existencia no es otra cosa que la Voluntad de Dios, y que siempre estoy en Su presencia. Es una experiencia, un sentimiento, una realización que cambia la vida.

¡Intenta unirte a la orquesta de glorificación de los ángeles y póstrate con ellos de acuerdo a tu existencia! Mira los ángeles en tu propia existencia. No eres más que una Voluntad transferida del Creador por criaturas brillantes denominadas ángeles. No seas inconsciente de esta realidad. Continuamente reflexiona sobre tu sorprendente creación y los seres invisibles (ángeles) en todas partes…. Como hemos dicho, esto es real, no es imaginación. Quizás esta sea la razón por la que el Corán se nos presenta para creer en Dios y entonces tras este artículo de fe creer en los ángeles (Ver 2: 285). Sin la creencia en los ángeles, es imposible experimentar la existencia de las Cualidades Absolutas del Creador en cada criatura. De hecho, creer en los ángeles es uno de los preceptos de la fe junto con la unicidad de Dios.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

Filosofía Islámica de la Ciencia

La ciencia es el estudio sistemático del comportamiento de ciertos fenómenos (es decir, regularidades, uniformidades) en el universo físico. El estudio científico se basa en la observación, experimento, medición y formulación de leyes universales que describen estos hechos y fenómenos en términos generales permitiendo la predicción.

La ciencia tiene dos aspectos: el aspecto de “investigación” y el aspecto práctico (teléfonos móviles, coches, tecnología, etc). El proceso de descripción de regularidades (cosas que ocurren de un modo determinado) está incompleto y nunca es exhaustivo porque las regularidades no son exactas ni deterministas. Actualmente hay bastante aproximación y simplificación implicadas en el proceso. Algunos campos que están influenciados por este proceso aproximado incluyen la ciencia de la vida y las ecuaciones lineales y no lineales. Si se desea una ecuación exacta, entonces estas leyes científicas, útiles para la predicción, deben ser formuladas en términos matemáticos; esto representa el negocio de la ciencia al completo. Las ecuaciones obtenidas generalmente son no lineales. Estos problemas no lineales solo pueden ser tratados usando ordenadores potentes. Los problemas analizados son típicamente aquellos concernientes a pequeñas mediciones donde las amplias aproximaciones no funcionarían.

La popularidad de las raíces de la ciencia deriva de sus usos prácticos así como el modo en que hace uso de las regularidades del mundo para producir tecnología. El uso de la ciencia afecta virtualmente a todos los aspectos de la vida diaria, de ahí la importancia de su práctica. En otras palabras, la enorme popularidad de la ciencia es debida a sus resultados prácticos, como los anteriores ejemplos tecnológicos que hemos citado. La ciencia versa sobre el estudio de regularidades en el mundo material y la descripción de dichas regularidades con el fin de hacer que las predicciones y el uso diario que hacemos de la tecnología sean posibles.

Es importante acentuar que la descripción y el uso en la relación a la ciencia no significa explicar, más bien se usa para dar sentido a algo; la descripción no debe confundirse con la explicación. Es más, la ciencia se trata de describir, no de explicar. En el momento en que un científico habla sobre el significado detrás de la ley o la regularidad en la naturaleza, y nuestra habilidad para beneficiarnos de ello, deja de ser ciencia para aventurarse en la metafísica y la filosofía de la ciencia. Solo porque alguien sea un gran científico no significa que tenga un profundo conocimiento del significado de las leyes en el mundo físico y el universo; puede que sepa aplicar las leyes, pero eso no significa que sepa su significado. Así que tenemos la ciencia que trata de la descripción de los fenómenos, y tenemos algo más allá de la ciencia que conlleva la explicación y se conoce como filosofía de la ciencia.

Lo que la ciencia busca explicar

La ciencia no responde a preguntas sobre significado, cuestiones de entidad (como ¿quién está haciendo qué y por qué razón? ¿Quién es responsable de esta regularidad?), y no podemos criticar a la ciencia por no tratar estas cuestiones. Puede que sean preguntas importantes pero no es responsabilidad del campo científico responderlas. Por ejemplo, considera la Ley de la Gravedad. Tiramos el bolígrafo y cae. ¿Por qué ha caído? A causa de la gravedad.

Observamos que el bolígrafo siempre cae cuando lo elevamos y lo lanzamos; sin excepción. Llamamos a la conjunción entre realizar una acción (lanzar el bolígrafo) y su regularidad (caída) la ley de la gravedad. Esto quiere decir que la ley de la gravedad es simplemente el nombre que le hemos dado a esta regularidad, a este fenómeno; sin embargo, no quiere decir que el bolígrafo esté cayendo debido a la gravedad. En otras palabras, la física que creamos para describir esta experiencia se llama “Gravedad” y más tarde no podremos usar este término para explicar un fenómeno similar. Gravedad es el nombre dado al proceso, no una explicación para ello, pero en nuestras mentes tanto el nombre como la explicación del fenómeno se han convertido en lo mismo.

Otros ejemplos en nuestro mundo que podemos considerar son las estaciones del año. Piensa por ejemplo en la primavera; ¿a qué se refiere? Se refiere a la estación y a los cambios físicos y condiciones que acompañan a dicha estación, por ejemplo clima, aparición de flores, etc. Si en abril el clima se vuelve más templado (en el norte) y preguntamos por qué se ha vuelto más templado, alguien puede decir porque es primavera. Pero ¿es eso una explicación? ¿Por qué es primavera? ¿Qué es la primavera? “Primavera” es el nombre del acontecimiento, no de la explicación. Las palabras como “primavera” son nombres atribuidos al acontecimiento pero no la explicación. De hecho surge la pregunta: ¿está lógicamente justificado explicar una experiencia a través de una ley causal derivada de la misma experiencia? Al principio, cuando los científicos empezaron a formularse estas preguntas, no estaba claro cuál era la diferencia entre descripción y explicación. Durante mucho tiempo la ciencia estaba pensada como una empresa que competía con la religión a la hora de dar respuestas a la vida.

En lo referente a las leyes naturales, le filósofo americano del siglo XIX Charles Peirce remarcó el punto de que las leyes naturales sirven como descripción de fenómenos naturales, no como explicación de estos fenómenos: “ninguna ley de la naturaleza hace caer una piedra, ni una jarra de Leiden verterse, ni funcionar una pieza de ingeniería”

Una ley de la naturaleza dejada a su aire sería bastante análoga a un tribunal sin sheriff. Un tribunal en esas circunstancias podría inducir a algún ciudadano a convertirse en sheriff, pero no hasta que se haya provisto de un oficial quien, a su pesar, no podría imponer autoridad pero que podría ser el brazo fuerte, su ley debe ser la perfección de la razón humana aunque permanecería como meros fuegos artificiales. Solo así, deja que una ley de la naturaleza – digamos la ley de la gravitación- permanece como una mera uniformidad, una simple fórmula que establece la relación entre términos – y lo que en el mundo induciría a una piedra, que no es un término ni un concepto sino una cosa simple, para actuar de conformidad a esa uniformidad?

Del mismo modo, la ley de la gravedad solo es una fórmula, solo un nombre. No puede hacer, por ejemplo una piedra, actúa de acuerdo a ello. En otras palabras, Charles Peirce está diciendo que una ley de la naturaleza no es un agente que hace que las cosas obedezcan una regularidad en particular de la naturaleza. Es importante recalcar que la noción de ley está muy relacionada con temas de organismos y afinidad de la mente humana para percibir fenómenos naturales y la posibilidad de encontrar socios en la naturaleza más allá de la ciencia (¿cómo si no estamos tan sintonizados con lo que ocurre en el mundo que podemos percibir estas regularidades?). Estos asuntos anuncian la “grandeza” de la ciencia. Cuando llega a la afinidad de la mente humana para realizar modelos recurrentes en el universo, Peirce dice que:

“….la mente del hombre está fuertemente adaptada a la comprensión del mundo; al menos, en este ámbito, donde ciertos conceptos, altamente importantes para dicha comprensión, crece de forma natural en la mente; y, sin esa tendencia, la mente nunca podría tener desarrollo alguno”.

No habría ciencia si uno no pudiera entender las regularidades.

En nuestra investigación científica, nos justificamos en la búsqueda de estas regularidades con la esperanza de que, para la mayoría, permanezcan estables, pero no podemos asumir que hemos explicado cómo o por qué dichas regularidades/leyes son esenciales. Estamos justificados al decir que hay regularidades y esperamos que estas regularidades y las llamadas leyes universales sean esenciales en el futuro de forma que la tecnología pueda hacerse a partir de predicciones. Solo puede haber esperanza, y no certeza, porque la ciencia se basa en observaciones y hay muchos ejemplos donde puede que la misma observación no se produzca. Así que, aunque la ley científica es avanzada y casi exacta, hay aún una porción de esperanza/fe que no está lógicamente apoyada.

Sin embargo, no se ha dicho que la filosofía de la ciencia no esté completamente separada de la ciencia porque cualquier punto de vista mundial está apoyado por los científicos, sentidos diferentes se adhieren a los experimentos; algunos pueden incluso rechazar realizar ciertos trabajos pues conllevan algo con lo que no están de acuerdo.

Una ley científica afirma una observación repetida de la naturaleza. ¿Cómo llegamos a la conclusión de que tenemos una ley científica? Ocurren varios hechos, (no solo al investigador), que conllevan cierta regularidad, según ciertos parámetros y se crea una afirmación generalizada. El proceso de generalización de un limitado número de observaciones para dar lugar a una afirmación universal o ley se llama proceso de inducción, o a contemplar un cierto número de acontecimientos y decir que esto va a suceder todo el tiempo. La asunción del proceso de inducción es que cuantas más observaciones se hagan sobre un fenómeno particular más reforzará la ley. Aumentará mi certeza de cómo suceden las cosas. Esto está relacionado con el sentimiento de proveer una razón lógica a este modo de pensar.

Solo hay una forma de que esto sea cierto, y no tiene nada que ver con el número de observaciones. Asumimos la relación o conexión entre el objeto y lo que sucede, la causa y el efecto. La asunción es que hay una conexión necesaria entre la causa y el efecto. Uno debe ser capaz de explicar esta conexión de manera lógica, no como algo que dependa solo de la observación sino que también necesita el acontecimiento. Si esto no puede hacerse, si solo se basa en observaciones, la inducción es un problema. Al formular una ley científica, las generalizaciones hechas a través del método inductivo son un problema.

El método de la inducción en la ciencia es bien conocido: observamos un hecho repetido una y otra vez a lo largo del tiempo y juzgamos esta regularidad como algo con lo que podemos contar. Cada observación individual refuerza nuestra fe en una característica del mundo que persevera más allá de un tiempo específico o una circunstancia. En la base de estas leyes, presumimos que ambos la observación ha sucedido y que continuará siendo observada en otras ocasiones por otra gente. En otras palabras, estas leyes científicas universales ofrecen un tipo de certeza a mis observaciones individuales; lo que vemos en cada ocasión se apoya en leyes científicas. En resumen, estas leyes me dicen cómo es el mundo necesariamente, y como resultado confiamos en este proceso inductivo.

Así que, la aplicación básica de nuestro razonamiento inductivo es doble: primero pensamos que podemos describir lo que hemos visto con el uso de las leyes universales, y segundo, que podemos usar estas leyes establecidas para predecir lo que veremos. Sin embargo existe un problema con la mecánica del proceso inductivo. ¿Estamos justificados al formular estas leyes universales simplemente en base a un discreto número de observaciones pasadas que hemos realizado?

Por ejemplo, basado en la observación científica del movimiento planetario, podríamos sugerir que el “sol saldrá cada día”. Sin embargo, solo porque el sol haya salido en el pasado, no significa que continúe haciéndolo mañana o el día siguiente. Así que la inducción basada en el número de veces que ocurre un fenómeno particular es ilógica. No hay garantía de que volvamos a ver salir el sol de nuevo. El sentido de la fe que tenemos en las leyes científicas del movimiento planetario se basa en la suposición de que alguna necesidad ha provocado que el sol salga en el pasado y por tanto que continuará provocando que el sol salga en el futuro. De algún modo asimismo que sea lo que sea que hace que el sol salga, lo hará necesariamente todo el tiempo y bajo cualquier circunstancia. Asumimos la conexión entre causa y efecto que están relacionados. Para poner otro ejemplo, todo el mundo en Europa pensó que “Todos los cisnes son blancos” era verdad porque cada cisne que vieron en su vida era blanco. Sin embargo, cuando algunos viajeros regresaron de Australia y Nueva Zelanda informaron de que habían visto cisnes negros probando por tanto, que aunque cada cisne que tú hayas visto sea blanco, no quiere decir que sea necesariamente cierto. Esta observación negó las generalizaciones previas. Esto nos lleva al tema de la causalidad.

La causalidad es la relación entre un hecho (causa) y un segundo hecho (efecto), donde el segundo hecho se entiende como consecuencia del primero. En la relación de uno con otro, la inducción solo funciona a veces, la causalidad siempre funciona. Tiene poco que ver con el número de veces que ocurre; tiene que funcionar para cada relación causa-efecto. Una ley no estaría hecha de un experimento porque de algún modo sabemos que las casusas y los efectos no están necesariamente ligados unos con otros. Las consecuencias de este modelo del mundo es que el conocimiento empírico está conectado con las relaciones causales entre objetos y sucesos. Según este punto de vista, la lógica del descubrimiento científico es inductiva. En otras palabras, deduce leyes universales a partir de afirmaciones particulares.

Estas afirmaciones inductivas universales, se dice, constituyen el conocimiento por excelencia. Desde un punto de vista lógico sin embargo, no está tan claro, que las afirmaciones universales puedan ser deducidas de las particulares, sin importar lo numerosas que sean. Las deducciones inductivas solo pueden justificarse si la relación causal entre causa y efecto es necesaria, por ejemplo la verdad puramente lógica. Sin embargo, la relación entre causa y efecto es empírica y solo puede establecerse a posteriori a través de la observación.

La lógica del proceso de inducción es como sigue: Primero, supone que la inducción es válida, y entonces concluye que la causación es cierta. Mientras, desde el punto de vista de la lógica, es todo lo contrario; la inducción solo puede justificarse probando que la causación es lógicamente válida, por ejemplo, que la relación entre causa y efecto es necesaria. La inducción no es por tanto lógicamente un método justificado para lograr la universalidad. Como el filósofo de ciencia australo-británico Sir Karl Popper observa, la inducción científica es “inadmisible lógicamente”, “las teorías científicas nunca son por tanto empíricamente verificables”. El problema es que cualquier certeza que creamos que podemos lograr de una ley científica inducida ya no nos sirve como garantía de la verdad del mundo más que cualquier observación individual desde el punto de vista de la lógica.

¿Podemos contar con las leyes de la naturaleza? Depende. Podemos tener fe en ellas; podemos tener esperanza de que continúen en el futuro pero no existe una certeza lógica. No podemos probar que permanezcan siendo ciertas porque no podemos observar algo que sucederá en el futuro (el dogma del experimento).

El filósofo británico Bertrand Russell llama al dogma de la inducción, el “mayor escándalo de la filosofía”. Propone el ejemplo de un granjero y su pollo. El pollo veía que el granjero venía a diario para alimentarle. Dedujo que el granjero vendría a traerle comida cada día. Según el principio de inducción cada acto de alimentar añadía una justificación a su deducción. Entonces un día el granjero llegó y estranguló al pollo. El punto de vista de Russell es que ¡la inducción no puede justificar ninguna conclusión! En otras palabras, solo porque algo parece suceder una y otra vez, de ningún modo necesita ser así para siempre.

Los problemas críticos con el método de la inducción se han discutido mucho antes de los recientes debates y a menudo han estado conectados con el concepto de causalidad. El mismo tema fue también el centro de un acalorado debate entre filósofos y teólogos musulmanes allá por el siglo XII. Aquellos que mantuvieron la corriente (la mayoría de los implicados en el debate) debatieron acaloradamente y fue una minoría la que estuvo a favor de la inducción porque tiene que ser necesario y ¿qué hay de las leyes de la ciencia, las leyes de la naturaleza? Este problema crítico con el método de la inducción también fue señalado en el siglo XVIII por el filósofo escocés David Hume. Hume afirmaba que cuando observamos dos hechos relacionados causalmente, digamos una semilla (A) que da como resultado el crecimiento de un árbol (B), lo que de hecho observamos es la conjunción contingente de dos acontecimientos. Es decir, la causación que creemos percibir actualmente no está “en el mundo de ahí fuera” para que lo observemos. Cuando vemos dos hechos y los consideramos relacionados causalmente, es a través del hábito de la mente, algo que proyectamos al mundo. Una unión causal necesaria como tal, no está garantizada. Hume escribe: “cualquier objeto que se nos presentara, y se nos requiriera pronunciarnos sobre el efecto, que resultaría de él, sin consultar observaciones pasadas; tras lo cual, te ruego, ¿la mente debe proceder en su operación? Debe inventar o imaginar algún hecho, que adscriba al objeto su efecto; y está claro que la invención debe ser enteramente arbitraria. La mente nunca podrá posiblemente encontrar el efecto de la supuesta causa, por el escrutinio y examen más precisos. Ya que el efecto es totalmente diferente de la causa, y en consecuencia nunca puede ser descubierto en ella”.

Esto significa que las leyes causales de la naturaleza no son verdaderas lógicamente y no hay prueba evidente de que esto continúe sucediendo en el futuro. Si volvemos a nuestro ejemplo del sol que sale cada día y la explicación científica a ello en términos de efectos causales en el movimiento planetario, la objeción de Hume cobra el siguiente sentido: cualquier explicación científica que demos sobre la observación de las regularidades en el comportamiento planetario, ningún número de observaciones me da derecho a postular una ley universal. No hay necesidad integrada con la que podamos observar que nos diga que los planetas siempre se moverán de esa manera, y que el sol por tanto parecerá que sale cada día. Simplemente no podemos postular leyes universales que nos digan la forma en que el mundo es irrefutablemente y siempre será a menos que tengamos una buena razón para creer en esas generalizaciones. E incluso si pudiéramos creer en esas leyes universales como “el sol siempre saldrá”, no queda claro cuántas veces necesitamos ver salir el sol con el fin de justificar la propuesta de esta ley. ¿Cuántas “observaciones repetidas” bastarán para permitir la certeza de que algo continuará sucediendo, ya sea en la vida diaria o en el laboratorio? La observación científica, aunque detallada e informativa, no es la verdad irrefutable del asunto. Y si el método científico se restringe a la inducción, parece que nuestros reclamos al conocimiento operativo no son tan ciertos como pensamos.

¿La solución?

Sir Karl Popper ofreció una solución potencial a este problema pensando en el modo en que hacemos ciencia con una nueva perspectiva. Esencialmente, Popper llevó a la ciencia a lo más alto clamando que observamos la ciencia de manera errónea. En lugar de mirar la ciencia para que nos proporcione teorías que son verdaderas definitivamente, Popper dijo que deberíamos contemplar la ciencia para obtener teorías que hemos evitado demostrar como falsas durante mucho tiempo. Esta aproximación a la ciencia se denomina Falsificacionismo. Menos cantidad de soluciones y más cantidad de métodos abreviados, es una herramienta que se nos permite usar en el juego de la ciencia. Describe la aproximación de la Falsificación como: “para que el método científico sea racional, debe apelar al conocimiento de que es lógicamente racional”. Es decir, la ciencia no versa sobre hacer grandes leyes universales, sino sobre el examen de observaciones individuales. Según el modelo de falsificación, la ciencia se ocupa de evaluar y refinar. Lo que pensamos comúnmente como apelaciones científicas al conocimiento, son solo hipótesis que aceptamos hasta que se demuestra que son erróneas.

Fundamentalmente, Popper acepta que la ciencia nunca puede ofrecernos una certeza al 100%, pero, clama, que realmente no es un problema porque eso no es actualmente tarea de la ciencia. El propósito de la ciencia es simplemente dotarnos de una teoría que parece verdadera y que está basada en el hecho de que aún no hemos logrado probar que sea errónea. Una consecuencia desafortunada de esto, sin embargo, es que solo puedes estar seguro de las cosas que has demostrado como equivocadas. Sabemos, por ejemplo, que definitivamente el mundo no es plano. El problema con este hecho es que, aunque cierto, no es particularmente útil saber que algo es en definitiva falso. La práctica de la inducción va más allá de la lógica aplastante. Esto no quiere decir que sea irracional, sino más bien que es no racional o no lógica. Y así, para Popper, lo mejor que podemos esperar es que una apelación dada esté corroborada en un instante del tiempo y si lo suponemos de otro modo, estamos planteando el interrogante de la uniformidad de la naturaleza: que lo que siempre ha sido, continuará siendo (sin razón aparente).

Para recapitular, la ciencia no se hace cargo de la explicación; este es el ámbito de la metafísica. El modo en que explicamos las cosas depende de nuestras creencias y nuestra visión del mundo.

Intentar contestar preguntas de organismo, causalidad, y universalidad desde una perspectiva islámica se llama Filosofía Islámica de la Ciencia. En respuesta a estas preguntas desde la perspectiva islámica, hay cientos de aleyas en el Corán que hablan del mundo, de cálculos, y que observan el universo del que puede conseguirse.

En el caso del Islam, el Corán no hace separación entre lo físico y lo espiritual, o entre la materia y el significado. Son un continuo. La materia es el vehículo que porta un significado como el material de un libro por ejemplo, el papel y la tinta, y las formas de las letras, etc. Todo significa algo; llevan el significado y no puede haber significado sin materia. Desde la perspectiva del Corán la naturaleza trata de eso. Todo se ve como un signo o un símbolo que significa algo señalando a una realidad trascendente, por ejemplo algo que trasciende el material trasciende lo que hay aquí. Existe una continuidad ontológica con el mundo hacia el auténtico concepto de Dios.

Y esta conexión entre lo espiritual y lo físico, lo Divino y el Creador, imparte un cierto grado de santidad al mundo de la naturaleza. Así como las escrituras son sagradas, también lo es el mundo en la interpretación islámica. De hecho, así como el Corán presenta el mundo de la naturaleza como un signo, también denomina a sus aleyas signos, usando la misma palabra. La aleya en el Corán habla de fenómeno natural; se refiere tanto a la aleya en sí como a lo que la aleya hace referencia en el mundo exterior. Esta conexión semántica está reforzada a través de varias descripciones Coránicas.

Según el Corán, Dios se comunica enviando Sus signos. Básicamente no hay diferencia esencial entre signos lingüísticos y no lingüísticos (fenomenológicos); ambos signos son de igual modo signos divinos. Todo lo que habitualmente llamamos fenómenos naturales, como la lluvia, el viento, la estructura del cielo y la tierra, la alternancia de la noche y el día, el cambio de los vientos, etc., todo esto sería entendido, no como un simple fenómeno natural, sino como muchos signos o símbolos que apuntan a la intervención Divina en los asuntos humanos, como pruebas de la Providencia Divina, el cuidado y la sabiduría desplegados por Dios para el bienestar del ser humano en la tierra.

Dios habla con palabras a través de las Escrituras y a través de acciones en el mundo; ambos se ven como modos de comunicación. Por eso la naturaleza también se llama el Corán cósmico en la tradición islámica. Dios habla con un discurso verbal y a través de la actividad creativa. Ambos son signos y uno no existe sin el otro porque el Corán siempre se refiere al mundo exterior. Dios habla y crea y con el fin de entender Su discurso verbal, uno necesita observar la actividad creadora del mundo. Lo opuesto también es cierto: con el fin de entender lo que pasa en el mundo, uno necesita escuchar las Escrituras (discurso verbal). Como una película y su guión, si la película está en otro idioma o no hay sonido, ¿cómo vas a entender? Sería igual que mirar la naturaleza sin Escrituras. De manera inversa, si escuchamos el sonido de la película pero la pantalla está en blanco, sería como escuchar las Escrituras sin estar implicados en el mundo. Así como la naturaleza se ve como el Corán cósmico, los dos deben mirarse el uno al otro. Se ve menos como un libro y más como un discurso; existe la idea de que todo es dinámico y está en constante creación.

El Corán tiene una visión muy clara de la naturaleza y una visión coherente de la causalidad. Habla de las relaciones causales de la ciencia asignada a los Atributos Divinos. Por ejemplo, la diferencia entre ver un huevo inanimado y ver un pájaro vivo y volando que ha surgido de algo aparentemente sin vida se transforma en una maravilla. Debido a la polaridad entre los dos ejemplos, la causa es muy simple pero el resultado es dinámico, la relación y la conexión parecen existir.

El Corán menciona los cielos 310 veces, la tierra 451 veces, el proceso de la lluvia, las nubes y el agua más de 50 veces, etc. Habla de los mares, árboles, vegetación, la formación del embrión humano, etc.

“En los Cielos y en la Tierra, hay en verdad señales para los creyentes. Y en vuestra creación y en Su diseminación de las criaturas vivas se dan señales para una gente que busca la certeza de la fe. Y en la alternancia de la noche y el día, y en la provisión que Dios hace descender del cielo y por ella revivifica la Tierra después de su muerte, y en Su cambio de dirección de los vientos. Esas son las Revelaciones de Dios que os recitamos a vosotros con la verdad, ¿en qué otra declaración creerán pues si no es en las Revelaciones de Dios?” (Corán 45:3-6)

“Dios es Quien ha puesto el mar a vuestro servicio haciéndolo sumiso, de modo que los barcos puedan surcarlo por Su mandato y que vosotros podáis buscar de Su generosidad y que podáis dar gracias. Él también ha puesto a vuestro servicio todo lo que se halla en los cielos y la tierra. En esto se dan señales para una gente que reflexiona” (Corán 45:12-13)

“Es cierto que en la creación de los Cielos y la Tierra y en la alternancia de la noche y el día se dan signos para la gente de discernimiento. Conmemoran y mencionan a Diso de pie, sentados y recostados y reflexionan sobre la creación de los Cielos y la Tierra. Señor nuestro no has creado esto sin sentido ni propósito. Gloria a Ti” (Corán 3:190-191)

“Hemos establecido en la Tierra firmes montañas para que no les sacuda con su movimiento y hemos hecho en ella amplias sendas para que puedan encontrar su camino. Hemos establecido el Cielo como un manto protegido. Él es Quien ha creado la noche y el día, el sol y la luna. Cada uno en su órbita” (Corán 21:31-33)

“Sin duda os hemos creado de tierra y el origen material de cada uno de vosotros es la tierra. Luego de una gota de líquido seminal, a continuación, de un coágulo, después de un pedazo en parte formado y en parte informe, para ver la tierra seca y sin vida, y de repente cuando hacemos caer agua sobre ella, se agita y hace brotar todo par de vegetación agradable. Dios es Aquel Quien es la Verdad Absoluta y Leal” (Corán 22:5-6)

También hace un uso amplio de frases como “Así que mira a…”, “¿No ven que…?”, “¿No piensan que…?”, haciendo un llamamiento repetitivo a la audiencia para que miren el mundo.

“Di: Marchad sobre la tierra y contemplad cómo Dios originó la creación” (Corán 29:20)

“Entonces, que el ser humano considere su alimento. Que vertemos agua en abundancia, a continuación hendimos la tierra en surcos. Y así posibilitamos que el grano crezca allí, las uvas, las plantas comestibles, olivos y palmeras datileras, y los jardines frondosos, frutos y vegetación, como medio de sustento para vosotros y vuestros animales” (Corán 80:24-32)

“¿No consideran los camellos cómo fueron creados? Y el cielo ¿cómo ha sido elevado en lo alto? Y las montañas ¿cómo han sido puestas firmes? Y la Tierra ¿cómo ha sido extendida?” (Corán 88:17-20)

Hay menos interés en el “por qué” y más en el “cómo”. Aunque la ciencia, como estudio sistemático de la naturaleza que se desarrolló en la civilización islámica, no podría tratar la naturaleza y su estudio como una entidad separada de la visión islámica del mundo; esto incluye las ciencias que se inspiraron en la visión mundial del Islam – el concepto de tiempo, espacio, funciones trigonométricas (todo se relaciona). Todo esto sucedió en el siglo 12; funciones como el seno, coseno, tiene un trasfondo a una visión particular. Las regularidades, las leyes de la naturaleza reflejan actualmente las leyes de los Nombres Divinos.

En esta visión coránica, la naturaleza es un sistema dinámico más que un cuerpo inerte. La naturaleza acepta y actúa según los Mandamientos Divinos, como todo aquello que está entre los cielos y la tierra. Esta visión de la naturaleza le otorga cualidades metafísicas distintas. Más que ser autosuficiente, autónoma o aleatoria, la naturaleza es descrita por el Corán como un sistema sofisticado de entidades interconectadas, consistentes, uniformes y altamente activas, todo lo cual depende ontológicamente del Creador y Le exalta en su manera específica. Como repite a menudo el Corán “los siete cielos y la tierra y todo lo que se halla entre ellos glorifica a Dios”.

Esta dependencia y subordinación de la naturaleza a Dios sin embargo no ocurre por azar, puesto que los caminos y las leyes de Dios no cambian (Corán 33:62). Actualmente así es como se supone que el musulmán alcanza la fe en lo divino, por ejemplo observando la uniformidad de la naturaleza, que es una señal de actividad divina. Así el mundo entero de la naturaleza opera a través de leyes inmutables que pueden descubrirse investigando la naturaleza. Puesto que estas leyes son uniformes y conocibles, y puesto que la naturaleza apunta a algo más alto que ella misma – es decir, al Creador en Sí – nos indica que el estudio de la naturaleza nos lleva a un entendimiento de Dios, y esto es una forma de adoración.

El historiador de la ciencia, el Profesor Briffault escribió sobre la aventura científica en la forma en que fue llevada siglos antes en la civilización musulmana:

El método de la observación continua se llevó sistemáticamente – algunas observaciones duraron más de 12 años – en los observatorios de Damasco, Bagdad y El Cairo. Le dieron tanta importancia a la precisión en sus documentos que aquellos de especial interés eran formalmente firmados bajo juramento de forma legal (Briffault, 143)

Asimismo escribió:

Los árabes no solo crearon esas matemáticas que eran el instrumento indispensable del análisis científico, sino que sentaron los cimientos de los métodos de investigación experimental que en conjunción con los análisis matemáticos dieron lugar a la ciencia moderna (Briffault, 144-145)

Actualmente el emerger de la ciencia en la civilización islámica está conectado con el fenómeno del Corán que provee una clara concepción de la naturaleza, las leyes de la naturaleza y la causalidad, dando por tanto una visión coherente del sujeto de investigación científica (por ejemplo la naturaleza). Las ciencias que emergieron en la civilización islámica pueden verse como con uniones intrínsecas con la visión islámica incluyendo rituales islámicos como las cinco oraciones diarias o la peregrinación a La Meca.

Muchas ramas de la ciencia fueron directamente relacionadas a las prácticas islámicas y emergieron desde una visión específica de la naturaleza anclada en el Islam: la astronomía solía determinar la distancia y dirección hacia La Meca (la dirección a la que se dirigen los musulmanes para las oraciones diarias cinco veces al día); geografía; cartografía; y más. En ese momento, cuando la tierra se pensaba que era plana, Idrisi (siglo XII) la dibujó esférica.

Los científicos musulmanes estaban más interesados en el infinito que en lo finito. El tiempo y el espacio ya no eran conceptos estáticos (griegos), sino dinámicos. Ya que Dios se revela en este mundo en cualquier momento de la existencia, y que este mundo está continuamente existiendo, observaron el universo no como algo finito, no como siendo, sino llegando a ser. Expresaron esta convicción elevando números al estatus de funciones que implicaban movimiento, dinamismo, y conexiones relacionales (más que entidades separadas y estáticas).

El Corán continuamente afirma en los términos más claros que nada a excepción de Dios posee los atributos de Divinidad, y que bajo no importa qué nombre, ninguna causa tiene atributos como hacedor, creador, sustentador, elevador de plantas de la tierra, creador de la lluvia de los cielos.

“Di: “¿Quién os provee desde el Cielo y la Tierra? ¿Quién es Aquél que posee Poder Absoluto sobre vuestro oído y vuestra vista? ¿Quién hace surgir lo vivo de lo muerto y lo muerto de lo vivo? ¿Quién dirige todos los asuntos?”. Dirán: “Es Dios”. Di entonces: “¿Es que no vais a cumplir vuestro deber para con El con reverencia y temor a Su castigo?” (Corán 10:31)

El universo existe con el fin de conocer al Creador. Considerando la manera en que los seres son creados, aquellos que reflexionan pueden encontrar atributos que conciernen al Creador. Estos atributos divinos se conocen en la tradición islámica como los Bellos Nombres. Como tal, se supone que los musulmanes deben estudiar el universo con el objeto de conocer a su Sustentador a través suyo. Tanto las causas como los efectos, y particularmente sus relaciones de orden, reflejan los Nombres Divinos.

El Corán señala los numerosos y significativos beneficios en los efectos para poder entender que las causas inconscientes están infinitamente lejos de pretender los efectos. También puede entenderse que las causas son solo velos y estos sabios objetivos son la obra del Aquel que es Omnisapiente. Sabio y Poderoso, con infinito conocimiento, sabiduría y poder, etc. De este modo, el Corán descarta las causas de sus propios efectos. Un erudito musulmán explica esto con una metáfora: cuando se ve desde lejos, es decir, cuando se ven superficialmente sin cuestionarse, las causas y efectos aparecen como adyacentes. Pero acercándonos más, y escrudiñando la relación intencionadamente, podemos darnos cuenta que hay una gran distancia entre causa y efecto. Se entiende que incluso una causa aparentemente poderosa como el sol no tiene la menor influencia en el efecto más simple.

La llamada causa de efecto no posee el conocimiento y voluntad necesarios para que el efecto ocurra. Causa y efecto suceden al unísono pero no tienen relación por la que se afecten mutuamente. De hecho su acuerdo resuelto es un signo del Creador que les ha creado a la par. El Corán dice que aunque todas las causas se unieran no tendrían poder para crear el ser menos significante, por ejemplo el mosquito.

La lógica general del Corán en lo referente a la causalidad es:

  1. Ya que las causas son extremadamente triviales y sin poder y los efectos que se les atribuyen son significativos y llenos de arte, esto descarta las causas
  2. Los objetivos y beneficios de los efectos también descargan causas ignorantes y sin vida, y las cede al Hacedor Sabio.
  • También, el adorno y habilidad en la cara de los efectos indica un Sabio Hacedor que quiere dar Su poder a conocer a los seres conscientes y desea ser amado.

 

Esta concepción del mundo de ningún modo deniega la uniformidad del mundo. Actualmente es lo opuesto; el orden es en sí una prueba de unidad. Cada relación entre causa y efecto es considerada en sí como un signo que señala al Hacedor y Le atribuye el resto de la creación. El punto crucial es que estas relaciones son verticales y están directamente conectadas al Hacedor. El orden destacable del universo se entiende para proceder desde la Sabiduría de Dios. Las reglas y decretos de la creación proceden de los Atributos Divinos. La uniformidad de la secuencia de la causa y efecto en un signo (aya) que apunta a Dios y hace que se Le conozca con Sus Nombres y Atributos.

Dada las inherentes relaciones entre Dios, humanidad y naturaleza, es imposible en el Islam concebir la naturaleza como una entidad independiente y autosuficiente. De ese modo, la ciencia – como empresa organizada que estudia y explora el mundo natural – se concibe como una entidad integral al Islam. De hecho, la falta de separación entre estado y religión en la política islámica se aplica a otros dominios, ya que los musulmanes creen que el Islam no es solo un conjunto de órdenes y rituales sino un modo de vida, que abarca todos los dominios del conocimiento y la actividad humana. Esta visión se basa en el principio de tawhid, la Unicidad de Dios, un concepto que yace en el corazón de la tradición islámica. La unicidad o tawhid unifica todos los campos del ser y del conocimiento, convirtiéndolos en ramas del mismo árbol. Todo está conectado y deriva de la Fuente Única. Puede ser difícil para la mente occidental – acostumbrada a ver la religión como un conjunto de creencias personales – para entender este aspecto del Islam.

El significado del fenómeno y la regularidad es intencionado y hay piedad en ello. El orden no es algo dado sino un regalo y signo de cuidado y amor. Cuando un bebé sale del vientre materno, la leche de la madre está lista. Siempre existe la misma preparación para la vida de cualquier bebé; es un hecho. Aquí es donde la filosofía y la ciencia empiezan a “tocarse” y donde el Islam proporciona una filosofía a lo que la ciencia observa.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

5. Alcanzando el Conocimiento de Dios

 

Cada ser humano está dotado de una naturaleza inquisitiva; existe un interés innato por encontrar respuestas a las dudas existenciales: ¿De dónde vengo? ¿Por qué estoy aquí? ¿A dónde voy? La mayoría de aquellos que van en pos de las respuestas a estas dudas buscan alcanzar el conocimiento de su Creador a través de las Escrituras. Los principios de la hermenéutica (dar sentido a un texto) requieren conocimientos sobre el autor/orador y el lector/oyente, y el propósito del autor al escribir el texto. Por tanto en Usul al-tafsir (la metodología de la exégesis coránica), el orador (mutaqallim), el oyente (muhatab), la intención (maqsat) y la ocasión (maqam) son componentes esenciales. Con este propósito en mente Bediüzzaman Said Nursi (1877-1960), un renombrado erudito musulmán del siglo XX, presenta un análisis detallado del Corán en su obra más magnífica, el Risale-i Nur. El Risale-i Nur es un estudio inclusivo de la teología islámica que emplea el método coránico, y es un texto que ha dado un vuelco a mi vida. Cuanto más estudio la exégesis del Corán, más satisfechos y reconfortados están mi mente, mi alma y mi corazón. Puesto que el Corán no tiene un principio designado, ni un desarrollo de los argumentos, ni una conclusión definitiva, se hace necesario un estudio cuidadoso del texto en su totalidad con el fin de analizar la metodología de Nursi y sus argumentos principales.

La introducción a la Vigésimo Quinta Palabra del Risale-i Nur proporciona “definiciones” muy específicas y concisas del Corán, revelando el entendimiento de Nursi de la naturaleza del Libro Sagrado. Nursi aborda aspectos como: ¿Fue el Corán una inspiración de un ser transcendental a Muhammad, quien lo puso en sus propias palabras? ¿Quién habla a quién, cómo y con qué fin? ¿El Corán es creado o es eterno? ¿Es histórico, contingente en tiempo y espacio, o es ahistórico? Con el fin de analizar la percepción de Nursi sobre el Corán y el papel de la revelación, es imperativo discutir el marco global. Según Nursi, la palabra “adoración” (ibada) es la clave para entender la aleya “No he creado a los genios y a los hombres sino para que Me sirvan” (Corán 51:56). El entendimiento de Nursi de la adoración es completo, no está confinado a las formas rituales de reverencia. El proceso de adoración necesita tres pasos, que consisten en, primero, reconocer al Creador de todos los seres, llegar a conocerLe y creer en El (ver figura 1). Segundo, amar al Creador solo es posible en proporción al conocimiento que el creyente tenga de Él. Por tanto, a medida que los creyentes vayan conociendo al Creador a través de Sus Divinos Atributos, solo podrán amarLe. En tercer lugar, el resultado natural del amor es el culto, lo que conlleva a la adoración. El deber primordial de la humanidad y la obligación que le incumbe es conocer a Dios (marifatullah), creer en El (afirmar Su existencia y unidad) en sumisión y certeza absoluta.

Conocimiento -> Amor -> Adoración

Figura 1. El Propósito de la Creación

Estas fases (conocimiento, amor, y adoración) no tienen que suceder necesariamente de forma secuencial. Uno no se gradúa en la fase de conocimiento habiendo aprendido todo, para pasar a la fase de amor. Por ejemplo, uno puede amar a Dios tanto como uno Le conoce. Uno puede adorar a Dios en el sentido más exacto de la palabra en función de cómo Le conozca y Le ame. Así que los seres humanos viven las tres fases a la vez, y continúan aumentando y renovando su conocimiento.

Según Nursi, el conocimiento de Dios se adquiere mediante la atestiguación (shahaada) (ver Figura 2). Los seres humanos atestiguan las manifestaciones de los Atributos de Dios constantemente. Para Nursi, la esencia real de la creación no es otra cosa que las manifestaciones de los Atributos Divinos de Dios. Por ejemplo, contemplando la compasión que Dios coloca en el corazón de una madre por su hijo, uno atestigua la Compasión Absoluta de Dios manifestada a través de la madre. Incluso los descubrimientos científicos son formas de entender y admirar mejor los Atributos de Dios como el Todo Conocedor y el Creador Todo Poderoso.

Atestiguar -> Confirmar -> Someter

Figura 2. Pasos para alcanzar el conocimiento de Dios

En la obra de Nursi, la creación debe ser experimentada y contemplada con el fin de conocer a Dios. Todo está en la percepción de quien la contemple. Uno puede aproximarse a todos los hechos “del mundo” con la intención de conocer a Dios, transformándolos en hechos eternos “del más allá”. Desde este aspecto, Nursi no apoya una vida ascética por encima de la experiencia de las manifestaciones de los Atributos de Dios a través de la familia, el trabajo, los estudios. El testimonio continuo lleva a la confirmación continua (tahqiq) y a la sumisión (islam). Por ejemplo, según la obra de Nursi, el primero de los cinco pilares del Islam no es “decir” “Atestiguo que no hay más dios que Dios y Muhammad es Su siervo y mensajero”, sino “atestiguar” esta afirmación constantemente. En el Islam, “el testimonio” (shahaada) de la unidad de la verdad de lo divino (tawhid) es el centro de la fe. El que se somete (musulmán) a la verdad debería actualmente observar cómo todo en el mundo visible (‘alam al-shahaada) señala a la verdad del tawhid y, en consecuencia, testifica la veracidad del mensaje del Corán.

En el paradigma de Nursi, tawhid (unidad de Dios) es un proceso continuo relacionado directamente con los Atributos Divinos. Como se mencionaba anteriormente, para conocer a Dios, uno contempla las manifestaciones de los Atributos Divinos. Por ejemplo, cuando uno se pregunta sobre una flor, se da cuenta de que la flor no puede ser bella por ella misma, y que esta cualidad solo puede pertenecer a su Creador. La flor no es bella sino que se la hace bella; manifiesta el Atributo Divino de Al-Jameel. En este proceso, uno testifica la unidad de Dios proclamando “no hay jameel (belleza o bella) sino Al-Jameel, Dios”. Igualmente, cuando se piensa en la inteligencia humana, o contemplamos el cerebro y sus funciones, uno reconoce que el ‘ilm (conocimiento) no es de nuestro interior, sino de nuevo una manifestación del Atributo de Dios Al-‘Alim. Aunque es una cualidad que invita a llegar a la conclusión de que no hay ‘alim (conocedor) sino Al-‘Alim, Dios. Para Nursi, entonces, la unidad de Dios se puede experimentar a un alto nivel y es el propósito de cada pensamiento, acción y encuentro en la vida que lleva al iman (fe), la certeza absoluta.

¿Cuál es el lugar de la fe (iman) en todo este proceso? Según Nursi, iman no es un fenómeno fijo. Desde el punto de vista analítico, estas “fases” o actos conscientes de elevar nuestro conocimiento mediante el testimonio, la confirmación y la sumisión constantes nos lleva a un aumento del iman (fe) y la ausencia de ello resultaría en un iman decreciente. ¿Cómo saben los seres humanos qué o cómo atestiguar? En el Risale-i Nur, Nursi subraya cuatro instructores universales (mu’arrif) como los métodos de llegar a conocer a Dios: el Profeta Muhammad como representante de los Profetas; el Corán como representante de todas las revelaciones; el universo como representante de toda la creación; y la conciencia humana como representante de nuestras facultades que reciben la inspiración Divina y son creadas para reconocer al Divino (ver Figura 3)

Profetas

Revelaciones               Testimonio Humano             Consciencia Humana

Universo

Figura 3. Cuatro Maestros Universales

Dios no dejó a la humanidad sin guía. De hecho, Nursi argumenta que todo en el cosmos atestigua la existencia de Dios y manifiesta Sus Atributos (Asma al-Husna) para que los humanos atestigüen, confirmen y se sometan. Las revelaciones son enviadas para guiar a los humanos y para aumentar su conocimiento de Dios. Es más, los mensajeros son enviados por Dios para que nos enseñen cómo el universo y las revelaciones deben ser entendidos y para educarnos en ello. Por último, Dios ha dotado a los humanos de ciertas facultades (tales como la razón y el corazón), que, bajo la guía de la innata consciencia humana, puede ayudar a confirmar la veracidad de las revelaciones, los mensajeros y el mensaje inmerso en el universo. En la figura 3 los cuatro maestros concedidos para que los seres humanos alcancen el conocimiento de Dios se confirman de forma mutua unos a otros. Así que las flechas exteriores representan la afirmación y reafirmación cerrada de las cuatro fuentes de conocimiento.

Según Nursi los seres humanos son creados con la capacidad de comprender y confirmar el mensaje aportado por estas cuatro fuentes. De hecho, todas las facultades humanas, tales como las emociones, la razón y el alma han sido concedidas para servir a este propósito. Incluso así los seres humanos deberían usar sus facultades con la guía de la revelación. En otras palabras, la razón sin un corazón consciente, y el corazón sin razón, no pueden conducir al hombre extraviado.

Nursi expuso sobre la naturaleza y el papel del Corán en la Vigésimo Quinta Palabra titulada, “El Milagro del Corán”, que es una exégesis de la aleya “Di: “Si los hombres y los genios se unieran para producir un Corán como éste, no podrían conseguirlo, aunque se ayudaran mutuamente” (Corán 17:88). Es uno de los capítulos más largos del volumen titulado The Words (Las Palabras). Nursi dedica la Vigésimo Quinta Palabra a explicar esta aleya que ha sido discutida y cuestionada por científicos agnósticos y ateos. Sin embargo, antes de entrar en detalle y explicar aleyas específicas, Nursi comienza este capítulo haciendo dos preguntas complementarias: ¿Qué es el Corán? y ¿Cómo está definido? En la introducción, el erudito ofrece definiciones concisas y profundas del Corán.

Nursi comienza dando respuesta a estas preguntas afirmando que “El Corán es una síntesis que contiene todas las Escrituras reveladas a los Profetas anteriores”. Primero, Nursi opina que el Corán fue revelado por Dios al Profeta, y que es una revisión y un restablecimiento de los Libros anteriormente revelados. El erudito asume una continuación, solapada, y la confirmación entre las revelaciones precedentes y el Corán. La palabra “síntesis” puede entrañar implícitamente el mensaje de los Libros para todos los Profetas anteriores. De ahí que el mensaje central de todas las Escrituras reveladas por Dios sea el mismo. Para Nursi, este mensaje es “no hay más dios que Dios”. En virtud de afirmar esta cualidad del Corán al principio del todo, puede sostenerse que las definiciones de Nursi sobre el Corán pueden aplicarse a todas las revelaciones previas al Corán.

Desde el punto de vista de Nursi, el Corán es ante todo “una traducción eterna del gran Libro del Universo9. Este rol del Corán, o de las revelaciones en general, es crucial, como se representa en la Figura 3. La revelación confirma las otras tres fuentes de conocimiento, una de las cuales es el Universo. Según Nursi, los seres humanos son creados con la búsqueda innata del sentido. Observando todos los acontecimientos, ecosistemas y complejidades del universo, los humanos pueden afirmar que hay un Creador, un significado y un propósito para todo ello. Incluso la razón mortal y otras facultades se detienen en ese punto. Sin la guía de la revelación, el hombre no puede saber cuál es ese sentido o propósito. Por ello, el Corán lee y traduce el significado del libro del Universo de una forma que el ser humano pueda comprender. Por ejemplo, muchas aleyas del Corán acaban con uno, o quizás dos, Atributos de Dios después de un acontecimiento o un hecho que ha sido narrado.

Nursi interpreta estos “esma-i tayy” como características que encapsulan la esencia de la realidad. El creyente debería obtener estas realidades de lo que se relata en la aleya. De este modo, el Corán enseña al hombre cómo interpretar el universo, y cómo atestiguar los Atributos.

Nursi añade que el Corán no es solo un libro que explica este mundo, sino que también trae noticias del Mundo de lo No Visto (ghayb) como “el intérprete de los libros del mundo material visible y el Mundo de lo No Visto”. No se ha concedido a los seres humanos ninguna facultad de ver, comprender o conocer más allá de esta creación a través de otros medios que no sea la revelación. Por tanto, la revelación es la única fuente que trae noticias del mundo de lo No Visto, más allá del “velo de este mundo visible”. Las noticias del Más Allá, los ángeles y el Mundo de los Espíritus (‘alem-i-ervah) son ejemplos del mundo de lo No Visto narrados en el Corán. De ahí que sin la guía de las revelaciones, los seres humanos no puedan especular sobre lo No Visto.

Según Nursi, uno de los papeles de la revelación es descubrir “los tesoros inmateriales de los Nombres Divinos ocultos en la Tierra y los cielos”. Por ejemplo, tal y como se mencionó antes, muchas aleyas del Corán terminan con uno o varios Nombres Divinos que enseñan al lector cómo, en la historia específica, acontecimiento o afirmación, los Atributos de Dios puede ser vistos. Revelando los Nombres de Dios en ciertos contextos, el Corán aumenta el conocimiento que el lector tiene sobre El, y actúa como “la prueba articulada y el claro traductor de la Esencia, Atributos y Nombres Divinos y actúa”. Así que teniendo presente la obra completa de Nursi, el Corán es una guía que enseña al ser humano cómo aumentar su marifatullah (ver Figura 1).

Otro de los papeles del Corán se relaciona con el Más Allá. Nursi cree que el Corán es “el mapa sagrado de los mundos del Más Allá”. El “mapa” es la afirmación, puede ser entendido como una herramienta que muestra al usuario cómo llegar a cierto destino. Es más, Nursi argumenta que si una persona desea el Cielo como destino final, el Corán es el mapa que le enseñará cómo llegar allí. De igual modo, el Corán también es el mapa que orienta al lector sobre lo que le llevará al Infierno, o a la privación del Cielo, que es símbolo de la Piedad de Dios. Sin embargo, la descripción de Nursi del Corán como mapa sagrado de los mundos del Más Allá, no debería necesariamente entenderse como referido a aleyas específicas que hablan directamente sobre el Cielo y el Infierno. De hecho el ser humano construye su Otra Vida (akhirat) mientras viven en este mundo. Una delineación afilada entre esta vida y la del Más Allá no existe para Nursi. Incluso aleyas sobre cómo vivir esta vida están relacionadas directamente con el Más Allá, y pueden considerarse sus mapas.

Nursi dice que el Corán es el educador y entrenador de la humanidad dirigiéndose a toda la humanidad, más que a un grupo específico de personas en un periodo específico de tiempo. Dirigirse a cualquier edad o clase social en sus historias y narraciones, no recuenta una lección de ellos, sino que señala elementos de un principio universal, como si fueran revelados de nuevo. En otras palabras, las historias narradas en el Corán son paradigmas para los creyentes (quienquiera elegir al Corán como su guía) aquí y ahora. Además, Nursi cree que su mensaje es tan comprensible que es como una biblioteca sagrada que contiene numerosos libros de los que todos los santos y gente veraz, eruditos purificados, y todos los versados en el conocimiento de Dios han derivado en sus propios caminos y han iluminado cada camino y respuesta que sus seguidores necesitaban. En esta afirmación el autor también se centra en un principio que a menudo ha explicado en el Risale –i Nur: esos caminos que llevan a la Verdad son múltiples y el camino del Corán es suficientemente amplio para acogerlos a todos. Quien lea el Corán puede encontrar guía para su estado actual de mente o corazón. Nursi dice que el Corán es un libro de leyes, oración, sabiduría, adoración y servidumbre a Dios, mandatos e invitaciones, invocaciones y reflexiones y un libro sagrado que contiene libros para todas nuestras necesidades espirituales. Ver el Corán únicamente como un libro de leyes distorsiona su verdadera naturaleza comprensiva.

Finalmente, Nursi dirige el tema de la jerarquía del Corán entre otros textos revelados e inspiraciones. Argumenta que el Corán contiene brevemente todas las Escrituras reveladas a los Profetas anteriores. La mayor diferencia definida por Nursi es que el Corán es el discurso directo de Dios, mientras que otras revelaciones son inspiraciones. Señala que el Corán es universal de cara a los Atributos Divinos, mientras que las revelaciones previas tienen un ámbito particular.

Un tema fundamental que emerge de las definiciones de Nursi es que el Corán y el universo no pueden divorciarse (Figura 4). Para comprender y confirmar el mensaje del Corán, el lector debe atestiguar los signos en el universo y sin la guía del Corán, no puede dar sentido al mensaje oculto en la creación ni entender su significado. Como algunos eruditos contemporáneos de Nursi comentan “el sentido del Corán se desarrolla en los signos cósmicos”.

Revelación con palabras                                                                                Revelación con acción

Dios

Corán                                                                            Confirmar                                                                   Universo

Humano

Figura 4. Relación del Corán con Dios, el Universo y los Humanos

El Corán se refiere a cosas en el universo como signo (ayat) e invita al lector a contemplar su significado para confirmar sus enseñanzas: “Es cierto que en la creación de los Cielos y de la Tierra y en la alternancia de la noche y el día (con sus periodos de acortamiento y alargamiento) se dan signos (que manifiestan la verdad) para la gente de discernimiento” (Corán 3:190). “Dios habla a través de signos coránicos al igual que a través de signos cósmicos”, por lo tanto el Corán es el discurso de Dios con palabras, mientras que la creación es el discurso de Dios a través de los actos. En cierto modo, Dios habla a medida que crea. Nursi explica que todo en la creación traduce, explica, confirma el ayat coránico, y “el Corán, que llega bajo la forma de conocimiento infinito, es una traducción del universo”. Tanto el Corán, como discurso divino, y el universo, como libro que habla, son revelaciones divinas: hay una relación mutua y continua entre ambas. El Corán explica el universo, el universo es la prueba de las afirmaciones de Dios. El universo solo puede leerse correctamente con la guía del Corán, mientras que el universo confirma la veracidad de lo que el Corán clama. A ojos de la obra de Nursi, la aleya del Corán “Lee, y tu Señor es Todo poderoso” (Corán 96:1) dice que todo debe ser leído, no solo los textos revelados, sino también la creación en el nombre de su Creador. En el Risale-i Nur, Nursi nos invita a observar el universo para ver cómo “las cosas son signos y pruebas que nos hacen conocer a nuestro Creador y nos enseñan el método de leerlas y descifrarlas”.

Nursi sostiene que el Corán enseña sobre quién es el Creador, cuál es el objetivo de la creación, cómo conocer al Creador a través de Sus Atributos, y finalmente cómo amarLe y adorarLe solo a Él.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

¿SANCIONA EL CORÁN LA GUERRA?

En la jurisprudencia islámica, ningún clérigo ordenado por decreto divino dirige los asuntos religiosos. Solo hay eruditos, sabios que asumen el estudio extensivo de las ciencias islámicas. Ningún puesto oficial decide quién es elegible de ser considerado erudito cualificado para dar su opinión sobre asuntos religiosos. Aunque se anima a los creyentes a consultar a otros, en especial a los eruditos, cada uno es responsable individualmente de sus creencias y actos.

Al igual que la ley en Estados Unidos, la jurisprudencia islámica se basa en los precedentes. Cada resolución o reforma se basaba en las decisiones e interpretaciones de juristas y eruditos anteriores. Pero muchos movimientos que surgieron en el último siglo no estaban de acuerdo con esta práctica, e inventaron nuevas interpretaciones y sentencias que eran contrarias a siglos de jurisprudencia y teología islámicas. Es más, refutaban todas las demás interpretaciones. La más controvertida entre todos estos puntos de vista cuestionables se refiere al significado de jihad. El método más conocido para discernir el significado de esta palabra tan debatida es volver al texto original que es la fuente de toda la jurisprudencia y teología islámicas.

¿Qué es jihad según el Corán? ¿Qué dice el Corán sobre la guerra? De acuerdo con el consenso de los cronógrafos clásicos y contemporáneos, la siguiente aleya indica que no hay “guerra santa” sino que hay “guerra justa” o “guerra injusta” en el Islam. Las aleyas también aclaran que jihad no significa guerra ni lucha, sino más bien “esforzarse duro por una buena causa”.

Algunos principios Coránicos

La ciencia de la hermenéutica requiere que la interpretación de cualquier texto tenga en cuenta al escritor, la intención del escritor, el destinatario, y el contexto. Este es el método para entender el mensaje del Corán. Una sola aleya fuera de contexto, e interpretarla sin tener en consideración el texto al completo, inevitablemente distorsionaría el sentido de la aleya. Los siguientes son algunos principios generales del Corán que deberían servir de base para la interpretación de aleyas individuales.

“No hay coacción en la religión” (Corán 2:256)

“Si tu Señor lo quisiera, todos aquellos que se hallan sobre la Tierra sin duda habrían creído. ¿Obligarías tú, entonces, a la gente hasta que sean creyentes?” (Corán 10:99)

“Y di: la verdad de tu Señor (ha venido en este Corán). Entonces, todo aquel que quiera creer, que crea; y todo aquel que quiera, que no crea…” (Corán 18:29)

“La bondad y la maldad nunca pueden ser iguales. Rechaza el mal de la mejor manera. A continuación contempla: aquel entre el cual y tú había enemistad se ha convertido en un amigo íntimo” (Corán 41:34)

“… y repelen el mal con el bien. Tales son aquellos para quien se da la última morada” (Corán 13:22)

“… la reconciliación pacífica es mejor…” (Corán 4:128)

“quien mate a un alma (a no ser que sea por asesinato o por causar desorden y corrupción en la Tierra) será como si hubiese matado a toda la humanidad. Si salva una vida, será como si hubiese salvado a toda la humanidad” (Corán 5:32)

“No matéis a ningún alma que Dios ha prohibido excepto por una causa justa. Si alguien ha sido matado injusta e intencionadamente, hemos concedido a su heredero la autoridad de reclamar el talión o perdonar. Pero que no exceda los límites legítimos al matar. Sin duda, ha sido auxiliado” (Corán 17:33)

“Guerra justa” en el Corán

He aquí algunas aleyas que abordan la lucha (qital) en el campo de batalla. Todas estas aleyas deberían ser leídas y entendidas solo cuando existe una Guerra Justa en curso.

“Combatid en la causa de Dios contra los que combatan contra vosotros, pero no excedáis los límites, pues cierto es que Dios no ama a los que exceden los límites” (Corán 2:190)

Esta aleya hace permisible la guerra solo como autodefensa e incluso así, la agresión no está permitida durante la lucha.

“A los creyentes contra los cuales se hace la guerra se les ha dado permiso para que luchen en respuesta por haber sido tratados injustamente. Sin duda, Dios tiene poder absoluto para ayudarles a la victoria” (Corán 22:39)

Otra vez, la lucha se declara permisible contra una guerra librada injustamente.

“Dios no os prohíbe, por lo que se refiere a aquellos que no os hacen la guerra por motivo de vuestra religión, ni os expulsan de vuestros hogares, que seáis amables con ellos, y actuéis con ellos con equidad. Dios sin duda ama lo escrupulosamente equitativo” (Corán 60:8)

Se pide a los creyentes que sean amables con cualquiera que no luche contra ellos, sin importar su creencia.

“Dios tan solo os prohíbe, por lo que se refiere a aquellos que os declaran la guerra por motivo de vuestra religión, y os expulsan de vuestros hogares o apoyan a otros para que os expulsen, que los adoptéis como amigos y protectores. Todos aquellos que los adopten como amigos o protectores, esos son los malhechores” (Corán 60:9)

Como se enumera claramente en la aleya, la lucha solo se permite cuando a) una guerra se libra contra los creyentes a causa de su fe; b) los creyentes son expulsados de su tierra; y c) se ayuda a los que conducen a los creyentes fuera de sus territorios

“Combate por la causa de Dios ya que solo eres responsable de ti mismo. Tal vez Dios reprima la fuerza de los que se niegan a creer. Sin duda, Dios es Más Fuerte en poder y Más Fuerte en represión y castigo” (Corán 4:84)

Animar a los creyentes a superar todo miedo a la muerte es válido durante una guerra que ya está en curso para disuadir al opresor, no como incitación a la guerra

“Cuando os dirijan un saludo, devolvedlo con uno mejor o el mismo. No cabe duda, Dios lleva las cuentas de todas las cosas” (Corán 4:86)

El objetivo de la guerra debe ser prevenir la opresión, no ser vencedores. Cuando se ofrece la paz, se debe aceptar sin reservas.

“A excepción de quienes busquen refugio entre una gente con la que tengáis un tratado o vengan a vosotros con el corazón encogido por tener que combatir contra vosotros a la vez que contra su propia gente. Si Dios hubiera querido, les habría otorgado poder sobre vosotros y os habrían combatido. Si se retiran, no os combaten y os ofrecen la paz, entonces, Dios permite que vayáis contra ellos” (Corán 4:90)

La lucha solo se permite cuando una guerra se declara contra los creyentes. De otra manera, no se concede el permiso de declarar una guerra unilateralmente.

“…. Si no se apartan de vosotros, ni os ofrecen la paz, ni contienen sus manos, atrapadles y castigadles dondequiera que les encontréis. Es contra tales personas sobre las que os hemos dado plena autorización” (Corán 4:91)

Durante una guerra que ya está en curso, si los agresores no dejar de atacar a los creyentes y no les ofrecen la paz, entonces los creyentes tienen permiso para atrapar a los que insisten en atacarles

“Si te encuentras con ellos en la guerra, trátales de manera que sirvan de escarmiento a los que vengan detrás para que así recapaciten y sean considerados” (Corán 8:57)

El objetivo no es resultar vencedor en la guerra, sino prevenir que la guerra continúe

“Preparad contra ellos todas las fuerzas y caballos destinados para que así podáis desanimar a los enemigos de Dios y a vuestros enemigos así como a otros aparte de ellos, los cuales no conocéis. Dios los conoce. Lo que gastéis en la causa de Dios, se os pagará con creces y no sufriréis ninguna injusticia” (Corán 8:60)

El propósito de estos preparativos es evitar potenciales guerras futuras

“Y si se inclinan por la paz, inclínate tú también y encomiéndate a Dios. En verdad, El es Quien todo lo Oye y Omnisapiente” (Corán 8:61)

“Y si buscan engañarte en verdad que Dios es suficiente para ti. El es Aquel Quien te fortaleció con su auxilio y con los creyentes” (Corán 8:62)

Según el conocidísimo cronógrafo del Corán Fahruddin Razi (1149-1209), esto significa que incluso si te ofrecen la paz para engañarte, esta paz debe ser aceptada, porque todo el juicio a sus intenciones debe basarse solo en la evidencia externa. En otras palabras, la mera sospecha no puede ser una excusa para rechazar una oferta de paz.

“Castigadles dondequiera que los encontréis y expulsadlos de donde os hayan expulsado. El desorden es peor que matar. No luchéis contra ellos en las cercanías de la Mezquita Sagrada a menos que luchen contra vosotros allí, pero si luchan contra vosotros, castigadlos, esa es la recompensa de los incrédulos” (Corán 2:191)

El prerrequisito para el permiso de acabar con los opresores es su persistencia en la lucha contra los creyentes y no inclinarse hacia la paz. Fahruddin Razi afirma que el mandato en esta aleya es válido solo en el contexto de la hostilidad ya en curso, no cuando no existe hostilidad física entre creyentes y no creyentes. Un comentarista más reciente, Said Nursi (1877-1960) interpreta dichas aleyas que dan permiso para “conducirles lejos de donde te han llevado como abrumando la idea de la negación de Dios o materialización en el ámbito donde se originó aportando las pruebas para la existencia de su Creador del propio asunto en sí”

“Entonces si desisten, sin duda, Dios es Indulgente, Compasivo” (Corán 2:192)

“Seguid luchando contra ellos hasta que no haya más desorden y la religión sea para Dios. Sin embargo, si desisten, no hay entonces hostilidad excepto contra los malhechores” (Corán 2:193)

La lucha se permite hasta que Dios pueda ser adorado sin temor a la persecución y nadie esté obligado a someterse ante otro ser humano. Si la persecución se detiene entonces toda hostilidad debe cesar.

“Aquellos que han sido expulsados de sus hogares contra todo derecho, por ninguna otra razón más que decir Nuestro Señor es Dios. Si no fuese porque Dios repele alguna gente por medio de otras, los monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas, donde Dios es regularmente venerado y Su Nombre es en gran medida mencionado, habrían sido demolidos. Sin duda alguna Dios ayuda a todo aquel que ayuda en su causa” (Corán 22:40)

La lucha contra la opresión no queda confinada solo a la defensa de las mezquitas, sino a la de todos los lugares donde se alaba el nombre de Dios – monasterios, iglesias, sinagogas.

“Y si alguno de aquellos que atribuyen copartícipes a Dios busca asilo por tu parte, concédele asilo, para que así pueda oír la Palabra de Dios y luego hazle llegar hasta un lugar donde esté seguro. Eso es porque son gente que no conocen” (Corán 9:6)

Esta aleya enfatiza la garantía de protección de mushrikun – no solo la Gente del Libro- cuando buscan protección en los creyentes. Pueden ser aceptados como “vecinos” de la comunidad creyente. Si quisieran abandonar la comunidad de los creyentes, es responsabilidad de los creyentes el llevarles a un lugar donde puedan sentirse a salvo.

Conclusión

El análisis contextual de las aleyas citadas anteriormente deduce que la mayor prioridad en cualquier circunstancia es lograr la paz permanente. Los creyentes son encomiados a aceptar la paz, incluso cuando ello puede dañar sus intereses, y deben aceptar toda oferta de paz. No se permite librar una guerra contra la gente de forma unilateral. La lucha no es algo deseable y debe evitarse siempre que sea posible. El permiso para luchar se da solo en el caso de la autodefensa. Cuando un creyente ha sido atacado y lucha por defenderse, su objetivo debe ser detener la opresión, no lograr el triunfo. La lucha se permite solo contra la gente que:

  1. Libra una guerra contra la comunidad creyente a causa de su fe
  2. Expulsa a la comunidad creyente de su territorio
  3. Han ayudado a otros a expulsar a la comunidad creyente de su territorio
  4. Amenazan la seguridad de la comunidad creyente. Este juicio sobre la “amenaza” debe basarse en pruebas exteriores solamente, no es sospechas, que es algo subjetivo

 

La lucha se permite en el Corán solo para defender la verdad y a sus seguidores (incluyendo la defensa de monasterios, iglesias, sinagogas y mezquitas donde el nombre de Dios es exaltado). Los creyentes solo pueden comprometerse en una guerra contra los opresores que claramente se definen como una fuerza militar. La fuerza militar no debe mezclarse con la población civil. Un método de lucha prohibido es el uso de armas de destrucción masiva, que de forma indiscriminada matan a civiles además de al objetivo pretendido. Incluso entonces, la lucha solo puede ser declarada por un líder (califa) elegido entre la comunidad creyente, no por reyes ni gobernantes ni autoridades autoproclamados. Los individuos no pueden declarar la guerra ni tomarse la justicia por su mano. Esto es vigilantismo, lo que está prohibido en la ley islámica. Solo el Estado tiene autoridad en tales competencias.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

Sabiduría Coránica en la Diversidad

“¡Oh seres humanos! En verdad que os hemos creado de un varón y una hembra, os hemos convertido en tribus y familias para que os podáis conocer mutuamente (y así establecer relaciones mutuas y cooperativas, no para que os enorgullezcáis en vuestras diferencias de razas o categoría social, y hagáis enemigos). Sin duda el más noble, el más honorable de vosotros ante Dios es aquél que es el mejor en la piedad y la rectitud y la reverencia hacia Dios. Sin duda Dios es Omnisapiente, Consciente de todo” (Corán 49:13)

Los orígenes biológicos reflejan la igualdad de la dignidad humana. Todos pertenecemos a una familia humana sin ninguna superioridad inherente de unos sobre otros. La formación de “naciones y tribus” se ha realizado para fomentar, más que para disminuir, su deseo mutuo de entender y apreciar la unicidad humana esencial subrayando sus diferencias externas. El Corán condena cualquier prejuicio racial, nacional o tribal (‘asabiyyah).

El Profeta dijo: “No es de los nuestros quien proclama la causa del partidismo tribal (‘asabiyyah); y no es de los nuestros el que lucha en la causa del partidismo tribal; y no es de los nuestros quien muere en la causa del partidismo tribal” (Abu Da’ud, dependiendo de la autoridad de Jubayr ibn Mut’im). Cuando le preguntaron que explicara el significado de “partidismo tribal”, el Profeta contestó, “Significa ayudar a tu pueblo en una causa injusta”.

Hablando de lo que presume la gente de su nacionalidad o su pasado tribal, el Profeta dijo:

“Contemplad, Dios ha eliminado de vosotros la arrogancia de la ignorancia pagana (jahiliyyah) con su jactancia de glorias ancestrales. El hombre no es sino o un creyente consciente de Dios o un pecador desafortunado. Todos las personas son hijos de Adán, y Adán fue creado del polvo” (Fragmento de un hadith recogido por Tirmidhi y Abu Da’ud, bajo la autoridad de Abu Hurayrah).

“Obviamente no son maneras de tu Señor destruir injustamente las tierras sin que sus habitantes hayan sido advertidos, y hayan sido, por tanto, desconsiderados respecto a las distinciones entre el bien y el mal, la verdad y la falsedad” (Corán 6:131)

Esta aleya claramente afirma que Dios no castiga a una comunidad por sus errores en la medida en que su gente todavía no es consciente (del significado de lo bueno y lo malo). Esto conlleva que todo deberá ser juzgado según sus deudas (conscientes)

“Y con toda seguridad hemos alzado de cada comunidad a un Mensajero:” Venerad tan solo a Dios y apartaos de las falsas deidades y las fuerzas del mal”. Entre ellos había gente a los que Dios guió del mismo modo que había entre ellos otros el extravío era su justo merecido. ¡Marchad sobre la Tierra y contemplad cómo han acabado los que negaron!” (Corán 16:36)

“Cada comunidad tiene su Mensajero. Una vez que su Mensajero se presenta, es juzgado entre ellos con absoluta justicia y no son tratados injustamente” (Corán 10:47)

Esta aleya acentúa la continuidad de la revelación religiosa en la historia de la humanidad y el hecho de que a largo plazo, ninguna comunidad, periodo o civilización no haya sido dotado de guía profética.

“Los seres humanos eran una comunidad. Dios envió Profetas como portadores de buenas nuevas y advertidores, e hizo descender junto a ellos el Libro con la verdad para que pueda juzgar entre la gente con respeto a aquello en lo que discrepan. Solo aquellos a los que les fue concedido discreparon con relación al mismo, después de las pruebas claras les hubiesen llegado, por envidia e insolencia entre ellos. Dios ha guiado a aquellos que han creído hacia la verdad en la que discrepaban. Dios guía a quien Su Voluntad dicta al camino recto” (Corán 2:213)

Al utilizar la expresión ummah wahidah (una única comunidad) para describir el estado original de la humanidad, el Corán ilumina la relativa homogeneidad de la mentalidad primitiva del hombre y el orden social en el nacimiento. Puesto que esa naturaleza se basaba en la ausencia de diferencias emocionales e intelectuales más que en un acuerdo consciente entre los miembros de la sociedad humana, estaba sujeto a la desintegración en la medida del desarrollo subsecuente del hombre. A medida que su manera de pensar se volvía cada vez más compleja, su capacidad emocional y sus necesidades individuales, estaban más diferenciadas. Los conflictos sobre opiniones e intereses adquieren un importante protagonismo, y la humanidad deja de ser “una única comunidad” en lo referente a su perspectiva de la vida y sus valores morales. Fue debido a esta separación que la guía divina se hizo necesaria. El Corán no propone, como parece a simple vista, la idea de una “edad dorada” mítica. Lo que quiero decir con esto es: “los conflictos sobre opiniones e intereses adquieren un importante protagonismo, y la humanidad deja de ser “una única comunidad” en lo referente a su perspectiva de la vida y sus valores morales”. Puede que suene como si estuviera hablando de la evolución de la complejidad en la vida social de la humanidad, y deduciendo que debido a la diferenciación emocional y por tanto a la evolución en la vida social del hombre, que la “guía divina” es necesaria. Prestemos atención a la siguiente frase: “…la mentalidad primitiva del hombre y el orden social primitivo en el nacimiento”. Lo que quiero decir por “en el nacimiento” es: cada niño parece haber nacido con una mentalidad primitiva y con un orden social primitivo: “Una única comunidad sin diversidad aparente”. A medida que llegan a la pubertad, también llamada “edad de la sabiduría”, esa “única comunidad” empieza a tener diferencias de opinión, diferenciación emocional y variación en su evaluación de la moralidad. A medida que nos hacemos adultos, también crecen la diversidad y las variaciones de opinión de la gente. Eso es lo que el Profeta apreciaba y animó: “ikhtilafu ummatee rahmatun” que significa: las diferencias de opinión de mi comunidad son (la razón para) la piedad (de Dios sobre ellos). Es solo a causa de esta diversidad que existe en la naturaleza humana, y la libre voluntad de elegir entre las muchas opciones, que los seres humanos necesitan desesperadamente la orientación de su Creador.

Aquí empieza el progreso en la humanidad: mientras se busca la mejor opción se dan cuenta de qué es lo mejor y por tanto se mejora en la percepción de la Verdad y se aprecia. De otro modo, los seres humanos permanecerían en su mentalidad primitiva y en su primitivo orden social en el que estaban en su infancia. Decimos que los bebés son “como ángeles” porque son como ángeles; solo después de que desarrollan su libre voluntad de elección, a medida que se hacen mayores, dejan atrás su estatus angelical y comienzan a cometer errores. A través de estos errores aprenden y progresan. Ese es el preciado valor de ser un ser humano. Creo que este es el punto que el Profeta apreciaba con “diferencias de opinión” entre los creyentes. Estas son las claves para entender las aleyas del Corán y los mensajes de los “signos” de la creación en el universo de diversas maneras.

Aunque algunos eruditos tienden a aceptar una evolución en la sociedad de los seres humanos a lo largo de la historia, yo no quiero afirmar esta evolución en absoluto. No se refieren a la evolución social. Es el cambio de ambiente de la vida social humana. Los seres humanos son tan perfectos como cuando Dios les creó, pero las herramientas que usan han cambiado. La capacidad humana de interpretar los significados de los signos que se encuentran aquí en la tierra ha permanecido del mismo modo. No deben haber conocido el mundo subatómico, pero admiraron una partícula de polvo con la misma devoción y Conocimiento de Dios a través de las observaciones detalladas que estudiamos hoy. No es una “evolución” en la naturaleza del ser humano. Es un cambio de las condiciones del “examen” o de “los recursos del progreso”.

El Corán dice “Si tu Señor lo hubiere querido así habría hecho de la humanidad una sola comunidad. Sin embargo nunca dejaron de discrepar” (Corán 11:118). Esto es, puntos de vista divergentes sobre todo, incluso sobre las verdades que les fueron reveladas por Dios. Las incesantes diferencias en las opiniones e ideas de los hombres no son incidentales, sino que representan la voluntad de Dios, factor básico de la existencia humana. Si Dios hubiera deseado que todos los seres humanos fueran de una misma persuasión, todo el progreso intelectual habría quedado descartado. Habrían sido similares en sus vidas sociales a las abejas o a las hormigas, mientras que sus vidas espirituales habrían sido como ángeles, limitados por su naturaleza a creer siempre en lo que es verdad y obedecer siempre a Dios.

“La humanidad era una comunidad que seguía un único camino, pero luego diiscreparon y empezaron a seguir diferentes caminos. Si no hubiese sido por un decreto previamente emitido por tu Señor, en verdad se habría juzgado entre ellos en relación a lo que discrepaban” (Corán 10:19). Esta aleya alude al hecho repetidamente acentuado en el Corán, que la habilidad para darse cuenta de la existencia, unicidad y omnipotencia de Dios, es innata en el hombre. Toda desviación de esta percepción básica es consecuencia de la confusión aportada por la progresiva extrañeza humana de sus instintos innatos. Esta extrañeza viene de nuestras propias elecciones y factores externos que no tienen poder sobre nosotros (Ver Corán 15:42; 14:22; 12:40; 7:71 y 53:23)

“Si tu Señor lo quisiera, todos aquellos que se hallan sobre la Tierra sin duda habrían creído. ¿Obligarías tú, entonces, a la gente hasta que sean creyentes?” (Corán 10:99)

Le ha dado al hombre la libertad de elegir entre lo bueno y lo malo, elevándole por tanto al estatus de ente moral (para distinguirlo de animales que solo pueden seguir su instinto).

“Di: “Dios posee la prueba irrefutable. Y si El hubiese querido os habría guiado a todos a la verdad” (Corán 6:149)

“Hemos hecho descender sobre ti el Libro con la verdad como confirmación de todo aquello del Libro que fue revelado antes y como salvaguardia de él. Así pues, juzga entre ellos con lo que Dios ha hecho descender y no sigas sus deseos o caprichos en contra de la verdad que te ha venido. Para cada comunidad hemos asignado un modo de vida y un sistema integral. Si Dios hubiera querido, habría hecho de vosotros una comunidad pero para poneros a prueba en lo que os ha otorgado. Esforzaos, pues, juntos como si compitieseis haciendo buenas obras. Hacia Dios es el retorno de todos vosotros, y os hará entender la verdad sobre aquello en lo que discrepabais” (Corán 5:48)

El término shir’ah (o shari’ah) significa literalmente, “el camino al oasis” (de donde hombres y animales obtienen el elemento indispensable para la vida) y se usa en el Corán para denotar un sistema de leyes necesario para un bienestar social y económico de la sociedad. El término minhaj, por otra parte, denota un “camino abierto”, usualmente en sentido abstracto: es decir, “un estilo de vida”. Los términos shir’ah y minhaj son más restrictivos en sus significados que el término din (deen) que comprende no solo las leyes relativas a una religión en particular, sino también las verdades básicas e inmutables las cuales, según el Corán, han sido predicadas por cada uno de los apóstoles de Dios. Mientras que el cuerpo particular de leyes (shir’ah o shari’ah) promulgada a través de ellos, el estilo de vida (minhaj) varía de acuerdo con las exigencias de la época y de las circunstancias culturales de cada comunidad.

“Si Dios hubiese querido, habría hecho de vosotros una sola comunidad (con la misma fe y religión). Pero extravía a quien Su Voluntad dicta y guía a quien Su Voluntad dicta. Sin duda, tendréis que rendir cuentas de lo que solíais hacer” (Corán 16:93)

De igual modo, “Dios desvía del camino a quien quiere, y guía a quien quiere”. Todas las referencias coránicas al hecho de que Dios “desvíe del camino al hombre”, deben entenderse contra la información de las aleyas 2:26-27 (“Dios no desdeña presentar cualquier tipo de parábola, como la de un mosquito. Aquellos que ya han creído saben que es la verdad de su Señor. En cuanto a los que la incredulidad se ha establecido hace bastante tiempo en sus corazones, dicen “¿qué quiere decir Dios con dicha parábola?” De este modo, El extravía a muchos y de ese modo guía a muchos. El no extravía sino a los transgresores. Aquellos que rompen el compromiso de Dios tras su solemne establecimiento y rompen los lazos que Dios ordenó que fuesen unidos, y causan desorden y corrupción en la Tierra. Esos son los perdedores). Es decir, el hombre “que se desvía” es consecuencia de sus propias actitudes e inclinaciones y no resultado de una predestinación arbitraria en el sentido popular de esta palabra. En su comentario sobre la aleya anterior, el erudito musulmán Zamakhshari acentuó este aspecto de la libre elección por parte del hombre y señaló que:

Dios no desvía a nadie excepto al que, como El sabe, nunca alcanzará la fe; y no guía a nadie excepto al que, como El sabe, alcanzará la fe. Por tanto, no abandona a nadie excepto a quien se lo merezca, y no otorga Sus favores a nadie excepto a los que se lo merecen. Dios hace que la decisión dependa de la libre elección del hombre (al-ikhtiyar) y por tanto su otorgamiento tanto de los favores como de las maldiciones …. Y no hace que dependa de la compulsión

Zamakhshari redondea su punto de vista con estas palabras: “Si (fuera cierto que) Dios lleva al hombre a desviarse o alternativamente a seguir Su guía – ¿por qué ha afirmado que sus deudas serán algo de lo que serán responsables?”

“Si Dios hubiese querido, El sin duda alguna habría hecho de ellos una sola comunidad, mas El admite a quien Su Voluntad dicta en Su Misericordia. En cuanto a los malhechores, no poseen un guardián ni un auxiliador” (Corán 42:8)

“Por lo tanto esta comunidad vuestra es una sola comunidad de la misma fe y Yo soy vuestro Señor; así que veneradme a Mí solamente” (Corán 21:92)

“Pero la gente se dividió y discrepó entre sí respecto a la religión. Pero todos han de retornar a Nosotros (para rendir cuentas por todo lo que hicieron)” (Corán 21:93)

“Esta comunidad vuestra es una sola comunidad de la misma fe, y Soy vuestro Señor; así que tenedme temor reverencial solamente a Mí, y cumplid vuestro deber hacia Mí en piedad” (Corán 23:52)

“Sin embargo la gente dividiéndose en grupos, discreparon entre ellos en cuanto a la religión, cada grupo se alegra con orgullo por la parte que tiene” (Corán 23:53)

Cada grupo disfrutando de su fe”, literalmente significa “en lo que tienen”. En el primer ejemplo, esta aleya se refiere a los diversos grupos religiosos como tal; es decir, a los seguidores de una u otra de las revelaciones anteriores quienes, en el curso del tiempo, se consolidaron con diferentes “denominaciones”, cada una de ellas guardando celosamente su propio conjunto de dogmas y rituales. En el segundo ejemplo, sin embargo, la sentencia anterior se aplica a la brecha de la unidad en la que se incluyen cada uno de los grupos establecidos. Puesto que se aplica a los seguidores de todos los profetas, incluye también a los seguidores del profeta Mahoma, y por tanto constituye una predicción y una condena de la desunión doctrinal que prevalece en el mundo del Islam en nuestros días. El dicho del Profeta verificado por Ibn Hanbal, Abu Da’ud, Tirmidhi y Darimi afirma: “los judíos se han dividido en setenta y una sectas, los cristianos en setenta y dos, mientras que mi comunidad se dividirá en setenta y tres”. Deberíamos recordar que en árabe clásico el uso del número “setenta” a menudo se refiere a “muchos” así como “siete” equivale a “varios” y no denota necesariamente un valor actual.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

¿Por qué necesitamos a los Profetas?

“Di: si de verdad amáis a Dios, entonces seguidme, para que Dios os ame” (Corán 3:31)

La afirmación en la aleya anterior es diferente de lo que por lo general pensamos; cuando amamos a nuestro Creador, El nos devuelve ese amor, nos corresponde. Esta aleya sugiere que decir solamente “amo a Dios” no basta para ser correspondidos por Dios. Existe una condición, establece: “seguidme (el guía y mensajero)”. Pero ¿Por qué necesitamos un guía?

Mi vida no se transforma cuando proclamo que amo a Dios

Cuando observamos nuestras vidas como gente que proclama su amor a Dios, vemos generalmente que no somos transformados por ese amor. No sentimos que hayamos sido correspondidos. Nuestras vidas pueden seguir siendo miserables, nuestros pensamientos distraídos y nuestros sentimientos heridos. No podemos comprender muchas de las cosas que suceden en nuestras vidas y en el universo, y nos enfadamos con el que está detrás de todo esto. Hay algo que falta en nuestra proclamación.

La aleya afirma que no seremos capaces de amar a nuestro Creador en nuestra rutina diaria, excepto cuando sigamos Su guía. De hecho este amor se convierte en maldición para nosotros. Las cosas, la gente y momentos que amamos se marchan de nuestro lado, dejándonos con dolor. Vemos cosas que no entendemos en el universo y nos enfadamos con el Dios que decimos amar.

La aleya comienza diciendo “si amáis a Dios” y nos empuja a considerar que se nos ha dado la habilidad de amar al Creador de todo lo bueno y nos conduce a este punto crucial: “Atestiguamos que Dios crea todo con amor ¿por qué no lo sentimos?”. La respuesta está en la aleya: “Seguidme”. Somos conscientes de que tenemos libertad de elegir muchas cosas en nuestras vidas y pensamientos. Así que, con el fin de sentir amor y reconocer el sentido de la vida y todo lo que nos rodea, necesitamos usar nuestra libre voluntad para seguir las enseñanzas de un guía sobre el significado que hay tras la creación del universo.

La aleya anterior declara que amar al Creador no basta para recibir y sentir el amor divino en cada ámbito de nuestras vidas. Nos fuerza a buscar un guía. Pero ¿qué tipo de guía necesitamos seguir y por qué?

La belleza de la que soy testigo necesita un guía elegido

Aquí está la respuesta rápida: vemos que hay belleza en todas partes en el universo y necesita un guía designado por el Creador. Pero ¿por qué?

Piensa en cualquier pieza importante de tecnología, como por ejemplo un ordenador portátil. Miles de ingenieros trabajan constantemente para diseñarlo con fines específicos. Cada aspecto de su diseño es específico para su uso. Ahora ¿tendría sentido gastar millones de dólares en diseñar y manufacturar un ordenador y venderlo para ser usado como bandeja para el café? O incluso ¿destruirlo después de haber sido manufacturado? Si fuera el caso ¿no llegarías a la conclusión de que estos ingenieros no poseen sabiduría alguna en absoluto? ¿Por qué gastarían todo este tiempo y dinero para manufacturar una herramienta de alta tecnología y no usar ninguna de sus funcionalidades? No tiene sentido.

Ahora vamos a ver todo en el universo. Hay una magnífica y bien organizada manifestación o muestra de arte, desde los átomos a las galaxias. La ciencia es la prueba de que hay un orden innegable, ya que el objetivo de la ciencia es descubrir este orden y representarlo con fórmulas. Las fórmulas muestran que nada se deja al azar; todo está ordenado. Incluso las cosas que no nos gustan como las bacterias, funcionan de forma ordenada. Este orden muestra que debe haber un poder superior encargado de poner orden en todo esto.

De hecho, somos testigos no solo de un orden perfecto, sino también de una belleza artística. Cada criatura está diseñada para un trabajo específico y está adornada de forma compleja y artística. Este arte muestra que quien haya formado el universo pretende adornarlo. Nos informa que estos perfectos adornos y artes deben provenir del amor de quien los forma. Debe amar lo que hace.

Usando el mismo proceso de razonamiento que usábamos con el ejemplo del ordenador ¿tendría sentido que el Hacedor del universo adornara y creara todo con un diseño tan magnífico y no nos informara de lo que significa ni de para qué sirve? Entonces el Creador no sería sabio, lo que va en contra de lo que atestiguo en el universo. Todo está diseñado y sustentado de modo perfecto apuntando al hecho de que el Hacedor es Absolutamente Sabio. Debe haber una explicación concerniente a lo que quiere transmitir con este magnífico arte que nos rodea.

Para nosotros, como seres humanos, se hace especialmente necesaria una explicación. No solo somos conscientes de nuestra existencia, sino también de la existencia de todo lo que está a nuestro alrededor, desde los átomos a las galaxias. Estamos conectados a todo en el universo. No solo eso, estamos creados para amar la belleza de la que somos testigos en la creación. Así hemos sido creados, de un modo en el que somos capaces de hacernos las preguntas que estoy a punto de escribir.

¿Tendría sentido para nuestro Creador el crearnos con la habilidad de ver y preguntar sobre la belleza a nuestro alrededor, si no hubiera una explicación? No. Los ingenieros diseñarían un ordenador para poder realizar cálculos, pero no hablar sobre ello con ningún usuario. Así que, ¿por qué lo diseñaron en primer lugar? ¿Están locos? No. Entonces la misma ilógica no es posible sobre el Creador de este universo ordenado milagrosamente.

Cuando llegamos a esta conclusión, podemos gritar que hay un guía elegido por el Creador: un manual suyo para que todo esto tenga sentido. Este es el resultado de nuestro testimonio.

El guía cierra el ciclo

Los ingenieros acaban el ciclo entre fabricantes y usuarios preparando sofisticados manuales y tutorías on-line (preparadas por guías elegidos que han dominado el manual). Como resultado, los usuarios están felices y agradecidos por ese ordenador en particular. Más importante, el diseño sofisticado del ordenador es una indicación de que hay usuarios que emplearán todas sus funciones. No todos los usuarios necesitarán todas las funciones, pero el hecho de que estas funciones existan es prueba de que hay “superusuarios” que usan todas estas funciones.

Estos “superusuarios” son los mejores guías y formadores que el productor del ordenador elegiría para instruir a otros. Ellos son los que directamente se comunican con el ingeniero y entienden la sabiduría de cada función del ordenador.

Del mismo modo, el Diseñador de este universo cierra el ciclo entre Él y nosotros (Sus creaciones conscientes) enviando un manual claro y guías humanos ejemplares que viven y explican el manual. El solo hecho de que haya este orden perfecto y arte en el universo es indicio de que debe haber criaturas conscientes que entienden y aprecian todo este arte.

Los seres humanos se reflejan profundamente en el arte del Creador; lo admiramos, nos exaltamos con él, gracias al Creador por ello, conocemos la sabiduría de Su creación, y amamos al que está detrás de todo ello. ¿No serían estos humanos tan curiosos los mejores guías para los otros seres conscientes? Siguiendo el camino de los “superusuarios” elegidos por el Creador para explicar la sabiduría de todo en la creación, otras criaturas conscientes empiezan a dar sentido a todo en este universo y en cómo usar sus sentimientos como el amor a la belleza. Reconocen que los guías deben estar conectados con el Creador y Su creación y explicarnos sus significados. Volviendo al ejemplo, aunque digamos que nos gusta usar el ordenador, puede que ni siquiera seamos conscientes de que es un ordenador y pensemos que es una bandeja para servir café. Puede que nos enfademos porque sea una bandeja de café, pues es pesada y voluminosa y no es la mejor herramienta para servir café. Por tanto, nuestro amor hacia ella no es suficiente para recibir los beneficios del ordenador. Solo cuando aprendemos de los guías reconocemos los propósitos del ordenador. Entonces empezamos a admirarlos y admitimos la necesidad de aprender de los guías. Y entonces empezamos a recibir el amor correspondido. Esto es parecido a cerrar nuestros ojos y pensar que la habitación y todo en ella es oscuro, pero cuando abrimos los ojos, todo lo que creíamos en la oscuridad se vuelve vivo y brillante. El guía nos recuerda que también somos “usuarios” y nos dice lo maravilloso que es usar un ordenador. Similarmente, cuando usamos nuestro libre albedrío para abrir los ojos, nos damos cuenta de la belleza de la vida y reconocemos que El que nos ha dado esta vida nos ama. Somos correspondidos.

Necesitamos buscar guías que de manera comprensible respondan a la maestría del Creador con una reflexión, admiración y agradecimiento conscientes. Estos guías nos explican con certeza que todo este arte del que somos testigos debe estar diseñado por el artista absoluto que es capaz de hacerlo. Solo cuando usamos nuestro libre albedrío para seguir a estos guías empezamos a sentir el amor del artista y reconocemos el sentido de la vida. Empezamos a sentir amor cuando empezamos a entender cómo usar nuestro amor a la belleza y cómo dar sentido a todo en la vida.

Cuando el usuario del ordenador que se vuelve extasiado al descubrir cómo usarlo como ordenador y no como bandeja para el café, estamos encantados de cada progreso que logramos de estos “superusuarios”. También nos damos cuenta del significado de la aleya anterior, que nos incita a buscar guías elegidos por Aquél que ha creado este universo lleno de arte y significado.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

SIGNOS DE DIOS EN EL UNIVERSO

¡Cuántos signos hay en los Cielos y en la Tierra que pasan por alto, haciendo caso omiso de los signos y no tienen en consideración! Y la mayoría de ellos ni siquiera creen en Dios sin atribuirles copartícipes a El” (Corán 12:105-106)

Los signos (ayat) describen al Creador y Sus atributos. Pero no les prestamos atención como deberíamos y a menudo pasamos de ellos. Si decimos que creemos en Dios, debemos encontrar pruebas que satisfagan nuestros sentidos. Veremos, probaremos, analizaremos y llegaremos a la conclusión de que nada sucede por casualidad. Todo debe tener un Creador, y este Creador debe poseer ciertas cualidades. De otro modo, no hay explicación para la existencia de manzanas, naranjas, kiwis y mangos…. Y las innumerables frutas, flores, colores, insectos… En su existencia, vemos algunas cualidades que manifiestan las del Creador. Si no tenemos la prueba para satisfacer nuestros sentidos externos, no podemos apreciar la satisfacción en los sentidos internos de nuestro corazón y nuestra alma. Si nos dan zumo de naranja, y alguien nos dice: “No, es leche”, deben convencernos de que es leche. Esta es la única puerta a nuestra satisfacción. De igual modo debemos contemplar la existencia de todo, y pensar en cómo pueden haberlo logrado por ellos mismos.

Comida nutritiva, como las manzanas ¿pueden ayudar a nuestras necesidades? ¿Es una manzana compatible con nuestra construcción biológica? Cuanto más pienses en ello, más claro lo tendrás. Una simple manzana apela a mis cinco sentidos y conecta con mis necesidades nutricionales perfectamente, así nos damos cuenta de que hay una relación entre las manzanas y nosotros… más para reflexionar.

El Corán dice que si no prestas la debida atención a los signos que están a la vista, tu intención de creer en el Creador de las cosas que experimentas aquí no será sincera. Durante mucho tiempo los creyentes han rechazado esta confirmación de fe, justificándose que no estaban interesados en el tema. No nos interesa el asunto por sí mismo, sino que estamos interesados en el Creador y la creación de tema que nos proporciona noticias sobre las cualidades, propósito e intención de su Creador. La aleya de arriba enfatiza que no podemos rechazar la creación si queremos tener una fuente de fe en el Creador.

Hay 337 aleyas en el Corán que se refieren explícitamente a la creación e instan al lector a tomar nota de la creación. Por ejemplo si hemos de prestar atención a un plátano, nos preguntaremos quién lo envolvió. ¿Crees que los plátanos se han creado en vano? Usa la creación como señal de las cualidades de tu Creador. Parece como si estas aleyas dijeran que el Creador de los plátanos está declarando de forma explícita que no ha creado el plátano solo para ser comida, sino para que reflexionemos sobre él. Cuando comas y saborees un plátano, piensa en Quién lo creó, cómo lo creó y por qué. Estas observaciones no son solo investigaciones científicas; deberíamos lograr materializar y entender qué tipo de Hacedor tiene el plátano. A través de la creación Él revela Sus atributos, Sus cualidades. Él se revela a Sí mismo ante nosotros mediante la creación así como a través de las revelaciones y los libros.

Tenemos que usar estas aleyas como nuestra guía. El Corán es para gente que diligentemente reflexiona sobre sus palabras, asimilándolas con todos sus sentidos para decidir si es aceptable. No se dedican solo a leerlas y ya está. El pilar de la fe más exhaustivo y fundamental es atestiguar los signos en la creación para llegar a conocer al Creador…también el pilar de la fe menos enfatizado y analizado es atestiguar que no hay más dios que Dios y creer en el Más Allá. Es por ello que hemos estudiado las aleyas sobre los signos de Dios y ahora estudiaremos el Más Allá. Lo primero que nos viene a la mente en la fe islámica sobre el Más Allá es creer en la resurrección física después de la muerte. No basta con creer que solo nuestra alma continúa existiendo. Creer en el Más Allá requiere una comprensión de la resurrección física. Tenemos que estar convencidos de la existencia de Dios, que es trascendental y no puede ser descrito en los mismos términos que Su creación. Sea lo que sea que pienses o veas es Su acto de creación. Ahí está manifestando Sus cualidades.

Creer en el Más Allá también requiere certeza. Cuando atestiguamos y contemplamos la creación, diremos que el Creador debe crear una vida eterna bajo la forma del cuerpo, no solo de la existencia espiritual. Es fácil para nosotros decir que habrá una vida eterna para nuestra alma. El Espíritu no es algo sujeto a cambios; de algún modo parece que se le ha concedido la eternidad. Nuestra alma requiere la eternidad, pero ¿qué hay de la resurrección física? ¿Cómo podemos creer en ser resucitados una vez que nuestro cuerpo se ha descompuesto?

El Corán presenta pruebas materiales de ello. Dirige nuestra atención a ejemplos de resurrección en este mundo, haciendo que nos demos cuenta que solo Dios crea la primavera después de la muerte del invierno. Nos resucitará después de muertos. Dios también menciona repetidamente la necesidad de una resurrección física. Si no creemos en la resurrección física, la creación de este mundo y la fe en Dios no servirán de nada. Si la resurrección solo acontece espiritualmente, ¿por qué somos creados en este mundo de forma material? Nuestra alma reconocería a su dueño de forma espiritual, sin tener experiencia material en este mundo, y continuaría su existencia. No habría necesidad de ser creados y entrenados en este mundo.

Creer en Dios en este mundo material no tendría sentido si no hubiera resurrección física. Si creer en Dios implica solo nuestro primer reconocimiento natural de que debe haber un Creador, entonces no son necesarias la revelación ni la educación, porque todo el mundo tiene este sentido innato. Sin embargo lo que aprendemos de la revelación es que este es solo el primer paso; debe haber algo más. Entonces nos volvemos estudiantes de la revelación y vemos que la creación tiene sentido y que todo es un signo. El alma y el cuerpo pueden interactuar con los signos de Dios y saber que hay resurrección física a través de Dios. Si pensamos que creer en Dios no es conocimiento, sino una emoción, entonces no hay necesidad de la creación, ni de resurrección física o revelación. Lo sabríamos de todas maneras.

No podíamos mirar a la creación como reflejo de Dios; no tendría sentido. Nuestra alma puede reconocer a su Creador y la existencia de su Creador. Decimos “hay un Dios”. Por supuesto es necesario tener una inclinación positiva hacia la existencia de Dios, pero la cuestión no es aceptar que hay un Creador, lo cual es necesario pero no suficiente. La cuestión principal es vivir en este mundo creyendo en la existencia de Dios de acuerdo a nuestro entendimiento. No decimos “si hay un Dios, ¿qué hago aquí? Si hay un Dios, debe haber algo que tenga que hacer con mi vida. Si hay un Dios ahí arriba, estoy aquí disfrutando de mi vida y ¿qué es El para mí? Soy libre de hacer lo que quiera”.

Creer en Dios es esencial para nuestra vida aquí. Tenemos que vivir en consonancia y ver que cualquier acción en la creación tiene sentido para nosotros cuando creemos en Dios. Si creemos en Dios, tenemos que relacionar todo con El. Esto es cierto especialmente desde el momento en que somos Sus criaturas conscientes de Su existencia. Por ejemplo, conozco las naranjas y sé que saben bien pero mi fe en Dios me trae esto a mi vida: mientras estoy comiendo naranjas, debo sentir la gracia de Dios y Sus atributos. Materialmente, debo comerla y decir que proviene de mi Creador. Lo siento como resultado de su experiencia material en Su mundo; practicaré mi fe en Dios de forma material. Por eso decimos “en el nombre de Dios” antes de comer. Sabe dulce, y Dios es el único que la creó dulce para nosotros. Es nutritiva, así que El es el que nutre a Sus criaturas. Está diseñada maravillosamente y artísticamente, así que la miramos en nombre de su Diseñador y poner en práctica nuestra fe. Así es como somos entrenados aquí.

Si no hubiera resurrección física, nuestra fe no tendría sentido en esta vida física. En esta vida sentimos los Atributos de Dios con el cuerpo material y será igual en la otra vida, si Dios quiere. El cuerpo es nuestro mecanismo. Cuando rezamos no deberíamos cerrar los ojos y la mente a la creación. La oración es una oportunidad de apreciar el mundo en que vivimos. Deberíamos rezar por nuestra comida: “Oh Dios, me has concedido esta bendición; Te conozco y sé que esta naranja no puede venir hasta mí por sí sola. Nada en la creación posee divinidad y solo hay un Creador”. La naranja así como sus vitaminas y materiales no nos conocen. Es más, nuestra alma está más cerca de su Dueño experimentando las manifestaciones de los Atributos de Dios en este mundo material. Esta comunicación será recreada y realizada por nuestras almas en el Más Allá/la Otra Vida. En esta vida queremos disfrutar comiendo sin trabajar para conseguirlo; queremos comer infinitamente sin caer enfermos. Esto solo es posible en el Más Allá. Esta es la indicación de la existencia del Más Allá.

El espíritu quiere manifestaciones absolutas y no limitadas del Creador. Es más, creer es certeza. Si estamos seguros de algo, entonces es creer. Si no estamos seguros, es una presunción. El significado de iman es seguridad, garantía y certeza. Dicho esto “Realmente confío en que es así y estoy seguro de que es así”. No es asumir que no lo es, “Así lo creo” o “pienso así”. En inglés creer quiere decir tener fe en algo que no se puede ver.

Cuando comemos una naranja, estamos seguros de que alguien cuida de nosotros con las vitaminas y la dulzura natural. Si recibimos una carta, la abrimos y la leemos. Una naranja es como una carta. Creada por su Creador para enviar un mensaje al que (ser humano) que abrirá la carta y la leerá…

Debemos tener en mente que tenemos que ver nuestra realidad tal y como somos, como primer paso. Estamos aquí, empezamos desde este punto. No podemos decir creemos en Dios y ya está. Tenemos muchas preocupaciones y alegrías en esta vida. Deberíamos incluir los temas religiosos en nuestra rutina diaria.

Esperamos que la religión responda a las situaciones que nos suceden. Religión en árabe es deen, un modo de vida, un camino. Todo el mundo tiene un deen. Todo el mundo tiene un modo de vida. Tu modo de vida es tu deen, tu religión. Cómo vives, cómo interpretas las cosas y las relaciones que tienes con lo que tienes a tu alrededor es tu deen. Tenemos que traer un entendimiento de la religión y la fe a nuestras vidas y nunca rechazar la realidad.

Miramos las cosas como signos de su Creador. El Corán declara que no tratamos de imaginarnos a Dios. Creer en Dios no es una conclusión imaginaria, sino una lógica. Vamos a volver a la naranja. Podemos de manera lógica concluir que no puede existir por sí misma. ¿Qué quiere decir? Esto nos lleva a creer en la existencia de un Ser trascendental. Si no vemos la naranja como una acción de Dios y llegar a la conclusión de que hay un Dios ¿qué se supone que debemos hacer o pensar?

Nos comeremos la naranja como si existiera por sí misma. En tanto que no traigamos la fe en Dios a nuestra relación con la naranja, la naranja entonces tendrá una existencia independiente. Si la naranja existe por sí sola, tiene autoridad y poder para existir por sí misma. Entonces se vuelve una deidad. Cada objeto en la creación es un shirk potencial y simbólico (creer en otra deidad aparte de Dios). La naranja tiene la habilidad de nutrirte y darte sustento. Todo corre peligro de abrir la puerta al shirk. Hay un Dios que creó el universo y las naranjas. Cuando pensamos en una naranja, nos damos cuenta de que es capaz de proveer muchas vitaminas necesarias. Observándonos separados de esa naranja y la creación es decir que somos seres independientes y que somos nuestros propios dioses.

En un aspecto, es muy difícil ver todo como una manifestación de los Atributos de Dios. Intentas ver todo como acciones de Dios, así que te centras en no cometer shirk. Sin embargo, si te entrenas para ver que todo está creado por El, llegarás a la conclusión de que no eres independiente de esa creación. También estás creado por El. La más simple criatura, un insecto, no puede existir por sí solo. Dondequiera que miremos, miramos como a la creación de Dios. Si tenemos un buen amigo, un buen trabajo, una buena cena, pensaremos “mira, así es como Dios creó el mundo, y estoy siendo honrado por El mediante estas cosas”. Nunca deberíamos intentar encontrar una vía de escape de ser Sus criaturas. Siempre se está comunicando con nosotros. En todo momento está creando el mundo en que vivimos y a nosotros. Se hace fácil reflexionar de esta manera.

Deberíamos ver cualquier cosa que pase como la obra de Dios. Deja tus ideas de ser independiente de Dios nuestro Creador. Cuando dices “quiero esto”, espera un minuto y date cuenta que Dios te está concediendo este deseo. Reconocer a tu Creador. Querer algo es una realidad pero tomar el tiempo para darse cuenta de ello proviene de Dios. Sin embargo, si es algo malo, reconoce que eso también proviene de Dios como prueba de libre albedrío. Necesitamos entender que constantemente tenemos al Creador y que no estamos solos aquí. Estamos bajo Su control, pero somos libres de elegir entre lo que está bien y lo que no. La libertad humana es muy beneficiosa si se usa en nombre de Dios, sabiendo que nos ha creado. Por ejemplo, comer un pastel al servicio de Dios completa la creación del pastel. Si proyectamos nuestra comprensión de que somos independientes de Dios para todo, simplemente actuamos en nombre de Dios y sentimos que estamos en contacto con la creación en nombre de Dios.

No usamos la fe en nuestra vida diaria, sino que pensamos en la fe como algo sobrenatural. El libre albedrío se convierte en fuente de sufrimiento. Si no incluimos la fe en nuestra vida práctica, no hay puente entre nuestra vida material y la espiritualidad. En la vida material practicamos nuestra libre voluntad y sufrimos al equivocarnos. Si aportamos fe a nuestras vidas hay dos opciones: ignora a tu Creador y come el pastel, o come el pastel como regalo de tu Creador. Esta segunda opción es fuente de buenas nuevas, no de sufrimiento.

Cuando no incluimos la fe en nuestra vida diaria, se transforma en fuente de responsabilidad. Queremos algo pero tenemos que dedicar nuestra vida a Dios. ¿Cómo podemos conseguirlo? Si se nos pide pensar solo en Dios, pero tenemos todos estos deseos por las cosas mundanas, la fe se convierte en un problema y un obstáculo. Las civilizaciones sufren porque necesitan un remedio que alivie su sufrimiento. Este deseo está justificado. El remedio son las enseñanzas del Profeta y no hay sufrimiento en la realidad. Tenemos que aprender en este mundo sin sufrir. Debemos ver a Dios en sus acciones aquí.

Tenemos nuestros deseos y repulsiones. Así es como somos creados. Deberíamos aceptarnos tal y como somos. Si algo nos sucede, no deberíamos pensar que ha sucedido por sí mismo. Ello no es consciente. El universo al completo pertenece a Dios. Si definimos a Dios como el dueño de todo el universo, no podemos interpretar las cosas como fortuitas o vanas. Este mundo tiene una extensión eterna y solo es una parada a corto plazo.

A veces podemos pensar que Dios crea el mal. Este pensamiento nos vuelve infelices. No vemos que Dios nos crea junto a nuestro desagrado por el mal. Hemos de empezar por la creación: ¿quién creó el agua, el aire, o cualquier otra cosa? Podemos creer tanto como experimentamos. No hay diferencia entre nuestros cuerpos y almas en lo que se refiere a nuestra fe en Dios. Sentimos tal y como somos, con todo nuestro ser.

Hay un matiz entre “Dios creó todo” y “todo está creado por Dios”. Primero necesitamos establecer que todo es creado, y preguntar entonces qué tipo de cosas crearía esto. Entonces podemos comenzar a definir a Dios tanto como sea humanamente posible. Si portamos una roca pesada durante un tiempo, es un problema. Sin embargo, si llevamos un precioso bebé que pesa lo mismo que la roca, es un placer llevarlo.

Cuando pensamos en algo que nos ha pasado y que no nos gusta, debemos pensar que proviene de nuestro Creador (fe en Dios); darnos cuenta de esto nos hace felices. El dolor que sentimos nos hace felices solo si vemos que procede de nuestro Creador. Si es así dejamos de llevar la roca y comprendemos que es un bebé. Si amas tu existencia, amas a Aquel que te la dio. El amor es el centro de todo. El amor a Dios hace este mundo y nos ayuda a verlo como fuente de bendición. Solo después de darnos cuenta de que este mundo es la prueba de nuestro Creador, y que El es el Creador de este mundo, podemos sentir la verdadera felicidad. El amor se vuelve la esencia de todo. En mi existencia, no veo más que a mi Creador manifestándose a Sí mismo. Incluso aquello que no me gusta es un medio de conocer al Creador. Los siguientes son solo algunos ejemplos de varias aleyas del Corán que nos animan a contemplar Su creación:

Los siete Cielos y la Tierra y todo lo que se halla entre ellos Le glorifican. No hay nada que no Le glorifique con Su alabanza (proclamando que El es el Único Dios sin igual ni copartícipe y que toda alabanza y gratitud Le pertenecen exclusivamente a Él), pero no podéis comprender su glorificación” (Corán 17:44)

“Pero ellos entonces ¿nunca observan el cielo encima de ellos (para meditar sobre Nuestro Conocimiento y Poder; y reflexionar) cómo lo hemos construido y adornado, y que en él no hay grietas? Y la Tierra – la hemos extendido y establecido allí firmes montañas e hicimos que crecieran allí cada par encantador de especies vegetales. (Todo esto es un medio de) perspicacia y recuerdo para cada siervo (de Dios) que desea dirigirse a Él con arrepentimiento. Y enviamos desde el cielo agua bendita con la que hicimos crecer jardines y granos para cosechar. Y datileras elevadas y majestuosas con sus frutos arracimados. Como provisión para los siervos. Y hemos revivificado con ello una tierra muerta: aún así los muertos serán resucitados y saldrán (de sus tumbas)” (Corán 50:6-11)

“¿No consideran cómo los camellos fueron creados? Y las montañas, ¿cómo han sido puestas firmes? Y la Tierra ¿cómo ha sido extendida?” (Corán 88:17-20)

“Entonces, que el ser humano considere su alimento (y así reflexione pro la Misericordia de su Señor y la verdad de la Resurrección). Que vertemos el agua en abundancia. A continuación hendimos la tierra en surcos; y así posibilitamos que el grano crezca allí. Las uvas, las plantas comestibles, los olivos y las palmeras datileras y los jardines frondosos y (otros diversos) frutos y vegetación, como medio de sustento para vosotros y vuestros animales“ (Corán 80:24-32)

“Y de Dios es la soberanía (la propiedad y el dominio absoluto) de los Cielos y la Tierra, y Dios posee pleno poder sobre todas las cosas. Es cierto que en la creación de los Cielos y la Tierra y en la alternancia de la noche y el día (con sus periodos de acortamiento y alargamiento) se dan signos (que manifiestan la verdad) para la gente de discernimiento. Conmemoran y mencionan a Dios (con sus lenguas y corazones) de pie, sentados y recostados (durante la Oración o no) y reflexionan sobre la creación de los Cielos y la Tierra (al haber entendido el propósito de su creación, y el significado contenido en ello, concluyen y dicen): “Señor nuestro, no has creado esto (el Universo) sin sentido ni propósito. ¡Gloria a Ti! (ya que Te hallas por encima de realizar nada carente de sentido y propósito) y sálvanos del (hecho de profesar concepciones erróneas sobre Tus actos y de actuar contra el propósito de Tu creación y, por tanto merecer) castigo del Fuego!” (Corán 3:189-191)

“No hemos creado los Cielos y la Tierra y todo lo que se halla entre ellos inútilmente (de modo que la gente piense que están en libertad para actuar cada uno según sus propios deseos e inclinaciones). Esa es mera conjetura de los incrédulos ¡Pobre de aquellos incrédulos por el Fuego!” (Corán 38:27)

“No hemos creado los Cielos y la Tierra y todo lo que se halla entre ellos como un juego y disfrute para Nosotros” (Corán 21:16)

“No hemos creado los Cielos y la Tierra y todo cuanto se halla entre ellos por mero juego y diversión. Los hemos creado tan solo con la verdad (de manera significativa y con un propósito definido y sobre fundamentos sólidos de la verdad) pero la mayoría de la gente no lo saben” (Corán 44:38-39)

“El ha creado los Cielos sin pilares que podáis ver; y ha establecido montañas firmes en la Tierra para que no pueda sacudiros con su movimiento y ha dispersado sobre ella toda clase de criaturas vivas. También enviamos agua desde el cielo, y hacemos cada noble clase de vegetación rica (en color, olor, sabor y fruto) crecer en la Tierra en parejas. Esta es la creación de Dios; ahora demostradme qué es lo que otros aparte de Él han creado. No, de verdad; pero los malhechores (quienes niegan a Dios o Le atribuyen copartícipes) están perdidos en un extravío evidente” (Corán 31:10-11)

“Di: ¿habéis considerado a aquellos (seres y cosas) que asociáis con Dios y, aparte de Dios, los invocáis? Demostradme qué es lo que han creado de la tierra. ¿O acaso tienen una parte en (el proceso de creación en) los cielos? ¿O hemos concedido a esa gente un Libro para que estuvieran basados en una evidencia clara de él (en atribuir copartícipes a Dios?) ¡No! Más bien, los malhechores no se prometen nada sino el engaño” (Corán 35:40)

“¿Acaso no es sino Aquel Quien ha creado los Cielos y la Tierra, y hace descender el agua del Cielo para vosotros? – Hacemos crecer jardines repletos de belleza y encanto: no está en vuestro poder hacer crecer sus árboles. ¿Existe otra deidad aparte de Dios? No, pero ellos son una gente que se ha desviado alejándose (de la verdad) – ¿Acaso no es sino Aquel Quien ha hecho de la Tierra una morada permanente, y ha hecho los ríos fluir en sus hendiduras, y ha establecido para la misma firmes montañas, y ha ubicado una barrera entre las dos grandes masas de agua? ¿Existe otra deidad aparte de Dios? No, sino que la mayoría de ellos no saben. ¿Acaso no es sino Aquel Quien contesta al desamparado en peligro cuando Le ruega a El, y elimina la aflicción de él y (Quien) os ha hecho (oh humanidad) vicerregentes de la Tierra (para mejorarla y gobernar sobre ella según los mandamientos de Dios? ¿Existe otra deidad aparte de Dios? ¡Cuán poco reflexionáis! ¿Acaso no es sino Aquel Quien os guía a través de los velos de la oscuridad de la tierra y del mar, y Quien envía los (misericordiosos) vientos como buenas nuevas antes de Su Misericordia? ¿Existe otra deidad aparte de Dios? Ensalzado absolutamente se halla El por encima de todo aquello que Le atribuyen como copartícipes. ¿Acaso no es sino Aquel Quien origina la creación al principio y después la reproduce, y Quien os provee del Cielo y de la Tierra? ¿Existe otra deidad aparte de Dios? Di: presentad vuestra prueba, si sois veraces” (Corán 27:60-64)

“¡Cuántos signos hay en los Cielos y en la Tierra que pasan por alto, haciendo caso omiso de los signos y no los tienen en consideración! Y la mayoría de ellos ni siquiera creen en Dios sin atribuirle copartícipes a El” (Corán 12:105-106)

¿Qué clase de prueba se menciona en el Corán para la existencia y unicidad de Dios? Las aleyas anteriores hablan de signos de Dios encontrados en la creación. Vamos a empezar con una breve introducción a lo que es el Corán.

Hay 114 suras en el Corán. El Corán explica la realidad y nos conduce a la creación como prueba. El que habla en el Corán es Aquel que creó el universo. Si existe alguna discrepancia entre el Corán y lo que observamos en la creación, o lo que el Corán proclama, entonces se trata de un error, o nuestra comprensión de la creación está equivocada.

La mayoría de los libros que leemos dicen que aunque los musulmanes dicen que el Corán es la palabra de Dios, de hecho está escrito por Mahoma y leen el Corán como si fuera la palabra de Mahoma. Los musulmanes continúan enfatizando que el Profeta Mahoma era un hombre iletrado y que el lenguaje y estilo del Corán es evidentemente muy diferente de las palabras del Profeta Mahoma. El Corán fue revelado al Profeta Mahoma durante 23 años. Al final de estos 23 años, el libro se había completado. Ni los signos de puntuación ni el lugar de una sola palabra se ha cambiado del Corán original en árabe.

Esta revelación nunca ha sido revisada, como uno revisaría el primer borrador de un poema. El Profeta Mahoma rechazó las tradiciones de su sociedad, así como Jesús rechazó las prácticas y las ideas de los monjes y recaudadores de dinero. Cuando el Profeta Mahoma recibió la revelación, estaba en un estado de trance extraordinario, sin usar ni su razón ni su libre albedrío para cambiar nada de lo que le fue revelado.

El Corán, desde el principio es extraordinario. No es algo hecho por el hombre, sino la revelación de Dios. No es ni poema ni prosa. Es muy rítmico y bello. Ha sido memorizado por creyentes durante 14 siglos. La gente que ha estudiado el Corán, desde España hasta China, lo encuentran extraordinario, y escriben comentarios sobre él, sin encontrar discrepancia alguna.

Todas las noticias que el Corán trae relacionadas con la creación son para darnos a conocer el Mundo de lo No Visto (alemu ghayb). El Corán trae noticias sobre Dios donde Él se describe a Sí mismo, haciendo que la gente conozca quién es su Creador. Cualquier noticia que el Corán aporte sobre el Artista de la creación, o antes y después de la creación de este universo, muestra la prueba de la creación en sí. Los musulmanes pueden parecer materialistas, porque incluso cuando hablan sobre su vida espiritual, siguen hablando del universo, descripciones de la belleza en la creación, la tierra y los cielos. Parece como si no fueran religiosos o no estuvieran de hecho hablando sobre Dios. Especialmente cuando leemos las obras sufíes, es como si estuvieran hablando del amor entre las criaturas. Incluso así, están de hecho hablando sobre el amor del Creador hacia las criaturas y viceversa. Miran el arte, y así describen al Artista. La gente espera que hablen de reglas y acciones, pero hablan de amor. Eso es porque el Corán trae las pruebas para su mensaje de la creación. Por ejemplo, si presentas un ramo de flores a una musulmana, ella dirá ma’shallah (la voluntad de Dios). Ella ve las flores, pero habla sobre Dios. Esta es la enseñanza del Corán.

Ahora vamos a echar un vistazo más profundo a lo que Dios nos enseña a través de la historia del Profeta Abraham en el Corán:

“Y recuerda cuando Abraham dijo a su padre Azar: ¿adoptas unos ídolos como divinidades? En verdad, te contemplo a ti y a tu gente perdida en un error obvio”. Así fue como (él habló y actuó y) mostramos a Abraham (la fealdad e irracionalidad del politeísmo y) la dimensión interna de (la existencia de) los Cielos y la Tierra y la verdad eterna (de la que esta dimensión exterior, corpórea y manifiesta depende). Esto lo hemos hecho para que fuera de aquellos que logran la certeza de la fe (para que alcance el último grado de esta certeza como Mensajero de Dios). Cuando la noche cayó sobre él, vio una estrella y exclamó: ¿es este mi Señor? Pero cuando se desvaneció (desapareció de la vista) dijo: “No amo lo que se desvanece”. Y cuando (en otra noche) presenció la luna llena surgiendo con esplendor, dijo: “¿es este mi Señor?”. Pero cuando se desvaneció, dijo: “A no ser que mi Señor me guiase sería, sin duda alguna, de los extraviados”. Y cuando presenció el Sol salir con todo su esplendor dijo: ¿es este mi Señor? ¡Este es el mayor de todos! Pero cuando se puso dijo: “Oh pueblo mío, en verdad estoy libre de que Le atribuyan copartícipes a Dios y de todo lo que Le atribuís como copartícipes. Tomé mi rostro (todo mi ser) con pura fe y sumisión al Creador de los Cielos y la Tierra con sus características propias y no soy de los que atribuyen copartícipes a Dios” (Corán 6:74-79)

Cuando leemos la aleya anterior, Dios nos habla a cada uno de nosotros personalmente a través del Corán. En estas aleyas, Abraham me representa. Así que se supone que tengo que leer todas estas palabras como si Dios me estuviera hablando a mí directamente:

“Así fue como (él habló y actuó y) mostramos a Abraham (la fealdad e irracionalidad del politeísmo y) la dimensión interna de (la existencia de) los Cielos y la Tierra y la verdad eterna (de la que esta dimensión exterior, corpórea y manifiesta depende). Esto lo hemos hecho para que fuera de aquellos que logran la certeza de la fe (para que alcance el último grado de esta certeza como Mensajero de Dios)” (Corán 6:75)

Se nos ha dado el potencial de ver el poder y las leyes de los cielos y la tierra:

“Cuando la noche cayó sobre él, vio una estrella y exclamó: ¿es este mi Señor? Pero cuando se desvaneció (desapareció de la vista) dijo: “No amo lo que se desvanece” (Corán 6:76)

Cuando la estrella se pone, algo dentro de mí dice que Dios, el Creador no puede ponerse, ni ser superado por otra cosa, ni desaparecer. Mi potencialidad busca un Creador Absoluto. Si este Creador es realmente el Creador de todo, no puede estar limitado ni ser superado por algo más. Abraham dice: “No me gusta”. Esta afirmación está guiada por los sentidos humanos, no por nuestro intelecto. Los sentidos humanos no pueden aceptar nada que no sea Dios como deidad. Nuestros sentidos saben que el Hacedor no puede ser lo que Él ha hecho. No me gusta significa que nuestros sentidos no confían en algo que no es suficientemente absoluto para ser Dios. Mis sentidos dicen que quiero vivir para siempre y que quiero ver la bondad para siempre. La bondad temporal es lo que deseo. No conocemos a Dios solo a través del razonamiento. Puesto que el Razonamiento es solo uno de nuestros sentidos, es el único de nuestros sentidos que puede encontrar y conocer a Dios:

“Y cuando (en otra noche) presenció la luna llena surgiendo con esplendor, dijo: “¿es este mi Señor?”. Pero cuando se desvaneció, dijo: “A no ser que mi Señor me guiase sería, sin duda alguna, de los extraviados” (Corán 6:77)

A no ser que mi Señor me guíe” significa que no puedo solucionar este enigma por mí mismo. Necesito guía, lo que quiere decir que los seres humanos necesitan la revelación y guía de Dios. Tenemos que admitir que no podemos realmente conocer ni describir el Mundo de lo No Visto. Podemos mirar la pintura, pero si no tenemos una pista del pintor, y nunca hemos sentido algo así, no podemos imaginar por nuestra cuenta. A menos que Aquel que hizo el cuadro se muestre ante mí, no puedo conocerLe. Soy capaz de entender que esto está hecho, y estoy seguro que la pintura en sí no puede hacer al cuadro, así que debe haber un pintor. Pero ¿quién es el pintor?

Necesito un Pintor que se explique ante mí con el fin de comprenderLe y conocerLe. Durante siglos los libros de guía han sido enviados a la humanidad para explicar al Creador. No podemos decir que la pintura hace el cuadro, pues sería imposible. Hay un Hacedor, un Artista, y he aquí la descripción del Artista en las Revelaciones. Se supone que debo verificar esta descripción con el cuadro. Digamos que la escritura menciona que el pintor conoce 300 colores. Yo miro al cuadro y veo si todos han sido usados. El cuadro en sí atestigua la descripción del pintor que se hace en el libro guía. Esto significa que solo con nuestras capacidades no seremos capaces de conocer a nuestro Dios, a menos que El nos guíe:

“Y cuando presenció el Sol salir con todo su esplendor dijo: ¿es este mi Señor? ¡Este es el mayor de todos! Pero cuando se puso dijo: “Oh pueblo mío, en verdad estoy libre de que Le atribuyan copartícipes a Dios y de todo lo que Le atribuís como copartícipes” (Corán 6:78)

El sol puede ser visto como la mayor causa, así que hoy, algunas personas creen en la teoría del big bang como la causa de las causas. He visto la causa más poderosa en el establecimiento del universo. No es absoluto y entiendo que esta creación solo puede llegar a existir por el Absoluto. El sol, sin el cual creemos que no tendríamos nada, se pone también. No es absolutamente influenciable. No es una creación dominante. Tiene que obedecer las leyes de la creación. El Creador es absoluto y no hay nada en la creación que lo sea.

Otra aleya en el Corán afirma que si Dios no ha enviado un mensajero a cierto grupo de personas, entonces no se le tendrá en cuenta, por eso envió un mensajero a cada pueblo. Esto significa que sin los libros de guía no podemos encontrar a Dios por nosotros mismos. Decir que tiene que haber un Creador no es conocer a Dios. Es una conclusión racional y verdadera. Creer en Dios es un tema muy serio. No solo es aceptar la existencia de Dios. Cuando el Corán dice: “Oh creyentes”, tiene una connotación diferente, refiriéndose a los que creen que existe un Creador. En el Nuevo Testamento casi no hay descripciones de Dios. Por eso Jesús se refería a las Tablas reveladas a Moisés. El Corán hace que conozcamos a Dios describiéndole. Este es el objetivo principal de la revelación.

Asociar copartícipes con Dios no se refiere necesariamente a la adoración de ídolos de piedra o al sol o la luna. Un ídolo es simbólico. Posibilitamos nuestros propios ídolos de nuestros propios sentidos. Construyo mi propia deidad cuando reverencio mi carrera, el dinero o a mí mismo por encima de Dios, aunque diga que creo en Dios. Cuando tengo mis propios dioses, el espíritu está en conflicto, lo que lleva a problemas psicológicos. Los sentidos toman las cosas de la creación como deidades y les quieren, pero el espíritu quiere a Dios. No podemos quedar satisfechos en nuestro espíritu con las cosas falsamente adoradas. Puedes solo resolver tus problemas de tu vida rompiendo los ídolos de tu corazón. Al romper los ídolos de la Kaa’ba, el Profeta Mahoma puso de manifiesto que no había ídolos en la creación. La Kaa’ba es el corazón del mundo. Estás en el mundo y tu corazón es como la Kaa’ba, así que elimina los ídolos de él. Si hay algo de suciedad en tus gafas, de igual modo que ídolos en tu corazón, no puedes ver la realidad. Jesús también limpió de ídolos el Templo; deberíamos seguir a los Profetas y limpiar los ídolos, como nuestra adoración por el dinero o el prestigio, de nuestras vidas:

“Torné mi rostro (todo mi ser) con pura fe y sumisión al Creador de los Cielos y la Tierra con sus características propias y no soy de los que atribuyen copartícipes a Dios” (Corán 6:79)

Nunca veré criaturas con las mismas cualidades divinas del Creador. Cada parte del Absoluto es absoluta. Somos creados para adorar solo al Creador de los Cielos y la Tierra. Dirige tus sentidos hacia Él y solo Él porque todo lo demás será como la suciedad en tus gafas. Tu espíritu siempre estará en tensión y nunca solucionarás tus problemas. El espíritu no puede quedar satisfecho con nada excepto Dios. Solo puedes amar a Dios si Le conoces y si no conoces a Dios, no puedes amarle. Si quieres amar a Dios debes conocerLe y conocerLe y amarle por Sus Atributos de perfección.

Sin los mensajes aportados por los libros de guía, no puedes interpretar tus sentidos correctamente. El Creador tiene que enseñarnos sobre Él porque nadie más puede. El universo está aquí, los mensajeros están aquí, y el mensaje está aquí:

“Sin duda, en la Creación de los Cielos y de la Tierra, en la alternancia de la noche y el día (con sus períodos de acortamiento y alargamiento) en la embarcación que navega en el mar siendo de utilidad a la gente, en el agua que Dios hace caer desde el Cielo con la que revive la tierra después de muerta, en cómo ha diseminado en ella toda clase de criaturas vivas y en Su disposición de los vientos, y las nubes sometidas entre el Cielo y la Tierra; en verdad que se dan signos (que demuestran que Él es el Dios Único que merece ser venerado y el Único Refugio y Auxilio) para la gente que razona y entiende” (Corán 2:164)

Las embarcaciones, ayudadas por materiales fabricados por el hombre, son creados por Dios. Aunque los humanos hicieron la nave, Dios determinó el modo en que el barco flotaría y todas las leyes naturales para mantenerle a flote. Cuando utilizo el ordenador, es de Dios, porque El creó la forma en que usamos nuestras manos, cerebro y la ciencia física que se esconde tras un ordenador. Todo esto y más ya existe en el universo, pero los seres humanos lo están descubriendo ahora. Los signos de Dios están ahí cuando miramos la creación en su conjunto, especialmente, a través del tiempo, y en las cosas con las que los humanos interactúan. No hay nada que no podamos usar como signo para entender a Dios. Puesto que son signos, necesitamos pensar sobre ellos. Es su propósito en la creación para ayudarnos a entender quién es el Dueño de todo esto.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

Milagros

¿Cómo definir lo “ordinario”? Cuando hablamos de milagros, inmediatamente pensamos en hechos extraordinarios o excepcionales. ¿Por qué consideramos un hecho determinado como “ordinario”? La definición de “ordinario” en el diccionario es “de tipo o acontecimiento común o establecido” y extraordinario se define como “ de manera, curso u orden no establecido”.

Vemos los hechos como ordinarios porque estamos acostumbrados a ellos. Damos por hecho que un acontecimiento tiene que suceder bajo ciertas condiciones solo porque siempre lo hemos observado suceder en esas condiciones (haciéndole “establecido”). Sin embargo, ¿son estos acontecimientos establecidos o comunes realmente ordinarios? Vamos a echar un vistazo a las cosas a nuestro alrededor y en cómo llegan a existir: ¿Podemos ver algo en todo el universo que no esté en armonía con el resto de las cosas que existen? ¿Hay una sola cosa que no esté en armonía con los hechos que sucedieron antes de su existencia y que ocurrirán tras la misma?

Todos sabemos que las cosas existen como si conocieran el mundo entero y hubieran sido entrenadas para ajustarse a él precisamente antes de llegar a este mundo, más conscientes que los seres humanos. Nosotros tenemos primero que establecer que todo llega a existir en un orden establecido pero no en una manera ordinaria, sino más bien en una forma extraordinaria. No pueden llegar a existir por sí mismas, sino que han sido enviadas a la existencia por alguien que posee Conocimiento Absoluto de la creación y Poder Absoluto sobre todas las cosas. Él lo crea todo, y ni un simple objeto llega a existir sin Él, a Quien llamamos Dios.

Entonces ¿qué hay de los milagros? Si todo es extraordinario, ¿qué hechos se consideran milagros? Un milagro en terminología islámica es mu’cize, que literalmente significa “nada ni nadie puede hacer algo igual”. De hecho, nadie puede dar existencia a una sola cosa. Solo Dios, que tiene Cualidades Absolutas, puede crear. Así que, lo que observamos en este mundo es Su acción de crear, y nada más.

Él crea de acuerdo a un orden, que llamamos “orden establecido”, o “leyes” porque Él no cambia Su modo de crear. Podemos llamar a esto leyes creadas de Dios. Desafortunadamente, al ver el orden en la creación, algunas personas toman este orden por el Ordenante en Sí.

¿La causa realmente causa? La relación causa-efecto es la señal del orden en la creación; las causas no traen a la existencia a los efectos. Cualquiera puede entender que las causas también son creadas, y no tienen habilidad absoluta e independiente que les haga responsables de la creación de los efectos, cada uno de los cuales es tan perfecto como el mundo entero.

Por ejemplo, ¿no es obvio que las moléculas de ADN en un huevo sean señal del Conocimiento Absoluto de Su Creador, así como el pájaro que produce el ADN? Su creación próxima en el tiempo revela el orden de la creación. ¿No podemos llegar a la conclusión de que nada ni nadie pueden provocar la existencia, sea la molécula de ADN o sea el pájaro, sino tan solo el Creador el cosmos completo, porque solo pueden existir en el orden del universo?

Algo o alguien que no puede dar lugar a la existencia del universo entero no puede dar lugar a una molécula de ADN ni a un pájaro. La creación de la molécula de ADN es un milagro, así como la creación del pájaro.

¿Qué hay de los milagros demostrados por los mensajeros de Dios? Los mensajeros son personas que han sido creadas como cualquier otra criatura, pero se les ha encargado la tarea de recibir y divulgar el Mensaje del Creador, e incluso más, representándolo de la mejor manera posible como seres humanos. De hecho, los mensajeros no demuestran ningún milagro; más bien es Dios quien les ha empleado, que crea cosas que no son familiares a la gente, y lo demuestra a través de los mensajeros. Los milagros de los mensajeros son excepcionales cuando se piensa en ellos en términos del orden establecido. Pero en realidad, son tan extraordinarios como otros hechos que observamos en nuestra vida diaria. Como dijimos antes, la creación de cada hecho es extraordinaria de por sí.

No se debería pensar en los milagros como violaciones del orden de la creación de Dios. Crear un hecho con el que la gente no esté familiarizada y demostrarlo a través del mensajero es otro orden del Creador. A lo largo de la historia de la humanidad, de un modo o de otro se les ha concedido milagros a todos los mensajeros de Dios.

¿Por qué los milagros? Los milagros deben entenderse como signos del Creador para confirmar la proclamación de Sus mensajeros cambiando el orden establecido de Su creación. Por tanto muestra a los seres humanos que esa persona que dice estar empleada por el Creador realmente está diciendo la verdad. Por eso los mensajeros no realizan milagros a su antojo, sino que se vuelven a Dios para enviar una señal cuando la gente no les cree. Los seres humanos esperan que si una persona realmente está siendo utilizada por Dios, no dejará a esa persona sin pruebas.

Podemos entenderlo mejor cuando pensamos en un oficial de policía. Aunque los profetas no son oficiales de policía de Dios, son mensajeros que obedecen a Dios. Cuando un oficial lleva a una persona al tribunal, todos sabemos que el oficial no actúa por su cuenta. Primero, tiene que mostrar su placa y actuar en nombre de la autoridad para la que trabaja. El oficial no puede hacerse una placa a sí mismo; solo la autoridad para la que trabaja puede darle esta placa.

Los milagros de los mensajeros son como las placas de los profetas, entregadas por la Autoridad para la que trabajan. Ver los milagros como obras de los mensajeros en sí es el equivalente a perder el origen de su misión.

La revelación que los mensajeros recibieron de Dios proporciona a la humanidad una guía para su vida material y espiritual. Los mensajeros no fueron enviados para guiar a la gente solo en su época; también guían a generaciones futuras con la revelación y milagros que recibieron de Dios.

Si examinamos de cerca las cosas, fácilmente podemos darnos cuenta de la Sabiduría Absoluta y el propósito en su creación. La sabiduría de Dios no tiene fin; ni siquiera en la concesión de milagros a los mensajeros.

Algunos milagros tenían la intención de enseñar a la gente lo que es posible, en la medida que afecta a las leyes de Dios, de forma que puedan descubrir esas leyes. Por ejemplo, Dios curó a mucha gente que padecía diferentes enfermedades a través del mensajero Jesucristo, incluyendo la resurrección de personas (Ver Corán 5: 110). Eso es un signo del Creador que se incluye en la capacidad de las leyes de Dios para revivir, al menos en una base temporal, una persona fallecida, y curar todo tipo de dolencias previamente desconocidas para los seres humanos.

En el ejemplo del profeta Moisés, aprendemos que perforando la roca, podemos encontrar fuentes (Ver Corán 2:60); está dentro de las leyes de Dios en la creación. De forma similar, con el profeta Salomón aprendemos que usando el aire, los seres humanos pueden viajar una cierta distancia en un tiempo más reducido (Ver Corán 34:12). Hay muchos más ejemplos. Así que podemos concluir que los mensajeros son guías para su gente tanto en la vida espiritual como en la vida mundana. Los milagros no hacen que la gente crea en los mensajeros necesariamente.

Los hijos de Israel tuvieron como milagro “la sombra de las nubes” en el desierto: “Y (puesto que sin ayuda no habríais podido sobrevivir en el desierto sin resguardo ni comida) hicimos que la nube (que visteis cómo había sido asignada a vosotros) os diese sombra e hicimos descender sobre vosotros el maná y las codornices: “Comed de las cosas puras y sanas con las que os hemos proveído” (Corán 2:57). Pero al final, los hijos de Israel aparecen en el Corán diciendo a Moisés “Moisés, ya no vamos a soportar una sola clase de alimento. Pide a tu Señor por nosotros que haga brotar para nosotros todo lo que la tierra produce” (Corán 2:61)

Como muestra este ejemplo, ver un milagro no es algo fácil para los que no están listos para aceptar y someterse a la Verdad que los mensajeros traen. Preferían comer comida cultivada de la tierra para adscribir su creación a la tierra y a su propio esfuerzo. De este modo lo cubren con la interpretación arrogante de que ellos mismos produjeron la comida y que procedía de la tierra de algún modo, por lo que no agradecieron directamente a Dios. Decidieron no aceptar el mensaje del milagro y por tanto no someterse al Creador.

Algunos eligieron no aceptar los milagros de Dios cuando se les demostraron a través de mensajeros como Salomón, Jesús y Mahoma. Los que no quisieron someterse solo a Dios, sino que prefirieron seguir con su tradicional estilo de vida y la estructura social y económica de la que se beneficiaban, decían que no eran milagros, sino “magia evidente” (Ver Corán 26:49; 5:110; 34:43). Nosotros también tenemos una elección sobre cómo interpretar los milagros… dependiendo de si nos acercan más a Dios o nos alejan hacia la incredulidad.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

El significado y finalidad de Dunya (Mundo)

Practicar el Islam es someterse a la realidad. Es darse cuenta que nada en este universo es una deidad. En otras palabras, nada tiene un origen o poder en sí mismo; es un recipiente, y el origen de todo es Él quien es el Creador Consciente y Sustentador de esta creación, Dios.

Muchos de nosotros tenemos tendencia a ser perezosos en lo referente a asuntos terrenales tras habernos implicado más en los asuntos religiosos. Este problema está relacionado con el significado de esta vida y en cómo se relaciona con el Más Allá. Muchos de nosotros vivimos una dicotomía entre religión y vida, y esta es la fuente de muchos de nuestros problemas.

Cuando decimos “dunya” (mundo) en un discurso religioso, tendemos a entender un solo significado: el dunya (mundo) que ha sido condenado por Dios y su Profeta. Dunya (El mundo) está sucio (es algo de lo que debemos deshacernos y es impuro). Cuando nos centramos más cuidadosamente en el tema, vemos que hay dos definiciones de “dunya (mundo) en el Corán y nuestra percepción de “dunya” (mundo) es crucial a la hora de vivir esta vida.

La primera definición es el “dunya”(mundo) condenado como se menciona en la siguiente aleya: “¡Oh seres humanos! Apartaos de la desobediencia a vuestro Señor en veneración a Él para merecer Su protección, y temed un Día cuando ningún padre podrá hacer nada por su hijo, ni ningún hijo podrá hacer nada por padre, en absoluto. La promesa (del Juicio Final) de Dios es con toda certeza verdad. Entonces, no dejéis que la vida presente y mundana os engañe, ni dejéis que cualquier embaucador (incluido especialmente Satanás) os engañe (en vuestras concepciones) sobre Dios” (Corán 31:33)

La segunda definición es “dunya(mundo) como granja del akhirah (Más Allá) como lo describió el Profeta Mahoma: “el mundo es la granja del Más Allá”. Dios también dice en el Corán: “Quien obre un mal será correspondido por ello y no encontrará para él, aparte de Dios, guardián ni ayudante. Y quien haga actos rectos, sea varón o hembra, y sea creyente, esos entrarán en el Paraíso y no se les hará siquiera la muesca de un hueso de dátil de injusticia” (Corán 4:123-124)

Esta definición de “dunya (mundo) también conlleva que es un lugar de educación y aprendizaje sobre Dios. Si pensamos en “dunya (mundo) de la forma en que la segunda definición lo sugiere, entonces no tiene que ser condenado, sino al contrario, es la gracia de Dios sobre nosotros con el fin de conocerLe y estar con Él para siempre. Sin “dunya (mundo) no podemos lograr estas dos importantes metas, o en otras palabras, no podemos saber el propósito para el que hemos sido creados. Dios dice en el Corán: “No he creado a los genios y a los seres humanos sino para que (Me conozcan) y Me veneren (exclusivamente)” (Corán 51:56). Darse cuenta de ubudiyyah (servidumbre/adoración) llega solo cuando comprendemos lo que significa y lo vivimos en este mundo. Cuanto más entendamos nuestra ubudiyyah más entenderemos de quién somos siervos (abd), o quién es nuestro Señor, lo que nos lleva al conocimiento de Dios. Esto significa que este mundo es importante, de hecho, vital. Sin el mundo no hay akhirah, no hay ma’rifa (conocimiento de Dios). Vivir en el mundo no es estar condenado a él o escapar de él. Al contrario, solo a través de esta vida somos capaces de ver nuestra humanidad, de convertirnos en verdaderos seres humanos, vicegerentes de Dios en este mundo, humanos conscientes del significado del mundo y que trabajamos para que este significado sea más visible.

Ahora tenemos que ver cómo afecta esto a nuestra vida práctica. Dios ha puesto en orden esta vida. Ha establecido el orden. En este orden tenemos que trabajar para vivir, nos casamos y tenemos hijos, somos hombres o mujeres, y tenemos ciertas necesidades. Este es el orden de Dios y lo deseó de este modo. Ya que estamos aquí para aprender, todo lo que hacemos en nuestra vida debería estar relacionado con nuestra educación. Este es nuestro programa de estudios y el escritor de dicho programa es Dios. Nos asigna profesores: los Profetas y un libro para que lo usemos como guía, el Corán. Todos y cada uno de los hechos a los que nos enfrentamos en este mundo forman parte del currículo, y este mundo es nuestra granja, nuestro laboratorio, donde recibimos esta educación tan importante.

Llegamos a saber que sólo somos siervos, nada más. No hay modo de que podamos llegar a esta conclusión sin estar en este mundo. En cada acción, comprendemos que no poseemos nada, pero se nos da confianza de parte del Creador. Entendemos que nos han sido concedidas muchas potencialidades para usar en este mundo.

Así que lo importante no es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. Si nuestro trabajo es enseñar el Corán, este acto en sí no es importante. Lo importante es cómo lo hacemos y con qué actitud realizamos este trabajo. ¿Somos conscientes de que se nos han dado unas potencialidades y que mientras hacemos nuestro trabajo estamos viendo y utilizando las capacidades otorgadas por Dios? ¿Somos conscientes de que ninguna de estas habilidades son nuestras, sino que todas provienen de Dios? Él nos enseña a través de la enseñanza; Él es un maestro. Dios es el Misericordioso que guía a los seres humanos y es el Omnisapiente. Si no somos conscientes de esto mientras enseñamos el Corán, entonces no ganamos nada con ello.

Por el contrario, digamos que nuestro trabajo es limpiar calles, y alhamdulillah (gracias a Dios), no hay ninguna deshonra en ello. Si la persona que se encarga de este trabajo es consciente de cómo lo realiza, entonces ha sido educado en la escuela de Dios. Si nota las manifestaciones del Atributo de Dios Al-Quddus (el Puro) mientras hace su trabajo, y agradece a su Señor por permitirle realizarlo, entonces esta persona se siente feliz, satisfecha y avanza en la “escuela”. Ahora está siguiendo las huellas de los Profetas que fueron enviados para enseñarnos que todo viene de Dios y vuelve a Dios, y que no debemos olvidar a Dios en ningún instante. El mismo paradigma debería aplicarse cuando lavamos los platos o limpiamos la casa. Se vuelve una acción más agradable si se hace como es debido.

Si nos damos cuenta de cómo Dios nos educa en esta vida, entonces todas las dicotomías desaparecen, y nos convertimos en duros trabajadores en cualquier aspecto de la vida, pero con una apertura de mente diferente. Es entonces cuando empezamos a vivir nuestra ubudiyyah en cada momento, con felicidad y satisfacción. Damos las gracias a Dios por crear un mundo tan maravilloso y por ser de los que Le alaban. La alabanza es quedar internamente satisfechos con lo que Dios nos ha dado. Como nos enseñó el Profeta, una de las puertas al Paraíso es la puerta de los que están constantemente en un estado de satisfacción con su Señor. Su Señor establece esta escena del mundo para que podamos aprender el significado de la vida y descubrir quiénes somos y quién es nuestro Creador con el fin de prepararnos para la vida eterna.

Echemos un vistazo a la vida de los Profetas y de los compañeros y veamos que no había ninguna dicotomía entre la vida y la religión. Para ellos, la vida era su educación religiosa, y se aferraban fuertemente a ella con la apertura de mente del iman (fe) en lugar de abandonarla y volverse perezosos.

El Profeta Mahoma era un pastor, un mercader, una persona que limpiaría su casa, prepararía sus comidas y doblaría sus ropas. Permanecía activo todo el día, ayudando en todo sin malgastar ni un momento.

Los Profetas Zacarías, Juan y Jesús eran carpinteros, que trabajaban y se ganaban la vida. Los Profetas David y Salomón eran reyes, que vivían plenamente en el mundo, y daban cuenta de este modo de la educación de Dios. Como dice el Profeta Salomón en el Corán: “Este es por medio de la gracia pura de mi Señor Quien puede ponerme a prueba ya sea si agradezco o actúo con ingratitud” (Corán 27:40). ¡De esto se trata la vida! ¿Seremos de los agradecidos o de los que olvidan quién es el dador de bondades?

Cuando leemos las historias de los compañeros, vemos que parecían apegados al mundo, pero en su segundo y tercer significado. Eran muy activos, viviendo sus vidas dándole a cada segundo su valor, sabiendo que vale la pena vivir cada segundo de esta vida, porque fue dada por nuestro Señor con un objetivo. Así que, queridos hermanos y hermanas, esta vida no tiene ninguna dicotomía. Dios es el Señor de los Cielos y de la Tierra y de lo que hay entre ellos. Si tenemos la impresión de que hay dicotomías, significa que tenemos que trabajar más duro, aprender más, sentarnos y reflexionar sobre nuestras vidas. ¿Quiénes somos? ¿Por qué estamos aquí? ¿De dónde venimos y a dónde vamos? Solo cuando nos demos cuenta de nuestra realidad, de que solo somos siervos de Dios, la vida comenzará a cobrar sentido logrando mayor satisfacción y serenidad y diremos en alto: “Gloria a Dios por todas las cosas; Dios es el más grande; está exento de cualquier imperfección” (Alhamdulillah; Allahu Akbar; Subhanallah)

La vida es bella. Dios la hizo de este modo. Este no es un lugar para permanecer, sino un lugar para aprender y quedar satisfechos con nuestro Señor. Si tenemos problemas en nuestras vidas, si las cosas no cobran sentido, si sentimos la vida como un gran peso, entonces necesitamos la orientación de nuestro Creador. Buscar orientación, pedirla y trabajar por ella. Hay muchos círculos de estudio en los masjid y otros lugares. Preocúpate de aprender y no dejes que tu vida pase en balde, porque se nos preguntará en el Día del Juicio Final lo que hemos hecho con la confianza que Dios ha depositado en nosotros.

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)

 

El significado de Eid Al-Fitr y Eid Al-Adha

Hay dos festividades importantes en el Islam: Eid al-Fitr, la festividad en que se rompe el ayuno al final de Ramadán, y después Eid al-Adha (también llamada Fiesta del Sacrificio o Fiesta del Cordero) que es la conmemoración del Profeta Abraham. Eid al-Adha se celebra unos dos meses después del final de Ramadán. El orden de estas festividades es importante: primero el ayuno, luego la festividad del Sacrificio.

Vamos a recordar primero que el ayuno es uno de los pilares del Islam (someterse a la voluntad de Dios). A menudo hemos escuchado que ayunar proporciona plenitud espiritual y que el mes de Ramadán es un mes de bendiciones. Pero ¿qué sucede cuando ayunamos? ¿Qué hace tan especial al ayuno? La gente a menudo dice que cuando ayunas, recuerdas al hambriento y compartes lo que Dios te ha dado con los necesitados. Pero si no entendemos el significado de ayunar, tendemos a pensar en comida todo el día y podemos volvernos más egocéntricos y olvidarnos del necesitado.

Cuando los musulmanes (los que se esfuerzan por someterse a la voluntad de Dios) ayunan, se dan cuenta de lo débiles que son y de lo frágil que es el cuerpo humano. Nos damos cuenta de que dependemos de muchas cosas que hemos dado por sentadas, como el agua o el aire. Es una situación que nos hace preguntarnos quiénes somos realmente.

Solemos decir que somos seres creados, pero apenas somos conscientes de lo que eso quiere decir. Ser creado implica estar necesitado; estamos en continua creación, aún así no somos autosuficientes. Nuestras necesidades son innumerables, pero debido a que usualmente no tenemos consciencia de nuestra necesidad de las cosas como el aire, las damos por sentadas. Ya que soy creado, estoy necesitado. Cada persona y cada cosa comparten estas cualidades. Todo pertenece solo al Creador. Este es el comienzo del proceso de tawhid, que es un proceso constante de unión con Dios y de darnos cuenta de que todo absolutamente Le pertenece solo a Él.

Tawhid no es solo creer en un dios como opuesto a dos o tres; es darse cuenta de que todos los atributos loables de perfección pertenecen solo al Hacedor y no a las cosas en sí. El Corán enseña tawhid de esta manera: “Dios, no hay más deidad salvo El. Suyos son los Nombres más Bellos” (Corán 20:8)

Si reflexionamos sobre el significado del ayuno, nos ayuda a experimentar el tawhid. Cuando ayunamos apreciamos el valor de la comida y observamos que es un regalo preciado y nos llenamos de gratitud por ello. Nos anima a reflexionar sobre los incontables regalos de compasión que se nos han dado, como la salud y la vista. Todo se convierte en valioso cuando ayunamos; todo es una bendición y vemos cuán maravillosa piedad son el agua y el aire. Todo se transforma en un símbolo de la piedad y generosidad de Dios y de otros atributos de perfección. La comida es una señal de amor, una señal del favor divino. Es un signo que vuelve nuestra atención de la comida hacia el transmisor de este favor. También entendemos que el hambre no se nos ha dado solo para llenar nuestros estómagos y obtener un placer temporal del hecho de comer, sino para hacer de ese placer un signo, un medio para reconocer al dador de este placer y estarle agradecido solo a Él.

Cuando percibimos la comida como un favor divino, el placer que nos da es muchísimo mayor que el placer obtenido de la materia perecedera. Deja una satisfacción duradera: el placer de estar en presencia del interminable cuidado y amor de Dios. Este placer es la esencia de la adoración; es la semilla de los placeres del paraíso. Por eso cada vez que rompemos el ayuno, sentimos las buenas nuevas del placer duradero y lo disfrutamos.

Hay una celebración cada anochecer durante el mes del ayuno. Al final del mes, toda la comunidad celebra la festividad de romper el ayuno. En el Islam, la festividad se centra en la adoración más que en la comida. La fiesta se celebra con oraciones en grupo y glorificaciones a Dios durante tres días. La gente se visita unos a otros y se hacen regalos para expresar su gratitud a Dios y reflejar Sus Atributos como el Otorgador y el Compasivo en sus propias vidas. La festividad es disfrutar siendo el invitado de honor del Creador Misericordioso, un estado del que nos damos cuenta mucho mejor cuando ayunamos con la intención de lograr tawhid. Es más, cuanto más nos damos cuenta de lo necesitados que estamos, más nos cubriremos de bendiciones (ni’ma), y todo nuestro ser se llenará de gratitud hacia el Creador compasivo. Aquellos que se rinden a esta realidad dicen: Alabado sea Dios, Señor de todos los mundos, Quien es el Señor de todos los regalos, el Señor de todas las cosas. Alabar al Creador Misericordioso es la esencia de la adoración.

El ayuno nos recuerda nuestras necesidades. Y nuestras necesidades son el medio de probar todas las cosas y de sentir empatía hacia el necesitado (y todo lo que se necesita). A través de nuestras necesidades nos comunicamos con el resto del mundo en nombre de Dios. Vemos que no somos ajenos a otras personas ni a otros seres. Entonces el espíritu se regocija ante estas buenas noticias si el estómago ruge. Dios dice en el Corán: “Para ellos hay buenas nuevas de felicidad en la vida de este mundo y en el Más Allá” (Corán 10:64). Entonces podemos compartir todo con todo el mundo porque no nos sentimos ansiosos a la hora de satisfacer nuestras necesidades ya que el Creador Misericordioso ha cuidado de ellas. Es el fin del egoísmo. Quedamos liberados del mundo ilusorio del ego. Dar y compartir con otros ya no suponen un sacrificio porque de todos modos nada nos pertenece. Se nos da todo continuamente y lo compartimos con otros, recordamos y afirmamos esta realidad de caridad. Por eso es por lo que compartir es fuente de alegría y una ayuda para comprobar nuestra posición como invitados de honor del Señor de este mundo.

Si ayunamos con este conocimiento, recordamos al verdadero poseedor de bondades y cosas hermosas. La comida no es mero sustento, sino un regalo de Dios para ser comido y usado en Su nombre. Entonces nos gusta la comida en nombre de su Creador que la hizo buena y nos la ofreció como regalo de amor y amistad.

Si amamos las cosas por lo que son, si imaginamos que las cualidades que las hacen adorables son inherentes a ellas, las estamos convirtiendo en ídolos. El amor es adoración. Y el amor hacia los ídolos es lo contrario a tawhid. El Corán enseña que asociar copartícipes a Dios es asociarle cualidades manifiestas en objetos y en nosotros mismos a las cosas en sí más que al Hacedor.

Las cosas no son hermosas, ¡las han hecho hermosas! Amamos la belleza, pero la belleza pertenece solo al Creador. Las cosas deberían ser amadas en nombre de su Hacedor, y eso es lo que bismillah (en el nombre de Dios) se supone que debe recordarnos. En otras palabras, someternos a la realidad cósmica de tawhid, debemos romper nuestros ídolos y acabar con nuestra ilusión de que las cosas son buenas o adorables independientemente de su Creador.

Esto es lo que simboliza el sacrificio del cordero en Eid al-Adha. Esta fiesta del sacrificio es la más importante en el calendario musulmán. Tiene lugar unos dos meses después de la festividad de romper el ayuno y concluye con Hajj, la Peregrinación a Meca. Dura cuatro días y conmemora la rendición de Abraham a la voluntad de Dios. La festividad representa la fidelidad de Abraham con el sacrificio de un animal. Las familias donan una fracción de la carne a los pobres y a los vecinos. En el Islam, Abraham es conocido como el padre de tawhid; el Corán dice que es el modelo de taslim (sumisión a la voluntad de Dios):

“Abraham fue un líder ejemplar, sinceramente obediente a Dios como un hombre de pura fe, libre de cualquier mancha de incredulidad o hipocresía, y no era de los que atribuían copartícipes a Dios. Siempre agradecido por Sus favores, El le eligió y le guió hacia el camino recto. En el mundo le concedimos el bien y, sin duda, será de los justos en el Más Allá” (Corán 16:120-121)

“Nosotros le escogimos como puro y distinguido en esta vida y en el Más Allá; Cuando el Señor le dijo “Sométete del todo (a tu Señor)”, respondió “Me he sometido totalmente al Señor de los Mundos” (Corán 2:130-131)

Abraham destruyó todos los ídolos que su gente adoraba. Sabía que nada merecía la pena ser adorado excepto Dios. Finalmente, tuvo que destruir todos los ídolos en su corazón para que todo su amor fuera solo en aras de Dios. Pero ¿cómo pudo hacerlo? No lo hizo renunciado al mundo físicamente como pensó en un principio. El Corán dice que Dios aceptó su intención, pero Dios también le enseñó que la renuncia es solo metafórica. El mundo no es un obstáculo para el amor y veneración a Dios; todo es de hecho un signo (ayah) que nos hace conocer a Dios. El problema no es con el mundo, sino con nuestra visión del mundo y con nuestra relación con él. Del mismo modo, el problema no era con el hijo de Abraham, sino con la naturaleza de su amor por este niño.

Dios le enseñó a Abraham que la solución no era matar a su hijo sino amarle en el nombre del Creador. Abraham se sometió a la voluntad de Dios porque sabía que Dios le había hecho amar a su hijo, y confió en la infinita misericordia y sabiduría de Dios. Dios le enseñó que con el fin de confirmar la realidad de tawhid en su vida, no necesitaba abandonar el mundo y renunciar a su hijo, sino más bien que tenía que amar a su hijo en nombre de Dios. No tuvo que renunciar al mundo físicamente. ¿Para qué fue entonces creado el mundo? ¿Y cómo vamos a conocer a Dios sin el mundo físico? No imaginándoLe. Solo siendo testigos de las obras de misericordia de Dios y siendo Sus amigos. En el Islam, el ascetismo solo es metafórico; el mundo no es un obstáculo a nuestra relación con Dios. Al contrario, todas las cosas en el mundo son una forma de discurso, explicando los Divinos Atributos de Dios y haciendo que Le conozcamos.

Esta revelación también es ocasión de una gran festividad, donde oraciones y adoración son el centro. En la víspera de esta gran fiesta, es tradición recitar la sura Ikhlas (la declaración de tawhid) mil veces para recordar la esencia de la historia de Abraham y su hijo. Los musulmanes deben repetir las palabras Allahu Akbar (Dios es el Más Grande), durante unos días después de sus oraciones diarias. En este sentido, ayunar de la idolatría es regocijarse y celebrar la amistad y el amor de Dios. De esto trata tawhid. No olvidemos que tawhid es también el propósito principal de las enseñanzas del Corán. Tawhid es la esencia del Islam y la esencia de la adoración; es la esencia del ayuno y la esencia de la festividad.

 

Extraído del libro El Maestro Compasivo: Ensayos sobre la Fe Islámica escrito por Dr. Eren Tatari (http://www.amazon.com/Compassionate-Teacher-Eren-Tatari-ebook/dp/B00EBC8MSK/ref=sr_1_8?ie=UTF8&qid=1415108190&sr=8-8&keywords=eren+tatari)

Traducido por Yolanda Sánchez Martínez (yosamar@hotmail.com)